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神,我的帮助者 [诗篇 121篇]

神,我的 帮 助者       [ 诗 篇 121 篇 ]     上周一,在神 学 院的一次校友聚 会 上,我 与 一 对 在中 国 服事的宣 教 士夫 妇 及他 们 的四 个 孩子共 进 午餐, 随 后听取了他 们 的宣 教 事工 报 告。由于他 们 有四 个儿 子,在妻子作 报 告 时 , 这 位宣 教 士牧 师 便 负责 照看孩子;我聆听了 她 的 讲 述, 并 观 看了展示 她独 特事工的照片——特 别 是 她 向性工作者 传 福音的事工。 这 位牧 师 描述了他 们 如何乘坐十小 时 巴士,再步行 两 小 时 ,才抵 达 偏 远 山谷去 传讲 神的 话语 ;他坦言, 当 目睹 当 地人 内 心深 处对属灵 生命的渴慕 时 ,他自己也 领 受了恩典。 报 告 结 束后, 她 在 请 求代 祷 时 表 达 了成 为 祝福管道的愿望;我看到 她 为 那些 刚 建立 教会 或小型 教会 的牧者流 下了充 满爱与关怀 的 泪 水。通常,宣 教 报 告往往以 寻 求 经济 支持作 为结 束,但 这对 夫 妇 却 谈 到了他 们 想要 帮 助 * 我 们 * 的心愿,希望在他 们 逗留期 间 能成 为 小型 教会 或新建立 教会 牧者的祝福管道。看着 这对 自身也有需要的夫 妇 渴望向他人伸出援手,我深受感 动 ,感 叹 他 们对 主的委身 与 爱 是何等 宝 贵 而美好。然而,即便 怀 有如此美好的心 态 ,我 们 也 难 免 会 遇到——无 论 是偶尔 还 是 频 繁——急需 帮 助的 时 刻。在 这 些 时 刻,我 们应当 向 谁寻 求 帮 助呢?在 诗 篇 121 篇 1-2 节 中, 诗 人告白道:“我要向山 举 目——我的 帮 助 从 何而 来 ?我的 帮 助 从 造天地的耶和 华 而 来 。” 诗 人向山 举 目 并 深思 帮 助的源 头 后,得出 结论 :“我的 帮 助 从 造天地的耶和 华 而 来 。”此 处 ,“山”象征着世上那些巨大而威 严 的 权 势 (朴允善)。 诗 人曾 试图从这 些世俗 权 势 中 寻 求 帮 助,但最 终 落空;正是在那 时 ,他才意 识 到唯有神是他的救主和 帮 助的源 头 (朴允善)。 当 你 我身 处 困境、急需 帮 助 时 ,我 们会...

¡Obedezca los mandamientos de Dios! [Salmo 119:161-168]

¡Obedezca los mandamientos de Dios!

 

 

 

[Salmo 119:161-168]

 

 

Si amamos a Dios, debemos obedecer sus mandamientos (Juan 14:21). Al obedecer los mandamientos de Dios, debemos guardarlos y ponerlos en práctica sin pasar por alto ni el más mínimo detalle (Mateo 5:19). En el pasaje de hoy, el Salmo 119:166, el salmista declara: «Señor, espero tu salvación y cumplo tus mandamientos». Centrándome en este versículo, quisiera reflexionar sobre tres puntos bajo el título «¡Obedezca los mandamientos de Dios!»: (1) ¿Qué debemos hacer para obedecer los mandamientos de Dios? (2) ¿Cómo debemos obedecer los mandamientos de Dios? (3) ¿Cuál es el resultado de obedecer los mandamientos de Dios?

 

En primer lugar, ¿qué debemos hacer para obedecer los mandamientos de Dios?

 

El pasaje de hoy, Salmo 119:161-168, nos ofrece tres lecciones:

 

(1) Para obedecer los mandamientos de Dios, debemos reverenciar únicamente la palabra de Dios.

 

Observemos el Salmo 119:161: «Príncipes me persiguen sin causa, pero mi corazón siente reverencia ante tu palabra». Aun enfrentando una persecución injusta, el salmista no temía a los príncipes que lo perseguían; más bien, sentía reverencia únicamente ante la palabra del Señor. Cuando poseemos esta reverencia por la palabra del Señor, nosotros, al igual que el salmista, podemos obedecer los mandamientos de Dios. Sin tal reverencia, corremos el riesgo de temer a quienes nos persiguen e inevitablemente caer en el pecado de desobediencia al no guardar los mandamientos de Dios.

 

(2) Para obedecer los mandamientos de Dios, debemos deleitarnos en la palabra del Señor. Miremos el texto de hoy, Salmo 119:162: «Me regocijo en tu palabra como quien halla un gran tesoro». El salmista no solo reverenciaba la palabra de Dios, sino que también se deleitaba en ella. Se regocijaba en la palabra de Dios tal como alguien se regocija al obtener un gran botín de guerra. Nosotros también debemos regocijarnos en la palabra de Dios en medio de nuestro sufrimiento, regocijándonos con la misma intensidad que alguien que ha conseguido un gran tesoro. Así como una persona se regocija por un botín obtenido sin esfuerzo ni mérito personal, debemos regocijarnos grandemente en la palabra prometida que se nos ha dado —un regalo que recibimos a pesar de no merecerlo—, incluso mientras sufrimos.

 

(3) Debemos amar la palabra del Señor para guardar los mandamientos de Dios.

 

Observemos el texto de hoy, el Salmo 119:163: «Aborrezco y detesto la falsedad, pero amo tu ley». Para guardar los mandamientos de Dios, debemos amar su palabra tal como lo hizo el salmista. Y para amar la palabra de Dios, debemos aborrecer y detestar la falsedad. No debemos tolerar ni la más mínima falsedad. Tolerar una mentira simplemente porque parece pequeña es prueba de que no amamos verdaderamente la palabra de Dios. Quienes aman la palabra de verdad aborrecen y detestan incluso la falsedad más pequeña; puesto que aman la palabra de Dios, obedecen sus mandamientos.

 

En segundo lugar, ¿cómo debemos guardar los mandamientos de Dios?

 

Observemos el Salmo 119:166: «Señor, espero tu salvación y cumplo tus mandamientos». El salmista guardaba los mandamientos de Dios mientras esperaba la salvación del Señor. En otras palabras, resulta contradictorio esperar la salvación sin guardar los mandamientos de Dios. Si bien la salvación pertenece únicamente a Dios, existe un problema al orar por la salvación mientras se descuida la responsabilidad humana de obedecer su palabra. Debemos buscar la salvación en Dios al tiempo que cumplimos nuestra responsabilidad humana de obedecer su Palabra. Debemos poner en práctica los mandamientos de Dios mientras esperamos su liberación. Cuando lo hacemos, Dios nos rescata de nuestro sufrimiento.

 

En tercer lugar, ¿cuál es el resultado de obedecer los mandamientos de Dios?

 

Nos lleva a alabar al Señor. Observemos el texto de hoy, el Salmo 119:164: «Siete veces al día te alabo por tus justos juicios». El salmista alababa al Señor siete veces al día debido a sus justos juicios; en última instancia, fue al guardar los mandamientos de Dios que llegó a alabarlo. Aquellos que reverencian, se deleitan en y aman la Palabra de Dios alaban al Señor. Otro resultado de obedecer los mandamientos de Dios es hallar una gran paz en el corazón. Observemos el versículo 165: «Mucha paz tienen los que aman Tu ley, y nada los hace tropezar». Quienes aman la Palabra de Dios y viven en obediencia a ella hallan una gran paz interior.

 

Debemos obedecer los mandamientos de Dios. Debemos poner en práctica la Palabra de Dios aun en medio del sufrimiento. Debemos obedecer Su Palabra con reverencia, deleite y amor. Al obedecer, debemos buscar la salvación en Dios en medio de nuestras pruebas. Cuando lo hacemos, Dios nos concede una gran paz y nos lleva a alabar al Señor.

 


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