Sra. Im Bong-hee
En
nuestra iglesia hay una señora de 92 años llamada Im Bong-hee. Hoy llamé al
lugar de trabajo de su hija para conseguir la dirección de la residencia de
ancianos donde vive y fui a visitarla acompañado por uno de los ancianos de
nuestra iglesia. Me impresionó verla sentada en su silla de ruedas; había
envejecido considerablemente desde la última vez que la vi. Me confesó que
ahora todo le resultaba muy difícil. Así que el anciano y yo le tomamos la mano
izquierda y oramos a Dios Padre. Ella no dejaba de expresarnos su gratitud; la
señora Im ama al Señor, a nuestra Iglesia Presbiteriana Seungri, a nuestro
pastor principal, así como a mí y a nuestra familia de la iglesia. Mientras le
acariciaba suavemente la espalda, la animé a poner su esperanza en el eterno
Reino de los Cielos. Vestida con un atuendo encantador —probablemente un regalo
de sus hijos— y con el cabello bien arreglado, la señora Im sigue presente en
mis pensamientos; aunque su cuerpo se debilita día a día y su espíritu se
siente agotado, confío en que Dios Padre, quien más la ama, la sostendrá y
fortalecerá. Antes de despedirnos, un comentario suyo quedó grabado en mí:
"Tengo tantos recuerdos". Recuerdos de los muchos momentos que Dios
sembró en su corazón después de guiarla a la Iglesia Presbiteriana Seungri...
Recuerdo vívidamente cómo, cuando gozaba de buena salud, recorría las calles
recogiendo latas vacías para venderlas y destinaba lo recaudado como ofrenda
para la iglesia. También recuerdo aquella vez que se cayó mientras recogía
latas y tuvo que llevar el brazo escayolado. La abuela Im —quien, a pesar de no
saber leer, se esforzaba por obedecer la Palabra de Dios impulsada por un
profundo amor a la iglesia; quien pagaba fielmente sus diezmos incluso cuando
le costaba hacerlo, y me hablaba de ello con orgullo; quien siempre me
preparaba café cuando la visitaba en su residencia para mayores—; hoy, al
despedirnos, le acaricié suavemente la mejilla, le dije que la quería y le di
un abrazo.
[20
de marzo de 2013]
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