Que nuestras voluntades estén alineadas. [Romanos 15:1–6] Últimamente, durante el estudio bíblico para líderes que realizamos tras nuestras reuniones de oración de los miércoles, hemos estado estudiando el cuarto capítulo del libro de Jonás. Cuanto más lo estudio, más siento que la lección que Dios me transmite puede resumirse en una frase: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». Jonás, siervo y profeta de Dios, se enfureció con Él porque desistió de enviar el desastre que había planeado para el pueblo de Nínive; un pueblo que se había arrepentido y apartado de sus pecados. ¿Cuál era la razón de su enojo? Jonás deseaba que se cumpliera su propia voluntad en lugar de la voluntad de Dios. ¿Cuál era la voluntad de Jonás? La destrucción del pueblo de Nínive. Deseaba desesperadamente —con una intensidad de vida o muerte— que Dios enviara un desastre sobre ellos. Al observar la actitud de Jonás, reflexioné sobre cómo se reconoce verdader...
우리를 죄인으로 단정할 자가 누구입니까 ? 우리를 변호하시는 의로우신 예수 그리스도께서 우리와 함께 계시고 우리를 의롭다고 인정하신 분은 하나님이신데 누가 감히 우리와 다툴 수 있겠으며 누가 우리를 고소할 수 있겠습니까 ? 주님께서 우리를 도우시고 그리스도 예수님은 죽었다가 다시 살아나셔서 하나님의 오른편에서 항상 우리를 위해 기도해 주시는데 우리를 죄인으로 단정할 자가 누구입니까 ? ( 참고 : 이사야 50:8-9; 로마서 8:33-34; 요한일서 2:1, 현대인의 성경 )