기본 콘텐츠로 건너뛰기

निष्कर्ष (मैं मौत को ध्यान में रखकर जीना चाहता हूँ।)

  निष्कर्ष       मौत हम सभी का आखिरी अंजाम है; कोई भी इससे बच नहीं सकता। इसलिए, हमें अपनी मौत के बारे में गहराई से और बार-बार सोचना चाहिए। ऐसा करने के लिए, हमें शादियों के बजाय अंतिम संस्कार में शामिल होने को प्राथमिकता देनी चाहिए। जब ​​हम किसी अंतिम संस्कार में जाते हैं, तो हमें न केवल अपनी मौत के बारे में सोचना चाहिए, बल्कि यह भी सोचना चाहिए कि हमें कैसे जीना चाहिए और अपनी ज़िंदगी को कैसे एक सार्थक अंजाम तक पहुँचाना चाहिए। इसके अलावा, अपने प्रियजनों की मौत के ज़रिए भी, हमें गंभीरता से सोचना चाहिए कि एक संत की मौत कैसी होती है — एक ऐसी मौत जो परमेश्वर की नज़र में अनमोल और सुंदर हो।   ऐसी अनमोल और सुंदर मौत का अनुभव करने के लिए, हमें मौत के प्रति सही नज़रिया अपनाना होगा। इस नज़रिए और बाइबल की शिक्षाओं से प्रेरित होकर, हमें यह सीखना होगा कि इस दुनिया में परमेश्वर द्वारा दिए गए समय में कैसे और किस मकसद के लिए जीना है। हमें यीशु मसीह की मौत और जी उठने पर पक्के विश्वास के साथ उस मिशन को पूरा करना है जो प्रभु ने हममें से हर एक को सौंपा है। बेशक, इस मिशन क...

El beso de la abuela Jang

 

El beso de la abuela Jang

 

 

 

El pasado lunes (10 de septiembre), visité la residencia de ancianos por primera vez en casi tres semanas para ver a dos queridas miembros de nuestra iglesia: la diaconisa mayor Park Chun-hee y la abuela Jang Eul-soo. La diaconisa mayor Park, que padece demencia avanzada, estaba dormida cuando llegué, tal como había ocurrido en visitas anteriores. Tras comprobar brevemente cómo se encontraba, fui a la habitación donde se alojaba la abuela Jang; ella estaba dormida, pero pareció percibir mi presencia, pues despertó y extendió alegremente la mano para estrechar la mía con firmeza. Le conté a la abuela Jang que había regresado a salvo de Corea y Mongolia —gracias a la gracia de Dios— y luego cantamos el himno número 40, uno de sus favoritos. Ella comentó que, al no haber podido cantar sus himnos predilectos (el n.º 40 y el n.º 355) ni recitar el Salmo 23 durante las últimas tres semanas, había olvidado gran parte de la letra. Así que, mientras cantábamos repetidamente la primera y la segunda estrofa del himno número 40, la observé cantar conmigo y vi cómo su memoria empezaba a recuperarse. Se quejó de que sentía calor en la cabeza, por lo que puse mi mano sobre ella y oré a Dios; aun en ese momento, ella respondió con vigorosos «Amén, amén». Cuando llegó la hora de marcharse y me despedí, ella extendió la mano; mientras yo la sostenía con firmeza, de repente levantó la cabeza y besó el dorso de mi mano. En respuesta, sin soltar su mano, besé el dorso de la suya. La abuela Jang aguarda con ilusión el día en que Jesús la llame a su hogar; anhela fervientemente alzar el vuelo y ser acogida en el abrazo del Señor. Creemos que, a su debido tiempo, el Señor llamará a la abuela Jang a su seno y la besará, tal como el padre besó al hijo pródigo a su regreso.

 

 

[13 de septiembre de 2007]

 

 

댓글