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"그러나" 우리는 예수님을 본받아 "섬기는 자"로 서로 누가 크냐 다투는 사람들 중에 있어야 합니다(눅 22:24-27).

  https://youtu.be/o4ryWrgX1dM?si=bWLhXM5PRjFUdFE_

“La vida de discípulo que el Señor desea es recibir un suministro ilimitado de amor y gracia de la mesa del Señor (adoración), y con esa fuerza salir al mundo para servir y cuidar de las almas (misión).”

“La vida de discípulo que el Señor desea es recibir un suministro ilimitado de amor y gracia de la mesa del Señor (adoración), y con esa fuerza salir al mundo para servir y cuidar de las almas (misión).”




“Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; así como mi Padre me ha asignado un reino, yo os asigno a vosotros, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28-30).



(1) Después de leer hoy el pasaje de Lucas 22:28-30 primero en la Biblia coreana y luego en la Biblia griega, las primeras palabras que despertaron mi interés fueron “διαμεμενηκότες” [diamemenēkotes (“los que habéis permanecido siempre conmigo”)] y “πειρασμοῖς” [peirasmois (“pruebas”)] (v. 28).

(a) Primero, el significado esencial de la palabra “διαμεμενηκότες” [diamemenēkotes (“los que habéis permanecido siempre conmigo”)] no consiste simplemente en permanecer, sino que expresa una poderosa continuidad y fidelidad: “permanecer perseverando hasta el final” a pesar de toda clase de obstáculos o dificultades, “participar continuamente con fidelidad”, y “permanecer juntos con perseverancia”.

(i) Jesús pronunció estas palabras a sus discípulos justo antes de afrontar el sufrimiento de la cruz. Aquí, “διαμεμενηκότες” [diamemenēkotes (“los que habéis permanecido siempre conmigo”)] es una expresión que valora profundamente el hecho de que los discípulos, a pesar de los numerosos rechazos, conflictos y amenazas (pruebas) que experimentaron durante el ministerio terrenal de Jesús, no se desanimaron ni lo abandonaron, sino que permanecieron fielmente a su lado hasta el final y participaron en sus sufrimientos.

(b) A continuación, el significado específico de la palabra “πειρασμοῖς” [peirasmois (“pruebas”)] va más allá de una simple tentación moral o de la tentación de hacer algo malo. Se refiere a todo el conjunto de sufrimientos de la vida, persecuciones, tribulaciones y pruebas de la fe que sacuden la fe de una persona y la llevan a situaciones extremas. Significa una situación en la que la fe es puesta a prueba, como cuando el oro es refinado en el fuego para comprobar su pureza.

(i) Aquí, “πειρασμοῖς” [peirasmois (“pruebas”)] se refiere a los numerosos ataques y rechazos que Jesús recibió de sus adversarios durante su ministerio terrenal, así como al proceso de sufrimiento en la cruz que estaba por venir. Se refiere al escenario de sufrimiento espiritual y físico que los discípulos experimentaron juntamente con Jesús.

La forma exactamente igual de la palabra “πειρασμοῖς” [peirasmois (“pruebas”)], es decir, el dativo plural peirasmois (πειρασμοῖς), aparece solamente tres veces en la Biblia, y en las tres ocasiones se utiliza en el contexto de “diversas pruebas y sufrimientos” que ejercitan y fortalecen la fe de los creyentes:

1. Santiago 1:2 (diversas pruebas): “Hermanos míos, cuando os encontréis en diversas pruebas (πειρασμοῖς), tenedlo por sumo gozo.”

Significado: Se refiere a las “pruebas” de las circunstancias externas que los cristianos experimentan en el mundo, tales como la persecución, las dificultades económicas, las enfermedades, etc., circunstancias que ponen a prueba su fe y hacen que esta crezca.

2. 1 Pedro 1:6 (aflicción causada por diversas pruebas): “Por lo cual vosotros ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos por diversas pruebas (πειρασμοῖς), aunque os alegráis grandemente.”

Significado: Se refiere a las “pruebas y sufrimientos como de fuego” que experimentaban los creyentes dispersos que, en aquella época, sufrían una intensa persecución bajo el Imperio romano.

3. Hechos 20:19 (pruebas que sobrevienen): “Sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas, y soportando las pruebas (πειρασμοῖς) que me sobrevinieron por las asechanzas de los judíos.”

Contexto y significado: Este versículo forma parte del discurso de despedida, lleno de lágrimas, en el que el apóstol Pablo reunió a los ancianos de la iglesia de Éfeso y recordó su ministerio lleno de sufrimientos. Aquí, los “peirasmois” (“pruebas”) de los que habla Pablo se refieren específicamente a las conspiraciones y maquinaciones de sus adversarios (los judíos) que procuraban obstaculizar el ministerio del evangelio, así como a toda clase de persecuciones, amenazas contra su vida y pruebas pastorales que surgieron como consecuencia de ello.

(c) En conclusión, la expresión “los discípulos que han permanecido siempre conmigo en todas las pruebas de Jesús” constituye el profundo reconocimiento y elogio del Señor hacia sus discípulos como compañeros fieles y perseverantes que, aun en medio de toda clase de persecuciones y sufrimientos (pruebas) que experimentaron durante el ministerio terrenal de Jesús, no huyeron, sino que permanecieron a su lado hasta el final.

(i) Significado integral visto a través de las palabras clave

La realidad del sufrimiento [“πειρασμοῖς” (peirasmois) (“pruebas”)]: El camino que Jesús recorrió en la tierra no fue un camino lleno únicamente de gloria, sino un camino lleno de constantes ataques y amenazas de sus adversarios, así como de sufrimientos extremos (pruebas) mientras avanzaba hacia la cruz. Los discípulos estuvieron con él en medio de aquellas circunstancias turbulentas.

La fidelidad perseverante hasta el final [“διαμεμενηκότες” (diamemenēkotes) (“los que habéis permanecido siempre conmigo”)]: No significa que permanecieran temporalmente como simples espectadores, ni que siguieran a Jesús por un corto tiempo buscando algún beneficio. Más bien, describe el estado de aquellos que, a pesar de innumerables crisis, permanecieron constantemente unidos al destino de Jesús y se mantuvieron a su lado de manera continua y fiel hasta el final.

El cálido reconocimiento del Señor: Aunque inmediatamente después los discípulos tendrían miedo ante la cruz y se dispersarían temporalmente, Jesús, antes de reprocharles por su debilidad, recuerda plenamente y valora el compañerismo sincero que habían mantenido con él hasta ese momento, compartiendo sus sufrimientos y alegrías. De este modo, los anima y honra con la expresión más elevada de reconocimiento.

(d) Lo interesante es que, después de que Jesús les dijo a sus discípulos: “Vosotros sois los que habéis estado siempre conmigo en todas mis pruebas” (v. 28), en el versículo 34 les dijo: “Pedro, te digo que hoy, antes que el gallo cante, negarás tres veces que me conoces.” ¿Cómo debemos entender y aceptar este hecho?

(i) La disposición de estas dos declaraciones que parecen estar en conflicto constituye una de las expresiones más profundas de la gracia que encontramos en Lucas 22, así como un pasaje clave que penetra hasta lo más profundo de la naturaleza humana. Debemos entender y aceptar la “gran alabanza” del versículo 28, seguida inmediatamente por la “humillante profecía de la traición” del versículo 34, a la luz de las siguientes verdades espirituales:

1. El contraste entre la miseria humana y la gracia de Dios

Jesús ya sabía perfectamente que, pocas horas después, los discípulos lo abandonarían y huirían, y que Pedro, quien era su principal representante, lo negaría tres veces, incluso maldiciendo y jurando (v. 34).

Aceptar y abrazar un pasado imperfecto: El Señor no elogió a los discípulos porque fueran perfectos. Aunque vacilaron y tropezaron, Él primero reconoció la sinceridad de sus corazones y su deseo genuino de permanecer a su lado; durante los tres años anteriores habían perseverado, aunque de una manera imperfecta y rudimentaria, tratando de permanecer junto al Señor (v. 28, tiempo perfecto).

Esto nos brinda el consuelo de saber que, debido a nuestras debilidades, el Señor no menosprecia ni borra las huellas de la comunión y del camino que hasta ahora ha recorrido junto con nosotros.

2. La necesidad de ser sostenidos por la gracia, y no de una “confianza voluntarista”

En el versículo 33, Pedro declara con gran seguridad: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte.” Sin embargo, mediante el versículo 34, Jesús pone al descubierto cuán débil es realmente la voluntad y la determinación humanas.

Los discípulos quizá se habían engañado pensando que ellos mismos habían “protegido” a Jesús y permanecido fieles a Él hasta el final.

Pero mediante la profecía de la negación, el Señor les enseña que la capacidad de los discípulos para cumplir su misión en el futuro no dependerá de su extraordinaria perseverancia (v. 28), sino únicamente del poder sustentador del Señor y de su oración por ellos (v. 32: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”), porque Él volverá a buscar a sus discípulos después de que hayan fracasado, los levantará y los restaurará.

3. La verdadera comunión con Jesús (v. 28) se perfecciona a través de la caída (v. 34)

Los discípulos solo llegan a ser verdaderos discípulos después de atravesar el proceso de fracasar completamente delante del acontecimiento de la cruz (v. 34).

Pedro, que se mostraba seguro de sí mismo y confiaba en su propia voluntad, experimenta, cuando canta el gallo, el quebrantamiento de su propia contradicción y llora amargamente.

Si no hubiera tenido esta experiencia de fracaso, Pedro habría podido caer durante toda su vida en el orgullo espiritual de pensar: “Yo soy el hombre leal que permaneció fiel a Jesús hasta el final durante sus sufrimientos.”

Pero precisamente porque experimentó un fracaso completo, después de encontrarse con Jesús resucitado pudo confesar: “No fui yo quien lo hizo, sino únicamente la gracia del Señor.” Solo entonces pudo llegar a ser el “verdadero διαμεμενηκότες (diamemenēkotes)”, es decir, aquel que verdaderamente permanece siempre con Jesús, participando en las pruebas del Señor aun al precio de entregar su propia vida.

Aplicación final:
Entre estos dos versículos debemos aprender “el amor de Jesús, quien ve lo que hay en el centro de nuestro corazón a pesar de nuestras debilidades”, y “la humildad del discípulo que debe depender únicamente de la gracia del Señor y no de su propia determinación.”

Incluso cuando estamos haciendo grandes cosas para el Señor (v. 28), debemos reconocer humildemente que seguimos siendo seres débiles que podemos caer en cualquier momento (v. 34). Buscar y depender únicamente del poder sustentador del Señor es la verdadera vida de un discípulo.

(e) Como discípulos de Jesús, ¿qué debemos hacer y cómo debemos vivir para llegar a ser aquellos que siempre permanecen con Jesús en todas sus pruebas?

(i) Para que nosotros, como discípulos de Jesús de hoy, lleguemos a ser aquellos que siempre permanecen con el Señor en todas sus pruebas (διαμεμενηκότες, diamemenēkotes), necesitamos tomar las siguientes decisiones tanto en cuanto a nuestra “actitud ante la vida (qué)” como en cuanto a nuestra “manera práctica de vivir (cómo)”:

1. ¿Qué debemos hacer? (Dirección y actitud)

Elegir el camino de la cruz: Participar en las pruebas del Señor significa apartarnos de una fe que solamente busca gloria y recompensa. Debemos aceptar como nuestro propio camino el camino de sufrimiento y humillación que recorrió nuestro Señor.

Tener una fidelidad que persevere hasta el final: No debemos seguir al Señor solamente cuando las circunstancias son favorables. Cuando lleguen las profundas pruebas de la vida (πειρασμός, peirasmos), necesitamos tener una perseverancia espiritual que no se desanime ni abandone la fe, sino que permanezca firme en ese lugar.

Identificarnos con quienes sufren: El Señor se identifica con aquellos que están marginados y sufren en el mundo de hoy, “los más pequeños.” Participar en su dolor es, precisamente, participar en las pruebas del Señor.

2. ¿Cómo debemos hacerlo? (Práctica y método)

Negarnos a nosotros mismos cada día: Cuando mis propios pensamientos, mis propios intereses y mi propia comodidad se convierten en la prioridad, abandonaré al Señor cuando lleguen las pruebas. Cada mañana debemos hacer nuestra propia la oración que hizo el Señor: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.”

Permanecer “juntos” con nuestros hermanos en el campo de la misión del evangelio: En Lucas 22:28, el Señor no dijo que “tú” (singular) habías estado con Él, sino que “vosotros” (plural) habíais estado con Él. No debemos permanecer solos, confiando únicamente en nosotros mismos, sino que, dentro de la comunidad de fe, debemos animarnos mutuamente y vencer juntos las tentaciones y persecuciones del mundo.

Estar arraigados en la Palabra y vivir con una “fe en tiempo perfecto”: El “διαμεμενηκότες” [diamemenēkotes (“los que habéis permanecido siempre conmigo”)] de este pasaje es un participio perfecto que expresa un estado de permanencia continua y constante desde el pasado hasta el presente. Para no dejarnos dominar por nuestras emociones, debemos echar profundamente el ancla de nuestra alma cada día mediante la Palabra de Dios y la oración.

Resumen en una sola frase:
Llegar a ser una persona que permanece siempre con el Señor en todas sus pruebas significa: “Aun cuando el mundo rechace y dé la espalda al Señor, yo permaneceré firme a su lado, permaneciendo fielmente en el lugar de sufrimiento donde está el Señor.”

(2) En segundo lugar, cuando leí el pasaje de hoy, Lucas 22:28-30, en el texto griego, quise comprender mejor el significado de las palabras de Jesús a sus discípulos: “Así como mi Padre me ha confiado el reino, yo os confío a vosotros” [κἀγὼ διατίθεμαι ὑμῖν, καθὼς διέθετό μοι ὁ πατήρ μου βασιλείαν (kagō diatíthemai hymîn, kathōs diethéto moi ho patēr mou basileían)] (v. 29).

(a) Este pasaje es como una especie de “Gran Carta Magna del Nuevo Pacto” que Jesús establece con sus discípulos mientras tiene delante de sí el sufrimiento de la cruz. La inteligencia artificial explicó el significado concreto de esta declaración dividiéndolo en tres dimensiones fundamentales (internet):

1. No es simplemente una delegación, sino una “herencia testamentaria” (διατίθεμαι, diatíthemai)

La versión coreana Gaeyeok Gaeteong traduce diatíthemai (διατίθεμαι) simplemente como “confiar” o “encomendar”, pero esta palabra, en el contexto griego, tiene el sentido solemne de “dejar en testamento (bequeath)”, “heredar” o “establecer un pacto”.

Jesús está contemplando de antemano su propia muerte —la cruz— que tendrá lugar dentro de unas pocas horas.

Así como un padre que está próximo a morir transfiere legalmente a sus hijos la herencia más valiosa de la familia, Jesús quiere decir que está transmitiendo y asegurando a sus discípulos, como una herencia (Legacy), el dominio del Reino de Dios y la autoridad espiritual que establecerá mediante su propia sangre.

2. No la herencia de un territorio visible, sino la herencia de la “autoridad para gobernar” (βασιλείαν, basileían)

Aquí, la palabra basileían (βασιλείαν), traducida como “reino”, no se refiere al concepto de un territorio (Territory), sino a la “realeza” (Kingship) o al “gobierno de Dios” (Rule).

Es posible que los discípulos esperaran un reino que gobernara mediante la espada y el poder, como el Imperio romano del mundo.

Sin embargo, el reino que Jesús les confía es una realeza espiritual que gobierna de la manera que Jesús mostró durante su ministerio terrenal: mediante “humillación, servicio, sacrificio propio y amor de la cruz”. El Señor delegó a sus discípulos esta manera santa de gobernar y la autoridad para actuar como sus representantes.

3. La perfecta continuidad de la autoridad divina (como el Padre me lo confió a mí)

La base sobre la cual Jesús puede heredar este reino extraordinario a sus discípulos se encuentra precisamente en Dios Padre.

Aquí se presenta la gran línea de delegación dentro de la historia de la redención que va de:

Dios Padre ➔ Dios Hijo, Jesucristo ➔ los discípulos (la Iglesia).

Así como Dios Padre confió al Hijo, Jesús, toda autoridad en el cielo y en la tierra, Jesús también transmite a sus discípulos esa misma autoridad divina. Por lo tanto, cuando los discípulos proclamen el evangelio en el mundo y edifiquen la Iglesia, no estarán actuando simplemente con autoridad humana, sino que tendrán detrás de ellos el poderoso respaldo de la autoridad legítima del Dios trino.

Significado integral en conexión con el contexto anterior y posterior (vv. 28, 34)

Lo más conmovedor de estas palabras se encuentra precisamente en el “momento” en que fueron pronunciadas.

Jesús ya sabía que, poco después, todos sus discípulos huirían y que Pedro lo negaría tres veces (v. 34). Desde una perspectiva humana, ellos no parecían ser personas a quienes se pudiera confiar el reino.

Sin embargo, el Señor, en el versículo inmediatamente anterior (v. 28), elogia el corazón de sus discípulos, quienes, aunque de manera imperfecta, habían permanecido a su lado durante tres años de sufrimiento, y enseguida, en el versículo 29, declara: “Por tanto, os heredo la realeza de mi reino”.

Es decir, esta herencia no se debe a que los discípulos fueran dignos de ella, sino que expresa la gracia soberana y la confianza de Jesús, quien perdona de antemano a los discípulos que van a caer, los levantará nuevamente después de la resurrección y los hará sacerdotes semejantes a reyes. También significa que nosotros, aun siendo débiles, hemos sido establecidos como representantes a quienes se les ha confiado la autoridad para gobernar en el Reino de Dios (internet).

(i) ¿Qué significa aquí que “Jesús hereda y transmite ciertamente a sus discípulos, como un legado, el dominio del Reino de Dios y la autoridad espiritual que establecerá mediante su propia sangre”?

Que Jesús “hereda” a sus discípulos el dominio del Reino de Dios y la autoridad espiritual como un Legacy significa una gran transformación redentora y espiritual que está en un nivel completamente diferente del hecho de que los padres terrenales transmitan sus bienes a sus hijos. El significado concreto de esta declaración puede explicarse de las siguientes tres maneras (internet):

a. La “unión de destino” entre Jesús y sus discípulos (cambio de identidad y de posesión)

En las sociedades antiguas, heredar una propiedad era un privilegio reservado únicamente a los hijos legítimos, es decir, a los herederos.

Los discípulos originalmente eran personas comunes, como pescadores y recaudadores de impuestos; eran personas que se encontraban en los márgenes de la sociedad.

Sin embargo, mediante el Nuevo Pacto que establecería con su propia sangre, Jesús elevó a sus discípulos de la condición de simples “siervos” o “discípulos que lo seguían” a la condición de “hijos y herederos” (Heir) que juntamente heredarían el Reino de Dios.

Es decir, esto significa la garantía plena de una nueva identidad: “Toda la gloria y el dominio del reino que yo poseo ahora también os pertenecen completamente a vosotros”.

b. La delegación de una “autoridad legal” (Authority) que vence el poder del Hades

Heredar un legado significa recibir íntegramente el “honor, los derechos y la autoridad legal” de quien nos precedió.

Después de su resurrección, Jesús transmitió a los discípulos que permanecerían en esta tierra la autoridad del nombre de Jesucristo, quien había quebrantado y vencido el poder de Satanás y del pecado, como una herencia.

Cuando los discípulos salieran al mundo a proclamar el evangelio, el fundamento legal por el cual los ejércitos del cielo y el poder del Espíritu Santo los respaldarían se encuentra precisamente en esta “herencia”. Como dijo el Señor: “Todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo”; de esta manera, la autoridad espiritual de atar y desatar que posee la Iglesia constituye la herencia que el Señor le ha transmitido.

c. Un “testamento” (Testament) que entra en vigor mediante la muerte (la cruz)

La forma sustantiva de la palabra griega diatíthemai (διατίθεμαι), es decir, diathēkē (διαθήκη), se traduce en la Biblia como “pacto”, pero también tiene el significado de “testamento” (Will).

Hebreos 9:16-17 explica: “Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga la muerte del testador; pues el testamento con la muerte se confirma”.

Es decir, pocas horas después de pronunciar estas palabras, Jesús derramó su sangre y murió en la cruz, haciendo que el efecto legal de esta herencia testamentaria entrara plenamente en vigor. Pagó el precio de su propia vida —su sangre— y adquirió para sus discípulos, como herencia, la autoridad para gobernar en el Reino de Dios.

En resumen:

Esto es una declaración de que, aunque los discípulos fueran personas débiles que en el mundo sufrirían persecución (peirasmoîs) e incluso, poco después, serían tan débiles que abandonarían y huirían de Jesús (v. 34), espiritualmente se habían convertido en los “coherederos del Reino de Dios” más ricos y poderosos de todo el universo.

Lo mismo se aplica a nosotros hoy. Cuando creemos en Jesucristo, nosotros también vivimos como herederos del Reino de los cielos (Legacy Holders), habiendo recibido como herencia el dominio del Reino de Dios y la autoridad espiritual que el Señor adquirió mediante su propia sangre (internet).

(3) En tercer y último lugar, quisiera meditar en el versículo 30 de nuestro texto de hoy, Lucas 22:30: “para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” [ἵνα ἐσθίητε καὶ πίνητε ἐπὶ τῆς τραπέζης μου ἐν τῇ βασιλείᾳ μου, καὶ καθήσεσθε ἐπὶ θρόνων κρίνοντες τὰς δώδεκα φυλὰς τοῦ Ἰσραήλ (hina esthíēte kai pínēte epí tēs trapezēs mou en tē basileía mou, kai kathēsesthe epí thrónōn krínontes tas dōdeka phylas tou Israēl)].

(a) Al observar el texto griego, vemos que la primera palabra del versículo 30 es la conjunción “hina” (ἵνα), que expresa propósito: “para que…” o “a fin de que…”. Es decir, el propósito por el cual Jesús les confía (o les hereda) el reino a sus discípulos es que ellos disfruten de las dos gloriosas bendiciones que aparecen en el versículo 30. Cuando conectamos los versículos 29 y 30 en una relación de “propósito”, se revela el siguiente profundo significado espiritual (Internet):

1. Primer propósito: La restauración de la comunión íntima en la mesa (adoración y comunión) — “para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino”

Significado: Comer y beber juntos en la “trapezēs” (τραπέζης) (“mi mesa”), la mesa del Rey, no se refiere simplemente a una comida, sino al más alto honor y a la intimidad de ser tratados con una dignidad semejante a la del propio Rey.

Entonces, ¿qué significa aquí “trapezēs” (τραπέζης) (“mi mesa”)?

En la cultura del antiguo Cercano Oriente y en la cultura bíblica, la pregunta de “con quién se sienta uno a comer en la mesa” tiene un significado muy profundo.

Intimidad y hospitalidad: No cualquiera podía ser invitado a sentarse y comer en la mesa de un rey. Compartir la mesa simbolizaba que uno pertenecía a la familia y al círculo de compañeros más íntimos del rey.

Restauración de la posición: Así como el rey David, por gracia, invitó a Mefiboset a comer continuamente a su mesa real (2 Samuel 9:7), permitir que los discípulos participen de la mesa del Señor significa que, aunque sean débiles y caigan, finalmente serán recibidos como huéspedes preciosos del Rey y como miembros de su comunidad.

El primer propósito por el cual el Señor confió el reino a los discípulos no es “utilizarlos para hacer el trabajo”, sino hacerlos adoradores y miembros de la familia que disfruten eternamente de la comunión más íntima con el Señor en el reino de Dios.

2. Segundo propósito: La delegación de autoridad espiritual y gobierno (misión y reinado) — “y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”

Significado: El segundo propósito por el cual el Señor les confió el reino es sentar a los discípulos junto con Él en los “thronōn” (θρόνων) (“tronos”), el trono real, para hacerlos gobernantes representantes del reino de Dios.

Entonces, ¿qué significa aquí “thronōn” (θρόνων) (“tronos”)?

a. El significado concreto de la palabra y su autoridad

Símbolo de la realeza y de la autoridad judicial: En el mundo antiguo, el trono era el lugar donde se sentaban los reyes o jueces que poseían autoridad absoluta para gobernar y ejercer justicia.

Elevación completa de su posición: Los discípulos eran personas sin poder en el mundo y que sufrían persecución, pero esto simboliza que en el reino de Dios recibirían una autoridad semejante a la de un rey.

b. ¿Por qué está en plural (“tronos”) y no en singular?

Jesús no dice que solamente Él se sentará en un trono para gobernar, sino que habla de “varios tronos” (θρόνων) que serán dados a cada uno de los discípulos.

Coherederos (Co-heirs): Esto significa que los discípulos participarán plenamente de la victoria y de la gloria de Jesús. Esto coincide exactamente con Apocalipsis 3:21: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

c. La autoridad de “juzgar (krínontes, κρίνοντες) a las doce tribus de Israel”

La acción concreta que se presenta como realizada al sentarse en los tronos es “juzgar” (κρίνοντες).

Aquí, “juzgar” no significa una dictadura de dominio, sino, como los “jueces” (Judges) del Antiguo Testamento, la misión de establecer y cuidar correctamente a la comunidad espiritual mediante la justicia y la Palabra de Dios.

Históricamente, esto significa en primer lugar que, después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los discípulos llegarían a ser líderes espirituales y columnas de la iglesia del Nuevo Testamento, ejerciendo el gobierno del reino de Dios. Escatológicamente, significa que los santos participarán juntamente en la victoria final de Cristo.

Aquí, “gobernar/juzgar” (krínontes, κρίνοντες) no significa una estructura de poder dedicada a condenar y juzgar, sino la misión de cuidar la iglesia y guiarla espiritualmente mediante la Palabra y la justicia de Dios, como lo hicieron los jueces del Antiguo Testamento.

La gracia de la paradoja: su relación con el versículo 34 (la negación de Pedro)

El momento en que Jesús confió el reino a sus discípulos con este propósito (v. 30) fue no cuando los discípulos eran perfectos, sino precisamente justo antes de que ellos fueran a abandonar a Jesús, huir y negarlo (v. 34).

El Señor está declarando que el propósito de salvación que Él ha establecido (v. 30) es mucho mayor y más seguro que el fracaso y la caída devastadores de ellos. Es como un poderoso cheque de garantía de la gracia, que dice:

“Aunque esta noche caigáis, el propósito que tengo para vosotros es finalmente sanaros, sentaros a mi mesa y haceros personas que se sienten en los tronos y gobiernen la iglesia”. (Internet)

(i) ¿Qué enseñanza nos da el hecho de que el propósito de salvación que Jesús quiere realizar sea la mesa de Jesús y el gobierno?

Que el propósito final de salvación que Jesús quiere realizar para sus discípulos sea “la mesa de Jesús (la mesa y la comunión íntima)” y “el gobierno desde los tronos (autoridad espiritual y misión)” nos da tres importantes enseñanzas espirituales para nosotros que vivimos en el presente (Internet):

a. La prioridad de la vida de fe: primero está la “relación”, antes que el “ministerio”.

En el versículo 30, antes de mencionar la autoridad de sentarse en los tronos y gobernar, Jesús primero habla de “comer y beber a mi mesa” y de la comunión en la mesa.

Enseñanza: El primer propósito por el cual Dios nos salvó no es cargarnos con pesadas responsabilidades para hacernos trabajar, sino hacernos una familia y adoradores que compartan amor juntos a la mesa del Señor.

Es fácil que quedemos absorbidos por la pregunta: “¿Qué voy a hacer por el Señor?” (Doing). Pero el Señor considera mucho más importante “qué relación tengo con el Señor mientras permanezco junto a Él” (Being).

b. La verdadera autoridad no proviene de “dominar”, sino del “amor de la cruz”.

Los tronos y el gobierno prometidos a los discípulos (krínontes, κρίνοντες) no son lugares desde los cuales dominar a las personas mediante la fuerza y el poder, como hacen los dictadores del mundo.

Enseñanza: Esta autoridad de gobierno es una autoridad espiritual otorgada a aquellos que han experimentado un fracaso completo (v. 34) y han experimentado el perdón de Jesús en la cruz.

Por lo tanto, la autoridad espiritual que la iglesia debe tener hoy en el mundo no consiste en dinero, honor ni poder político. Nos enseña que solamente el “amor de la cruz”, que se humilla como Jesús, abraza a los débiles y sirve entregando la propia vida, es la verdadera autoridad del discípulo que transforma el mundo.

c. Nuestro fracaso no es la conclusión final; nuestra esperanza está solamente en el Señor.

Los discípulos estaban destinados a negar pronto a Jesús y huir de Él, pero el destino final que el Señor había determinado para ellos era la mesa y el trono.

Enseñanza: La certeza de nuestra salvación y de nuestra misión no depende de nuestra perfección ni de nuestra extraordinaria fuerza de voluntad, sino del firme propósito de salvación que el Señor tiene para nosotros.

Aquí encontramos la razón por la cual, cuando nos desanimamos y caemos en nuestra vida de fe, no debemos rendirnos diciendo: “No soy digno”. El Señor, por una gracia mayor que nuestra debilidad, finalmente nos sana y ciertamente nos conduce a su mesa y al lugar de la misión que nos ha preparado.

Resumen en una sola frase:
La vida del discípulo que el Señor desea es “recibir un suministro infinito de amor y gracia en la mesa del Señor (adoración), y con esa fuerza salir al mundo para servir y cuidar de las almas (misión)” (Internet).

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