Conclusión La gracia que Dios nos ha concedido es que Él proclamó el Evangelio a través de los siervos de Jesucristo, capacitándonos para ser justificados por la fe en el Señor Jesucristo. En otras palabras, hemos sido justificados únicamente mediante la fe en Jesús. Ahora pertenecemos a Cristo Jesús; por tanto, ya no estamos bajo la ira ni el juicio de Dios, sino que permanecemos en su amor inquebrantable: un amor que ha sido derramado en nuestros corazones. En consecuencia, nos hemos convertido en personas que aman a Dios. También nos hemos convertido en personas que se aman y aceptan mutuamente, cuidándose unas a otras a través de la comunión y el compartir. En resumen, hemos llegado a ser una comunidad del amor del Señor. Mediante la muerte del Señor Jesucristo en la cruz, recibimos el perdón de los pecados y, a través de su resurrección, fuimos declarados justos ante Dios. Así, somos supremamente bendecidos; hemos obtenido la salvación...
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