Una advertencia final [Romanos 16:17–20] ¿Alguna vez has dado una advertencia por amor mientras conversabas con alguien, movido por la preocupación hacia esa persona? Al recordar el último mes, me viene a la mente que expresé una advertencia de este tipo en dos ocasiones. La primera vez fue hace unas dos o tres semanas; mientras hablaba con una pareja que ama profundamente la verdad de Dios, sentí cierta inquietud y les advertí con delicadeza sobre los peligros potenciales que conlleva la búsqueda de esa verdad. Al reflexionar ahora sobre aquella conversación, me doy cuenta de que estaba planteando lo que equivalía a una advertencia. Mi preocupación surgía de la convicción de que el simple hecho de explorar la Palabra de Dios —sin obedecerla ni permitir que transforme nuestro propio carácter— puede resultar peligroso. La segunda ocasión ocurrió la semana pasada, durante la reunión de oración de los miércoles, cuando dirigí a la con...