God’s love, which is stronger than death, is causing me to continue walking the path of the mission the Lord has given me (John 6:1–15). “At that very time some Pharisees came and said to Him, ‘Leave this place and go somewhere else. Herod wants to kill You.’ He replied, ‘Go tell that fox, “I will keep driving out demons and healing people today and tomorrow, and on the third day I will reach My goal.” In any case, I must press on today and tomorrow and the next day—for surely no prophet can die outside Jerusalem! Jerusalem, Jerusalem, you who kill the prophets and stone those sent to you, how often I have longed to gather your children together, as a hen gathers her chicks under her wings, and you were not willing. Look, your house is left to you desolate. I tell you, you will not see Me again until you say, “Blessed is He who comes in the name of the Lord” (Luke 13:31–35). ...
El amor de Dios, más fuerte que la muerte, me está haciendo seguir caminando por el camino de la misión que el Señor me ha dado (Juan 6:1–15).
El amor de Dios, más fuerte que la muerte, me está haciendo seguir caminando por el camino de la misión que el Señor me ha dado (Juan 6:1–15).
“En ese mismo momento llegaron algunos fariseos y le dijeron: ‘Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.’ Y Él les dijo: ‘Id y decid a aquella zorra: “Hoy y mañana expulso demonios y sano enfermos, y al tercer día termino Mi obra.” Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana debo seguir Mi camino, porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. Y os digo que no Me veréis hasta que llegue el tiempo en que digáis: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”’” (Lucas 13:31–35)
(1) Mientras leía y releía el pasaje de hoy, Lucas 13:31–35, surgió en mí una pregunta: ¿Por qué Jesús llamó “zorra” (“ἀλώπεκι”, versículo 32) a Herodes, quien intentaba matarlo?
(a) El hecho de que Jesús llamara a Herodes Antipas “zorra” (“ἀλώπεκι”, alopeki) tiene un significado profundo y múltiple que va más allá de una simple acusación de astucia. Refleja el trasfondo cultural de la sociedad judía de aquel tiempo y también la determinación ministerial de Jesús (fuentes de internet):
Astucia y engaño (Cultural Craftiness)
En la literatura rabínica y en la cultura griega de aquella época, la zorra simbolizaba la astucia y el engaño. Herodes Antipas era un hombre que cambiaba de actitud según las circunstancias para proteger su posición política. Jesús vio claramente su carácter oportunista y engañoso, y por eso utilizó esta palabra.
Insignificancia e impotencia (Insignificant Impotence)
En la tradición judía, el león simbolizaba a una “gran persona” o a un “rey poderoso”, mientras que la zorra representaba un ser insignificante y cobarde en contraste con el león.
Significado: Jesús estaba expresando irónicamente que, aunque Herodes pudiera considerarse un gobernante poderoso (un león), bajo la soberanía de Dios era en realidad un ser insignificante sin autoridad verdadera.
Aunque Herodes amenazara con matarlo, Jesús proclamó que Su ministerio —expulsar demonios y sanar enfermos— continuaría conforme al plan de Dios.
Destructor (The Destroyer)
La zorra también era descrita como un animal destructivo que derriba los muros de los viñedos y arruina sus frutos (cf. Cantares 2:15).
Simbolismo: Herodes se oponía a Jesús, el verdadero Rey de Israel, y procuraba dañar al pueblo de Dios (el viñedo), mostrando así el carácter de un “destructor”.
“Las razones por las cuales Herodes Antipas se opuso a Jesús y quiso matarlo son complejas, involucrando amenazas políticas, conflictos religiosos y sentimientos de culpa por el pasado.
a. Amenaza política y temor por su reino
Herodes Antipas, como tetrarca nombrado por Roma, consideraba la preservación de su poder como su máxima prioridad.
Apoyo popular: Al ver que grandes multitudes seguían a Jesús, Herodes temía que Su influencia pudiera alterar el orden romano o provocar una rebelión que amenazara su posición política.
La aparición de un nuevo rey: La dinastía herodiana era extremadamente sensible a cualquier noticia sobre la llegada del Mesías, el ‘Rey de los judíos’. Así como su padre, Herodes el Grande, había intentado matar al niño Jesús, Antipas también veía a Jesús como un posible rival para su trono.
b. Relación con Juan el Bautista y sentimiento de culpa
Detrás del deseo de Herodes de matar a Jesús estaba el recuerdo de Juan el Bautista, a quien había mandado ejecutar.
Confusión con la resurrección de Juan: Cuando Herodes escuchó acerca de los milagros de Jesús, se turbó y atemorizó mucho, diciendo: ‘Juan, a quien yo decapité, ha resucitado’ (Lucas 9:7–9). Es posible que quisiera matar a Jesús para silenciar su conciencia culpable y su temor interior.
Continuidad del ministerio: Como el mensaje de Jesús continuaba el mismo llamado al arrepentimiento que proclamaba Juan, la aparición de otro líder espiritual poderoso —como si Juan hubiera vuelto a la vida— se convirtió en un gran problema para Herodes.
c. Colaboración con los líderes religiosos
En Lucas 13:31, los fariseos advierten a Jesús: ‘Herodes quiere matarte; vete de aquí.’ Esta escena tiene un fuerte carácter de intriga política.
Medio de presión: Los líderes religiosos, cuyos intereses estaban amenazados por Jesús, utilizaron la amenaza de Herodes para intentar expulsarlo o incluso colaboraron con Herodes para presionarlo.
Considerarlo una amenaza al sistema: Herodes y los líderes judíos compartían el interés de presentar a Jesús como una figura peligrosa que amenazaba el orden social y religioso establecido.
En resumen, para Herodes, Jesús no era un maestro de la verdad, sino un peligro que amenazaba su poder y seguridad y que le recordaba a Juan muerto; alguien que debía ser eliminado.
Esta actitud de Herodes se manifestó nuevamente más adelante, cuando Jesús fue juzgado ante Pilato y Herodes lo menospreció y se burló de Él (Lucas 23:11)” (fuentes de internet).
Luego, en Lucas 13:34, Jesús se compara a Sí mismo con una “gallina”, mostrando en contraste Su amor protector hacia los polluelos (los hijos de Jerusalén) frente a la zorra destructora (Herodes).
Género y matiz lingüístico (Feminine Nuance)
La palabra griega original “alopeki” (ἀλώπεκι) es un sustantivo femenino. Algunos estudiosos interpretan que Jesús utilizó esta palabra como una crítica sutil a la debilidad y falta de autonomía de Herodes, quien era manipulado por otros —especialmente por Herodías, que lo influenció para matar a Juan el Bautista.
En conclusión, Jesús llamó a Herodes “aquella zorra” como una declaración soberana y valiente de que las amenazas de Herodes jamás podrían detener Su ministerio ni el plan de salvación de Dios.
¿Qué quiso decir Jesús cuando, aun en medio de las amenazas de Herodes, dijo: “Hoy, mañana y pasado mañana debo seguir Mi camino” [“Hoy, mañana y pasado mañana debo continuar el camino que debo recorrer” (Biblia Moderna)] (versículo 33)?
(a) Primero, aquí Jesús dijo: “Hoy, mañana y pasado mañana debo seguir Mi camino” (versículo 33). ¿Qué relación tiene esta declaración con Sus palabras en el versículo 32: “Hoy y mañana expulso demonios y sano enfermos, y al tercer día habré terminado”?
(i) “Las expresiones de tiempo que Jesús repitió en los versículos 32 y 33 están estrechamente conectadas entre sí, y muestran simultáneamente tanto el proceso de Su ministerio como su destino final. La relación entre ambas declaraciones puede resumirse en tres puntos.
La unidad entre el ‘proceso’ y la ‘conclusión’ (La estructura de tres días)
Versículo 32 (El contenido del ministerio):
‘Hoy y mañana expulso demonios y sano enfermos, y al tercer día habré terminado.’
Aquí, ‘hoy y mañana’ significan la continuidad de la obra salvadora que Jesús estaba llevando a cabo. El ‘tercer día’ simboliza el momento en que Su ministerio sería completado, es decir, la cruz y la resurrección.
Versículo 33 (El lugar del ministerio):
‘Hoy, mañana y pasado mañana debo seguir Mi camino.’
El ‘hoy, mañana y pasado mañana’ del versículo 33 corresponde exactamente al ‘hoy, mañana y al tercer día’ del versículo 32. Esto enfatiza que el ministerio de Jesús (versículo 32) no era simplemente algo que ocurría por casualidad en el transcurso del tiempo, sino un caminar planeado y necesario hacia el destino de Jerusalén (versículo 33).
Confianza en el calendario de Dios (Kairos)
Por más que Herodes (la zorra) amenazara con matarlo, Jesús declaró que Su muerte no dependía de Herodes, sino del tiempo establecido por Dios.
Relación: Debido a que existía el plan expresado en el versículo 32 —‘seré perfeccionado/completaré Mi obra’— Jesús pudo decir valientemente en el versículo 33: ‘debo seguir Mi camino.’ Es decir, hasta que llegara el momento de la consumación (el tercer día), nadie podía impedir el camino de Jesús. Esta fue una declaración soberana.
El significado concreto de ‘Mi camino’: Jerusalén
La segunda parte del versículo 33 añade estas palabras: ‘porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.’
El ministerio del versículo 32 (sanar y expulsar demonios) era, en última instancia, el proceso que conducía al destino del versículo 33 (la muerte en Jerusalén).
Por medio de la conexión entre estos dos versículos, Jesús muestra que no solo no detendría Su ministerio en Galilea, donde gobernaba Herodes, sino que voluntariamente caminaba hacia Jerusalén, donde la muerte lo esperaba.
En resumen:
Si el versículo 32 se enfoca en ‘qué’ sería completado (el ministerio), el versículo 33 muestra la firme determinación acerca de ‘adónde’ debía ir (Jerusalén) para lograr esa consumación. Las amenazas de Herodes jamás podrían impedir ni el ministerio de Jesús de ‘hoy y mañana’ ni el cumplimiento del ‘tercer día’” (fuentes de internet).
• ¿Cómo habrá sido el corazón de Jesús (la gallina) cuando dijo que debía seguir caminando hacia Jerusalén, donde la muerte lo esperaba (versículo 34)?
El corazón de Jesús, que siguió caminando silenciosamente hacia Jerusalén aun frente a la amenaza de muerte (la zorra), debió haber sido un corazón donde se entrecruzaban “el dolor de un amor rechazado” y “la firme determinación hacia Su misión.”
a. Un dolor desgarrador (The Heart of Lament)
En el versículo 34, cuando Jesús exclama dos veces: “¡Jerusalén, Jerusalén!”, hay un dolor indescriptible contenido en Sus palabras.
No estaba entrando en la ciudad triunfalmente como un héroe, sino con el corazón de una madre gallina que, aun sabiendo que sus amados hijos intentaban matarla, seguía yendo para abrazarlos.
Punto de meditación: Su corazón era uno en el que las lágrimas de misericordia precedían al juicio de justicia; un corazón dispuesto a ir voluntariamente al lugar de la herida para abrazar a aquellos que lo herirían.
b. Una determinación inquebrantable (Unwavering Resolve)
En las palabras “debo seguir Mi camino” (versículo 33) se percibe una santa determinación de cumplir el plan de salvación de Dios Padre.
Punto de meditación: La razón por la cual la astucia de la zorra (Herodes) no pudo detener a Jesús fue que el corazón del Señor ya estaba lleno del único propósito de salvar a Su pueblo. Un amor más fuerte que la muerte impulsó Sus pasos hacia Jerusalén.
c. Una perseverancia que nunca se rinde (Persistent Invitation)
La confesión: “¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos!” (versículo 34) no expresa una emoción momentánea, sino una perseverancia que continuó a lo largo de la historia aun siendo rechazada repetidamente.
Punto de meditación: Incluso Sus pasos hacia Jerusalén en ese momento eran pasos de paciencia, dando una última oportunidad más. Aunque ellos no quisieran, el Señor seguramente estaba lleno del amor decidido que decía: “Aunque tenga que morir, los reuniré bajo Mis alas.”
En conclusión, el corazón del Señor no era ‘el temor de alguien que va a morir,’ sino ‘la desesperación de alguien que va a salvar a aquellos que ama’” (fuentes de internet).
El amor de Dios, más fuerte que la muerte, me está haciendo seguir caminando por el camino de la misión que el Señor me ha dado (Juan 6:1–15).
¿Por qué Jesús, después de llamar a Herodes “zorra” (versículo 32), se describió a Sí mismo como una “gallina” [“ὄρνις” (ornis)] (versículo 34)?
(a) “Jesús se describió a Sí mismo como una ‘gallina’ (ὄρνις) para proclamar el amor sacrificial y acogedor de Dios en contraste con la ‘zorra’ (Herodes), que ejercía un poder destructivo.
Un ‘escudo sacrificial’ frente al depredador
La zorra es un depredador que daña a otros para protegerse a sí mismo, mientras que la gallina usa su propio cuerpo como escudo para proteger a sus polluelos frente al peligro.
Una prefiguración de la cruz: Así como la gallina extiende sus alas para cubrir a sus polluelos, Jesús entregó Su propio cuerpo en la cruz para protegernos del juicio del pecado y de las amenazas del mundo.
Victoria en medio de la vulnerabilidad: La gallina no tiene armas como dientes o garras, pero no huye hasta el final, sino que abraza a sus polluelos y enfrenta la muerte. Esto simboliza la manera en que el Señor vence al mundo no mediante la violencia, sino mediante el amor y el sacrificio.
Un ‘amor maternal’ irresistible
La metáfora de la gallina no presenta la imagen de un gobernante autoritario, sino el corazón angustiado de una madre hacia sus hijos.
Una invitación incesante: Cuando llega el peligro, la gallina llama a sus polluelos con un sonido particular. Jesús lamentó sobre Jerusalén diciendo: “¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos!”, mostrando así el deseo incansable de Dios de salvar a Israel.
Símbolo de refugio: En la tradición judía, estar “bajo las alas” significa protección y descanso de Dios. El Señor invitaba a Su pueblo no al dominio de la zorra astuta, sino a la verdadera paz bajo la sombra de Sus alas.
El contraste entre ‘querer reunir’ y ‘no querer’
El centro de esta metáfora es la trágica realidad de que, a pesar del llamado ferviente de la gallina (el Señor), los polluelos (Jerusalén) “no quisieron” (Lucas 13:34).
Al Señor le dolía más la dureza de corazón de las personas que rechazaban Su amor y seguían el camino de la zorra, que las amenazas de la propia zorra.
En conclusión, al convertirse Él mismo en la gallina, Jesús confirmó el poder de un amor más fuerte que la espada del mundo (la zorra)” (fuentes de internet).
(4) A pesar del ferviente llamado del Señor (la gallina), ¿por qué Jerusalén (los polluelos) “no quiso” aceptar el amor de Jesús?
“Las razones por las cuales Jerusalén (el pueblo judío y sus líderes) en aquel tiempo ‘no quiso’ aceptar el amor de Jesús, quien deseaba reunirlos como una gallina, pueden dividirse principalmente en tres contextos teológicos e históricos.
Porque Jesús no correspondía a la imagen de ‘Mesías’ que ellos esperaban
En aquel tiempo, los judíos esperaban un Mesías político y militar poderoso (un rey semejante a un león) que los liberara de la opresión romana.
La realidad: Pero Jesús no vino como un guerrero con espada, sino con la figura de una ‘gallina’ sacrificada.
Resultado: Las palabras de Jesús acerca de negarse a sí mismo y cargar la cruz no coincidían en absoluto con las expectativas de ‘gloria y victoria’ que ellos deseaban; por eso rechazaron el abrazo del Señor.
Porque querían conservar sus privilegios y su propia justicia (Self-righteousness)
Los líderes religiosos de Jerusalén creían que ya obedecían fielmente la ley de Dios y que estaban bajo la protección especial de Dios.
Engaño: No se consideraban a sí mismos como ‘polluelos perdidos.’ Más bien, se veían como líderes espirituales; por eso consideraban la invitación de Jesús al arrepentimiento y a ser reunidos por Él como una ofensa a su orgullo y un desafío a su sistema.
Causa del rechazo: No podían soportar que sus enseñanzas y tradiciones fueran cuestionadas, así que en vez de entrar bajo las alas del Señor, intentaron quebrar esas alas.
Porque estaban acostumbrados a la manera mundana de la ‘zorra’
Como se ve en el contexto de Lucas 13, las personas de aquel tiempo temían al poder visible de Herodes (la zorra) o estaban acostumbradas a vivir dentro de esa estructura de poder.
Desconfianza: Les parecía más seguro seguir la lógica del beneficio inmediato y del poder visible que confiar en el Reino invisible de Dios y en el gobierno del amor.
Ceguera espiritual: Como no comprendían “las cosas que conducen a la paz” (Lucas 19:42), no pudieron confiar en la seguridad que ofrecía el abrazo del Señor, el verdadero Rey de paz.
Dureza punitiva del corazón (repetición histórica)
En la primera parte del versículo 34, Jesús dice: “¡Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!”
Esto muestra que la dureza histórica de Jerusalén —que había rechazado repetidamente las súplicas y advertencias de Dios desde tiempos antiguos— había llegado a su punto máximo. Finalmente, por causa de su obstinación y orgullo, ellos mismos rechazaron el abrazo de la vida” (fuentes de internet).
(a) ¿Por qué los hombres modernos rechazan hoy el abrazo del Señor y “no quieren”?
Porque las ‘alas falsas’ que ofrece el mundo actual parecen demasiado atractivas y seguras. Esto puede dividirse en tres razones principales (fuentes de internet):
a. Obsesión con la ‘autodeificación’ y la independencia
El mensaje central de la cultura moderna es: “Tú eres el dueño de tu vida.”
Razón: Entrar bajo las alas de la gallina significa reconocer la propia impotencia y aceptar completamente el gobierno y la protección del Señor.
Dureza de corazón: Sin embargo, el hombre moderno cree que puede controlar la vida con su inteligencia, habilidades y tecnología. Malinterpreta el abrazo del Señor, viéndolo no como un refugio, sino como una ‘atadura’ que limita su libertad; por eso rechaza ese abrazo.
b. La abundancia de ‘falsos refugios’ (las tentaciones de la zorra moderna)
En el pasado, las personas buscaban al Señor frente a amenazas de supervivencia; hoy existen muchas cosas que parecen más seguras que las alas del Señor.
Razón: El capital (dinero), los seguros, la ciencia, la tecnología y los sistemas sociales se han convertido en los nuevos dioses del hombre moderno.
Dureza de corazón: El saldo bancario o el estatus social parecen una protección más confiable que las alas invisibles del Señor, por lo que el llamado ferviente de Dios es descartado como una simple ‘retórica religiosa poco realista.’
c. El ajetreo espiritual y el entumecimiento de los sentidos
El Señor todavía nos llama hoy, pero el hombre moderno vive en un mundo extremadamente ruidoso y ocupado.
Razón: El flujo constante de medios, la cultura del consumo y los placeres instantáneos han bloqueado los oídos espirituales.
Dureza de corazón: El sonido de la gallina llamando a sus polluelos no es estridente ni sensacional, sino suave. Persiguiendo estímulos y entretenimiento cada vez mayores, el hombre moderno ha perdido tanto el tiempo como el espacio interior para escuchar el lamento y el llamado del Señor.
En definitiva, las palabras “no quisisteis” señalan no que el Señor no tenga poder para acogernos, sino que nosotros estamos atrapados en la arrogancia de pensar que podemos vivir sin Él” (fuentes de internet).
(i) Entonces, ¿qué debemos hacer nosotros, atrapados en la arrogancia de pensar que podemos vivir sin el Señor?
“La arrogancia de creer que ‘podemos vivir sin el Señor’ es la raíz que produce la versión moderna de la ‘casa desolada’ (versículo 35). Para escapar de esta grave enfermedad espiritual, necesitamos un proceso de ‘detenernos,’ ‘humillarnos’ y ‘volvernos’ (fuentes de internet):
(a) Exponer la ilusión de la ‘zorra’ y ‘detenerse’
Debemos reconocer que las seguridades que ofrece el mundo (dinero, fama, tecnología) jamás podrán convertirse en refugios eternos.
Práctica: Debemos dejar de aferrarnos al control de nuestra vida y reconocer que las cosas en las que confiamos son limitadas y pueden traicionarnos en cualquier momento, igual que la ‘zorra.’ Aunque sea solo diez minutos al día, necesitamos un tiempo de ‘detención,’ apagando el ruido del mundo para escuchar el sonido de las alas del Señor (Su Palabra).
(b) Humillarse con la identidad de ‘polluelos’
El primer paso para entrar bajo las alas de la gallina es confesar que somos seres débiles incapaces de protegernos a nosotros mismos.
Práctica: La oración no es un medio para expandir nuestras capacidades, sino un acto de reconocer nuestra impotencia. La confesión sincera: “Señor, sin Ti soy como un pequeño pájaro que no puede estar seguro ni un instante,” nos rescata del orgullo.
(c) Cambiar la dirección de nuestros ‘deseos’
La tragedia del versículo 34 está en las palabras: “no quisisteis.” Ahora debemos usar nuestra voluntad (Will).
Práctica: Esto significa entrenarnos para elegir no ‘el camino que yo quiero,’ sino ‘el camino al que el Señor me llama.’ Aunque sea una Jerusalén donde nos espere la muerte —el lugar de la misión—, debemos decidir correr hacia Su abrazo si el Señor está allí.
(d) Restaurar el ‘reunirse juntos’
La gallina reúne a sus ‘hijos.’ En soledad es fácil volverse arrogante, pero dentro de una comunidad de fe reconocemos mutuamente nuestras debilidades y experimentamos juntos las alas del Señor.
Práctica: Así como el Señor nos acogió con Su amor, también nosotros debemos vivir una vida de misión convirtiéndonos en una pequeña sombra protectora para alguien más. Paradójicamente, al dar amor, comprendemos que nosotros mismos no podemos vivir sin el amor del Señor.
“He aquí, vuestra casa os será dejada desierta” (versículo 35) es una advertencia de que una vida lejos del abrazo del Señor termina solamente en vacío. Pero, por el contrario, si permanecemos en Su abrazo, obtendremos la paz más perfecta que el mundo jamás podrá dar.
(5) Finalmente, ¿qué quiso decir Jesús cuando declaró: “Porque os digo que no Me veréis hasta que digáis: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!’” [(Biblia Moderna) “Os digo claramente: no volveréis a verme hasta que digáis: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!’”] (versículo 35)?
(a) Estas palabras son una declaración profética que contiene simultáneamente el rechazo espiritual de Jerusalén, el juicio resultante y la restauración futura. Su significado principal puede resumirse en tres puntos (fuentes de internet):
Separación espiritual y juicio como consecuencia del rechazo
Jesús menciona que continuamente quiso reunir al pueblo judío, pero ellos lo rechazaron. Las palabras “no Me veréis” significan que, como resultado de rechazar al Mesías, se rompería la relación íntima con Dios y el templo (“vuestra casa”), del cual ellos se enorgullecían, quedaría desolado.
Esto fue tanto una profecía de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. como una advertencia de la desolación espiritual que experimenta el alma que rechaza al Señor.
Un reconocimiento tardío del Mesías
“El que viene en el nombre del Señor” es una expresión tomada del Salmo 118:26 y se refiere al Mesías. Estas palabras pueden interpretarse en dos momentos:
Futuro cercano (la entrada triunfal): Cuando Jesús entró en Jerusalén, las multitudes agitaron ramas de palma y proclamaron este versículo.
Futuro definitivo (la segunda venida): Señala el tiempo final cuando el pueblo de Israel abrirá sus ojos espirituales, recibirá a Jesús como el verdadero Mesías y lo alabará en Su regreso.
Esperanza de arrepentimiento y restauración
Aunque Jesús declara juicio en el presente, la expresión “hasta que” contiene la promesa escondida de que Israel algún día confesará a Jesús como Señor y volverá a Él. Es decir, el encuentro verdadero con Él y la restauración espiritual ocurrirán cuando las personas reconozcan y reciban genuinamente a Jesús como el Mesías.
En conclusión, estas palabras son tanto una advertencia del juicio que vendrá sobre quienes rechazan a Jesús como una majestuosa proclamación que mira hacia el día en que todos lo alabarán como Señor cuando Él regrese.
(i) Mientras meditaba en estas palabras, pensé que debemos seguir orando por las personas a quienes evangelizamos, creyendo en la promesa de restauración de que algún día ellas también confesarán a Jesús como Señor y volverán a Él. Las razones por las cuales debemos continuar orando son las siguientes (fuentes de internet):
a. El corazón de Dios (la espera): Así como Jesús lloró por Jerusalén, Dios desea fervientemente que ni una sola alma perezca, sino que vuelva a Él. La expresión “hasta que” significa que la oportunidad de regresar permanece abierta.
b. La oración que abre los ojos cerrados: En el pasaje, Israel no pudo ver a Jesús porque sus ojos espirituales estaban velados.
Nuestras oraciones se convierten en un canal espiritual mediante el cual los ojos cegados de los incrédulos son abiertos para que confiesen a Jesús como “el que viene en el nombre del Señor.”
c. Una esperanza que no se rinde: Si existe la promesa de que incluso Israel, un pueblo endurecido, finalmente volverá alabando al Señor, entonces también podemos tener esperanza de que las personas por quienes oramos y evangelizamos serán transformadas en el tiempo de Dios.
La Biblia nos exhorta a no desanimarnos, sino a perseverar en oración. Aunque ahora parezca que rechazan al Señor, nuestra preciosa misión es confiar en Su promesa e interceder esperando el día en que brote de ellos una confesión de alabanza” (fuentes de internet).
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