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모든 악을 선으로 바꾸시는 하나님의 주권을 신뢰해야 합니다. (눅 22:66-71)

  https://youtu.be/eEYQZAiW7-Q?si=AgQXuWCN71rTzmho

Aun cuando en nuestra vida se acumulen situaciones injustas o circunstancias en las que suframos una injusticia, debemos confiar en la soberanía de Dios, quien, detrás de todo ello, transforma todo mal en bien y finalmente nos hace triunfar.

 Aun cuando en nuestra vida se acumulen situaciones injustas o circunstancias en las que suframos una injusticia, debemos confiar en la soberanía de Dios, quien, detrás de todo ello, transforma todo mal en bien y finalmente nos hace triunfar.




“Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, es decir, los principales sacerdotes y los escribas, y llevaron a Jesús ante su consejo, diciendo: ‘Si tú eres el Cristo, dínoslo’. Pero Él les dijo: ‘Si os lo digo, no creeréis; y si os pregunto, no responderéis. Pero desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios’. Y todos dijeron: ‘Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?’. Él les respondió: ‘Vosotros mismos decís que yo soy’. Entonces ellos dijeron: ‘¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca’” (Lucas 22:66-71).



(1) Después de leer el pasaje de hoy, Lucas 22:66-71, tanto en la Biblia coreana como en el texto griego, lo primero que sentí fue el deseo de compararlo con los pasajes paralelos de Mateo 26:59-66, Marcos 14:55-64 y Juan 18:19-24, y hacer un resumen integral. Esto se debe a que, de esta manera, podemos ver el panorama completo del pasaje de hoy.

(a) Este pasaje trata sobre un acontecimiento central de los Evangelios: el interrogatorio de Jesús ante los principales sacerdotes y el consejo (Sanedrín) antes de que fuera crucificado. Cada Evangelio registra este acontecimiento desde su propia perspectiva y con su propio énfasis, y al reunirlos podemos obtener el siguiente panorama general (Internet):

1. El proceso y el momento del interrogatorio (desarrollo integral)

El interrogatorio preliminar durante la noche (Juan): Jesús fue llevado primero ante Anás, el antiguo sumo sacerdote, donde fue interrogado inicialmente acerca de sus discípulos y de su enseñanza. El Evangelio de Juan es el único que registra la escena humillante en la que uno de los oficiales golpeó a Jesús con la mano durante este proceso.

El interrogatorio oficial durante la noche (Mateo y Marcos): Después, Jesús fue llevado al lugar donde estaban reunidos Caifás, el actual sumo sacerdote, y todo el consejo. Ellos buscaban falso testimonio contra Jesús para darle muerte, pero fracasaron porque los testimonios no coincidían entre sí.

El veredicto final al amanecer (Lucas): En cuanto amaneció, los principales sacerdotes y los escribas, es decir, el consejo de los ancianos del pueblo (el Sanedrín), se reunieron formalmente, interrogaron a Jesús y confirmaron la sentencia de muerte.

2. El punto central: la declaración de Jesús acerca de su divinidad y su respuesta

En cada uno de los Evangelios, la pregunta decisiva que el consejo hizo a Jesús para condenarlo fue una pregunta sobre su identidad: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”. La respuesta de Jesús y la reacción del consejo constituyen el punto culminante de los relatos de los Evangelios.

Mateo y Marcos: Jesús declara abiertamente que Él es el Cristo y proclama: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo”. El sumo sacerdote lo considera “blasfemia”, rasga sus vestiduras y concluye que Jesús merece la pena de muerte.

Lucas: Lucas centra su atención en el consejo reunido al amanecer. Después de que Jesús señala su incredulidad diciendo: “Si os lo digo, no creeréis”, les dice: “Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios”. Cuando el consejo vuelve a preguntar: “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?”, Jesús responde: “Vosotros mismos decís que yo soy”.

Juan: En lugar de centrarse en la controversia sobre la blasfemia ante el consejo, Juan concentra su atención en el diálogo de Jesús con Anás. Juan enfatiza el carácter regio de Jesús, quien declara con confianza que ha hablado públicamente al mundo, sin ocultar nada.

3. Resumen de las características principales de cada Evangelio
Mateo trata detalladamente las acusaciones de los falsos testigos presentados por los líderes judíos y el interrogatorio de Jesús ante Caifás, el sumo sacerdote. Mateo enfatiza que Jesús es el Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, cumpliendo la profecía del libro de Daniel del Antiguo Testamento.

Marcos destaca agudamente las contradicciones entre los falsos testimonios presentados para condenar a Jesús. Describe vívidamente la injusticia del consejo al imponer la pena de muerte a Jesús, que era inocente, acusándolo de blasfemia, así como la tensión y urgencia de la escena.

Lucas se concentra, más que en el confuso interrogatorio ocurrido durante la noche, en el procedimiento legal del consejo oficial que se reunió “cuando amaneció”. Con un tono sereno y firme, Lucas proclama que Jesús es el verdadero Hijo del Hombre que se sentará a la diestra del poder de Dios y que es el Hijo de Dios.

Juan registra de manera particular el interrogatorio preliminar ante Anás que tuvo lugar antes del juicio oficial ante el consejo. Al mismo tiempo, Juan pone al descubierto la ilegalidad de los líderes religiosos y destaca la realeza y autoridad de Jesús, quien defiende con valentía su enseñanza.

Conclusión general
Al considerar conjuntamente los cuatro Evangelios, este acontecimiento no fue simplemente un juicio religioso. Fue el escenario en el que el Mesías, que sufría conforme a las profecías del Antiguo Testamento para salvar a la humanidad, declaró valientemente su identidad divina. Al no poder encontrar pruebas de culpabilidad, los líderes religiosos judíos finalmente presentaron la autodeclaración de Jesús como “Hijo de Dios (Hijo del Hombre)” como blasfemia y confirmaron la sentencia de muerte (Internet).

(a) Al meditar nuevamente en el proceso del interrogatorio de Jesús en los cuatro Evangelios, me llamó especialmente la atención este desarrollo en tres etapas: (1) primero, Jesús fue llevado ante Anás, el antiguo sumo sacerdote, y fue interrogado inicialmente acerca de sus discípulos y de su enseñanza [el interrogatorio preliminar durante la noche (Juan)]; (2) después, Jesús fue llevado al lugar donde estaban reunidos Caifás, el actual sumo sacerdote, y todo el consejo, quienes buscaron falso testimonio para darle muerte, pero fracasaron porque los testimonios no coincidían entre sí [el interrogatorio oficial durante la noche (Mateo y Marcos)]; y (3) en el pasaje de hoy, Lucas 22:66-71, en cuanto amaneció, los principales sacerdotes y los escribas, es decir, el consejo de los ancianos del pueblo (el Sanedrín), se reunieron formalmente, interrogaron a Jesús y confirmaron la sentencia de muerte [el veredicto final al amanecer (Lucas)]. En particular, me pregunté qué enseñanzas podemos encontrar en el hecho de que quienes interrogaron a Jesús fueron (1) Anás, (2) Caifás y todo el consejo, y (3) el Sanedrín.

(i) El proceso del juicio de Jesús, que va desde Anás hasta Caifás y todo el consejo, y finalmente hasta el Sanedrín que se reunió al amanecer, muestra claramente cómo la soberanía de Dios se cumple aun en medio de la ilegalidad, la hipocresía y las conspiraciones humanas de la sociedad. Las enseñanzas espirituales que podemos descubrir en estas tres etapas son las siguientes (Internet):

a. El interrogatorio preliminar de Anás: la ilegalidad de la codicia y de los privilegios humanos

Anás había sido sumo sacerdote, pero en la sociedad judía de aquel tiempo era la “cumbre del poder”, pues tenía el verdadero poder e influencia detrás de escena. En lugar de llevar a Jesús ante un tribunal legal, primero lo llevó durante la noche a su residencia privada y lo interrogó acerca de sus discípulos y de su enseñanza.

Enseñanza: Cuando los privilegios y la codicia humanas se enfrentan con la verdad, lo primero que hacen es recurrir a medios ilegales para suprimirla. Anás ignoró los procedimientos y la justicia con el fin de mantener una “estructura de poder” en nombre de la religión. Esto nos lleva a examinarnos y preguntarnos si, en nuestra propia vida, estamos ignorando de manera indebida la Palabra de Dios o la justicia para proteger nuestros propios intereses y privilegios.

b. El interrogatorio nocturno de Caifás y todo el consejo: la hipocresía que justifica los medios por causa del fin
Caifás, el actual sumo sacerdote, y todo el consejo ya habían llegado a la conclusión de que “darían muerte a Jesús”, y estaban desesperadamente buscando falsos testimonios para justificar dicha decisión. Sin embargo, las mentiras se contradecían entre sí y finalmente fracasaron.

Enseñanza: Esto demuestra que las estrategias humanas que se oponen a la verdad terminan cayendo en sus propias contradicciones y nunca pueden tener verdadero éxito. Los líderes judíos afirmaban que actuaban para “proteger la ley de Dios”, pero en realidad cometieron la hipocresía de recurrir a la mentira. Esto nos advierte que debemos guardarnos de la hipocresía espiritual de intentar justificar “medios injustos” con la excusa de un “buen propósito” cuando hacemos la obra del Señor o vivimos nuestra vida de fe.

c. El Sanedrín reunido al amanecer: la vanidad de la hipocresía organizada y de la certeza humana

El “consejo que se reunió en cuanto amaneció”, que Lucas enfatiza, fue el procedimiento formal utilizado para hacer que el juicio ilegal realizado durante la noche pareciera legítimo. Finalmente, después de escuchar de la propia boca de Jesús la declaración: “Yo soy”, confirmaron la sentencia de muerte.

Enseñanza: La alianza de seres humanos que hacen el mal, por mucha perfección institucional o legalidad formal que posea, delante de Dios sigue siendo un crimen absoluto. Los miembros del consejo quizá estaban convencidos de que estaban haciendo lo correcto porque habían seguido un procedimiento legal apropiado. Sin embargo, precisamente en ese tribunal legal cometieron el crimen más terrible de la historia de la humanidad al condenar al “Hijo de Dios”. Esto nos muestra cuán ciegos podemos llegar a estar cuando las instituciones humanas, la opinión de la mayoría o incluso nuestra propia convicción personal se colocan por encima de la voluntad de Dios.

d. Enseñanza integral desde la perspectiva de la historia de la redención: la soberanía de Dios que transforma el mal humano en bien

Desde la perspectiva humana, estas tres etapas parecen ser un proceso de ilegalidad y conspiración acumuladas una sobre otra. Sin embargo, desde la perspectiva de la historia de la redención de Dios, también fueron parte del proceso mediante el cual Jesús fue reconocido como el perfecto “Cordero de la Pascua” que cargaría en nuestro lugar con los pecados de toda la humanidad.

Enseñanza: Aunque los poderes de este mundo—Anás, Caifás y el Sanedrín—se unieron para acorralar a Jesús y finalmente confirmar su sentencia de muerte, todo esto no fue su victoria. Más bien, fue el proceso mediante el cual el plan de salvación de Dios se cumplió sin el más mínimo error. Esto nos ofrece un poderoso consuelo: aun cuando en nuestra vida se acumulen situaciones injustas o circunstancias en las que suframos una injusticia, debemos confiar en la soberanía de Dios, quien, detrás de todo ello, transforma todo mal en bien (Gn. 50:20) y finalmente nos hace triunfar (Internet).

* Aquí, las palabras de que, aun cuando en nuestra vida se acumulen situaciones injustas o circunstancias en las que suframos una injusticia, debemos confiar en la soberanía de Dios, quien, detrás de todo ello, transforma todo mal en bien (Gn. 50:20) y finalmente nos hace triunfar, llegan profundamente a mi corazón. Al mismo tiempo, cuando pienso en el hecho de que el propósito de Dios al transformar todo mal en bien en la vida de José era la salvación de la vida (Gn. 45:5, 7; 50:20), llego a pensar que el propósito de Dios al transformar todo mal en bien en la vida de Jesucristo, a quien José señala, era la verdadera salvación, es decir, la vida eterna. Por lo tanto, como personas salvadas que creemos en Jesucristo, quien es la vida eterna (1 Jn. 1:2; 5:20), recibimos nuevamente la enseñanza de que debemos confiar en la soberanía de Dios, quien transforma todo mal en nuestras vidas en bien.

El “propósito salvífico de Dios al transformar el mal en bien”, que se extiende desde José y Jesús hasta nuestras propias vidas, puede ser confirmado y resumido más profundamente de la siguiente manera (Internet):

1. La vida de José: un instrumento para salvar la vida física (sombra)
José experimentó el “mal” de los celos y el odio de sus hermanos, y después de rechazar la tentación de la esposa de Potifar, se encontró ante la situación injusta de ser encarcelado “injustamente”. Sin embargo, bajo la providencia soberana de Dios, José llegó a ser gobernador de Egipto y, durante la hambruna en la tierra de Canaán, se convirtió en un instrumento mediante el cual se preservó y salvó la vida física de la familia de Jacob (Israel) (Gn. 45:7). Esto era un espejo que mostraba de antemano la figura del verdadero Salvador que habría de venir.

2. La vida de Jesús: el cumplimiento para dar vida eterna (realidad)
Jesús también experimentó una serie de males, ilegalidades y una injusta sentencia de muerte, a través del proceso que pasó por Anás, Caifás y el Sanedrín. A los ojos del mundo, parecía ser el triunfo perfecto del mal; sin embargo, Dios transformó el mal más terrible—el horror de la cruz—en el bien más grande: dar a la humanidad “vida eterna” (1 Jn. 5:20). Si José salvó la vida física del hambre, Jesús salvó nuestras almas del pecado y de la muerte.

3. Nuestra vida: la confianza y la misión de quienes poseen la vida eterna (aplicación)

Incluso nosotros, que ya hemos sido salvados por creer en Jesucristo, quien es la vida eterna, a veces experimentamos injusticias como las que sufrió José o circunstancias injustas como las que experimentó Jesús. Sin embargo, hay una razón clara por la cual podemos confiar en la soberanía de Dios sin desanimarnos.

Propósito inmutable: El propósito último de Dios al transformar el mal de nuestras vidas en bien también es la “salvación de la vida”. A través del sufrimiento y de las injusticias que experimento, Dios no solamente refina mi propia fe como el oro puro, sino que también utiliza mi ejemplo de confiar en el Señor hasta el final en medio del sufrimiento como un canal mediante el cual la vida eterna (Jesucristo) puede ser proclamada a alguien que está a mi alrededor.

Garantía de victoria: El Dios que puso a José como gobernador y resucitó a Jesús de entre los muertos tampoco permitirá que la vida de nosotros, que poseemos la vida eterna, termine jamás en derrota (Internet).

(2) En segundo lugar, al meditar en el pasaje de hoy, Lucas 22:66-71, me llamaron la atención los cuatro títulos: “profeta”, mencionado en el versículo 62; “Cristo”, mencionado en el versículo 67; “Hijo del Hombre”, mencionado en el versículo 69; y “Hijo de Dios”, mencionado en el versículo 70. Comencé a preguntarme cuál es el significado breve de estos cuatro títulos y por qué Lucas, el autor del Evangelio de Lucas, registró estos cuatro títulos uno junto al otro de esta manera.

(a) Estos cuatro títulos—Profeta, Cristo, Hijo del Hombre e Hijo de Dios—son títulos cristológicos fundamentales que revelan progresivamente quién es Jesús (Internet):

1. Significado breve de los cuatro títulos

Profeta (v. 64): Aquel que proclama plenamente la voluntad y la palabra de Dios como su portavoz

Los líderes judíos vendaron los ojos de Jesús y lo golpearon, exigiéndole con tono burlón: “¡Adivina quién te golpeó!”. Sin embargo, Jesús no se dejó arrastrar por su juego de adivinanzas humanas. Al mismo tiempo, al haber anunciado poco antes que Pedro lo negaría tres veces y al cumplirse después esa profecía, Jesús mostró paradójicamente que Él es el verdadero Profeta (portavoz) que cumple y lleva a cabo plenamente la Palabra de Dios.

Cristo (v. 67): El Ungido (Mesías)

Se refiere al Rey, Sacerdote y Profeta del Antiguo Testamento que los judíos habían esperado con tanta ansiedad. El consejo interrogó directamente a Jesús acerca de su identidad política y religiosa preguntándole: “¿Eres tú el Cristo?”.

Hijo del Hombre (v. 69): El gobernante divino y escatológico de Daniel 7 (el Hijo del Hombre)

Esta es la expresión que Jesús utilizó con mayor frecuencia para referirse a sí mismo. Va más allá del simple significado de “ser humano” y se refiere a la figura celestial y sobrenatural que, al final de los tiempos, se sentará a la diestra del poder de Dios para juzgar y gobernar sobre todo el mundo.

Hijo de Dios (v. 70): Aquel que posee divinidad y tiene la misma esencia que Dios

Después de escuchar la respuesta de Jesús, el consejo pregunta: “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?”. Esto significa que Jesús posee una autoridad y una divinidad iguales a las de Dios, y para los judíos se convirtió en la base para acusarlo de “blasfemia”, un cargo que merecía la pena de muerte.

2. Razón por la que Lucas colocó estos cuatro títulos juntos

El hecho de que Lucas registre estos títulos de manera concentrada en un solo pasaje tiene una clara intención teológica.

① La revelación progresiva y el crescendo de la divinidad de Jesús (desarrollo de los títulos)

Lucas aumenta gradualmente el peso de estos títulos para revelar plenamente quién es Jesús.

Profeta (cumplimiento de las acciones y de las profecías) → Cristo (el Mesías de los judíos) → Hijo del Hombre (el Juez con autoridad celestial) → Hijo de Dios (la culminación de la divinidad)

Cuando los seres humanos preguntan según criterios terrenales: “¿Es profeta? ¿Es el Cristo?”, pensando en términos de un Mesías político, Jesús va más allá de estas preguntas y responde con la verdad espiritual superior de que Él es el “Hijo del Hombre” con autoridad celestial y el “Hijo de Dios”.

② La paradoja (ironía) de pasar de “pecador acusado injustamente” a “Juez del universo”

En este momento, Jesús se encuentra atado y siendo interrogado en un tribunal humano, el Sanedrín, en una condición miserable. Sin embargo, Lucas hace que Jesús declare con su propia boca: “Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios” (v. 69).

Ahora ellos son los jueces y Jesús es el acusado, pero en realidad Jesús es el verdadero Juez de todo el universo, y los miembros del consejo serán juzgados delante de Él. Lucas pone de manifiesto esta realidad por medio de estos títulos.

③ La proclamación del “verdadero Salvador” dirigida a los lectores gentiles

Los primeros lectores del Evangelio de Lucas eran gentiles (como Teófilo). Para los gentiles, el concepto del “Mesías judío (Cristo)” podía resultar desconocido. Por ello, Lucas comienza con títulos propios del judaísmo (“Profeta”, “Cristo”) y concluye con el “Hijo del Hombre”, el Juez de toda la humanidad, y el “Hijo de Dios”, el Salvador divino que todas las naciones deben confesar. De esta manera, Lucas demuestra que Jesús no es solamente el Rey de los judíos, sino la vida eterna y el Salvador de todo el mundo (Internet).

(i) A continuación se presentan aplicaciones concretas acerca de lo que estos cuatro títulos—Profeta, Cristo, Hijo del Hombre e Hijo de Dios—significan respectivamente y de cómo se convierten en confesiones personales en “mi vida, que ha recibido la vida eterna” hoy (Internet):

a. El verdadero Profeta: una vida de obediencia a la “Palabra de Dios” que escucho en mi vida

Jesús es el verdadero Profeta que proclama y cumple plenamente la voluntad de Dios.

Confesión: “Jesús es Aquel que, aun hoy, proclama en mi vida la Palabra viva de Dios (su voluntad) por medio de las Escrituras escritas y del Espíritu Santo”.

Aplicación concreta: En lugar de escuchar las innumerables voces del mundo—el éxito, las modas y la ansiedad—recibiré la Palabra en la que medito cada mañana como la solemne proclamación de Dios dirigida a mi vida. Incluso cuando lleguen momentos semejantes a la incomprensible experiencia de José de ser encarcelado injustamente, confiaré más en las palabras que me da el Señor, que es el Profeta, que en mis propios pensamientos, y viviré ajustando silenciosamente mis pasos a su Palabra.

b. Cristo (Mesías): una vida de entregar al Señor el control de todas las áreas de mi vida

Cristo es el Ungido y el verdadero Rey, Sacerdote y Profeta de mi vida.

Confesión: “Jesús no es solamente el Salvador de mi alma, sino también mi verdadero Rey (Señor) que gobierna toda mi vida”.

Aplicación concreta: Renunciaré al hábito de hacerme dueño de mi propia vida, planificando y preocupándome por mi futuro. En todas las áreas de mi vida—la familia, el trabajo, las finanzas y la crianza de mis hijos—reconoceré: “El Señor es el Rey”. Y cada vez que tenga que tomar decisiones importantes, practicaré una vida sometida a su gobierno, buscando primero la voluntad del Señor, mi Rey, y no mis propios deseos.

c. Hijo del Hombre: una vida que mira hacia la gloriosa victoria celestial aun en medio del sufrimiento

El Hijo del Hombre fue humillado en esta tierra, pero finalmente es el glorioso Juez que gobernará sobre todo el mundo a la diestra del poder de Dios (Daniel 7).

Confesión: “Aunque ahora pueda estar viviendo en esta tierra en una condición débil y humilde, finalmente seré uno de los que triunfarán para siempre junto con Jesús, el Hijo del Hombre que posee autoridad celestial”.

Aplicación concreta: Aunque hoy se acumulen en mi vida situaciones injustas y circunstancias en las que sufra una injusticia, no me dejaré llevar por los tribunales de esta tierra ni por la opinión de las personas del mundo. Recordando que Jesús, el Juez final, está sentado a la diestra del poder, en lugar de intentar resolver mis propias injusticias mediante la violencia o el derramamiento de sangre, soportaré el sufrimiento confiando en el juicio justo de Dios y en su soberanía detrás de todo ello.

d. Hijo de Dios: una vida de santo orgullo como alguien que posee la vida eterna

Jesús es el Hijo de Dios que posee plena divinidad, y a quienes creen en Él también les ha dado “el derecho de ser hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Confesión: “Al creer en el Hijo de Dios, quien es la vida eterna, soy un hijo precioso y honorable de Dios que ha heredado la vida eterna junto con Él”.

Aplicación concreta: No permitiré que la carencia material de este mundo ni el desprecio de otras personas me hagan sentir espiritualmente intimidado. Con la confianza espiritual—la santa valentía—propia de quien posee la “vida eterna”, me apartaré decididamente de los lugares de tentación al pecado y de compromiso con el mundo, y mantendré una actitud de vida santa y digna, propia de un hijo de Dios.

Conclusión de la meditación:

Así como detrás del sufrimiento de José estaba el propósito soberano de Dios de “salvar la vida”, cuando hoy confesemos con nuestra vida estas cuatro identidades de Jesús, creemos que Dios transformará todo el mal de nuestras vidas en bien.

Cuando escuchemos la proclamación del Señor como Profeta, nos sometamos a su gobierno como Cristo, miremos hacia la gloria celestial como el Hijo del Hombre y disfrutemos del misterio de nuestra identidad como hijos de Dios por medio del Hijo de Dios, creo que nuestras vidas llegarán a ser los canales más bendecidos por medio de los cuales la “vida eterna” fluya hacia las almas que están pereciendo a nuestro alrededor (Internet).

(3) En tercer lugar, quisiera meditar en las palabras que Jesús dirigió a los miembros del Sanedrín [“los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas” (Lc 22:66)]: “Aunque yo os lo diga, no creeréis; y aunque os pregunte, no responderéis” [Ἐὰν ὑμῖν εἴπω, οὐ μὴ πιστεύσητε· ἐὰν δὲ ἐρωτήσω, οὐ μὴ ἀποκριθῆτε (ean hymin eipō, ou mē pisteusēte; ean de erōtēsō, ou mē apokrithēte)] (vv. 67-68). ¿Cuál es el significado de estas palabras de Jesús y cómo podemos aplicarlas a nuestra vida?

(a) Estas palabras que Jesús pronunció delante de los miembros del Sanedrín son una severa reprensión dirigida a aquellos que ya habían cerrado su corazón y habían decidido matarlo, así como un diagnóstico espiritual de la dureza del corazón humano. Compartamos el profundo significado de estas palabras y las aplicaciones concretas que hoy llegan con claridad a nuestra vida (internet):

1. El profundo significado de las palabras de Jesús (análisis del contexto griego)

En este pasaje, Jesús utiliza dos veces la expresión griega “ou mē” (οὐ μὴ, “de ninguna manera”, “jamás”), una construcción gramatical que expresa una negación enfática. Con ello pone al descubierto que la condición de los miembros del Sanedrín había ido más allá de una simple duda, llegando a un estado de incredulidad y rechazo tan endurecido que parecía imposible de quebrantar.

“Aunque yo os lo diga, no creeréis” (v. 67):

Esto significa que, aunque Jesús hubiera declarado y demostrado con toda claridad que Él era el Mesías (el Cristo) —a pesar de haber mostrado ya innumerables señales y enseñanzas—, ellos no querrían creer, porque querían proteger sus privilegios y sus estructuras religiosas. Lo que les faltaba no era “evidencia”, sino un “corazón” dispuesto a recibir la verdad.

“Aunque os pregunte, no responderéis” (v. 68):

En ocasiones anteriores, cuando Jesús les había planteado preguntas bíblicas como: “¿El bautismo de Juan era del cielo o de los hombres?” (Lc 20:4), o “Si David llama al Cristo ‘Señor’, ¿cómo puede ser su hijo?” (Lc 20:44), los líderes religiosos habían evitado responder y habían guardado silencio. Jesús señala directamente su actitud hipócrita: por temor a que la verdad quedara al descubierto, deliberadamente se negaban a responder y trataban de escapar.

En última instancia, estas palabras constituyen una poderosa acusación contra aquel juicio ilegal: “No habéis abierto este juicio ni habéis hecho preguntas para conocer la verdad; simplemente estáis representando una farsa con el único propósito de encontrar un pretexto para matarme”.

2. Aplicaciones concretas para nosotros hoy

Estas palabras también nos ofrecen, a los cristianos que poseemos la vida eterna, una seria advertencia espiritual y una enseñanza profunda en dos dimensiones: la reflexión interior y la misión exterior.

① Reflexión interior: Cuidado con la “dureza de corazón que ya tiene decidida la respuesta”.

A menudo, al igual que los miembros del Sanedrín, podemos acercarnos a Dios habiendo decidido de antemano “la respuesta que queremos”.

Aplicación: Debemos examinarnos para ver si, incluso mientras oramos, insistimos secretamente: “Respóndeme de la manera que yo quiero”, o si, al leer la Palabra, aceptamos solamente “las palabras de consuelo que nos agradan” y rechazamos las palabras que reprenden nuestra vida. Debemos arrepentirnos profundamente de esa “dureza de corazón semejante a la de los miembros del Sanedrín” que hay dentro de nosotros: cuando Dios habla, no respondemos con fe debido a nuestra obstinación; y cuando el Espíritu Santo pregunta a nuestra conciencia, fingimos no saber y persistimos en el silencio, sin responder. Debemos dejar de lado nuestros propios pensamientos y privilegios, y mantener un corazón tierno que responda inmediatamente “amén” a la Palabra del Señor.

② Misión exterior: Confíen hasta el final en la soberanía de Dios, quien “transforma el mal en bien”.

Jesús, aun sabiendo plenamente que ellos no creerían ni responderían, declaró con valentía en los versículos 69-70 que Él era el “Hijo del Hombre” y el “Hijo de Dios”.

Aplicación: Cuando proclamamos el evangelio o cumplimos nuestra misión como buenos cristianos en nuestra vida cotidiana, podemos encontrarnos, como José, con situaciones en las que somos injustamente malinterpretados por quienes nos rodean o en las que otros rechazan obstinadamente la verdad. Es fácil desanimarnos y pensar: “¿De qué sirve hablar si no escuchan?”. Sin embargo, como Jesús, debemos continuar hablando silenciosamente la verdad y proclamando la voluntad del Señor allí donde estamos, independientemente de las circunstancias y de la reacción de las personas. Esto se debe a que el resultado pertenece a la soberanía de Dios. El Señor incluso utilizará su incredulidad y su maldad como instrumentos para producir finalmente el gran bien de la “salvación para vida eterna” (internet).

(i) Aquí surgió en mí la siguiente pregunta: En un mundo endurecido que “no cree aunque hablemos y no responde aunque preguntemos”, ¿cómo debemos vivir para proclamar las palabras de Jesús, el verdadero Profeta, confiando únicamente en la soberanía de Dios?

La manera de hacerlo es “traducir la vida de Jesucristo al mundo” mediante nuestras palabras, nuestro carácter y las decisiones de nuestra vida. Así como José, en el Antiguo Testamento, demostró mediante su propia vida la obra de Dios aun en circunstancias injustas, la vida concreta de proclamación que nosotros, quienes poseemos la vida eterna, debemos vivir en medio de un mundo endurecido puede resumirse en tres etapas (internet):

a. Renuncie a “mi voluntad” y proclame primero “Su Palabra” en su propia vida.

Antes de proclamar la Palabra al mundo, debemos permitir que la Palabra del Señor caiga primero sobre nuestro propio corazón endurecido.

Manera de vivir: No permita que la Palabra que medita cada mañana permanezca simplemente como conocimiento. Debemos someter completamente ante el espejo de la Palabra la obstinación que hay dentro de nosotros —“esa parte que no quería creer aunque Dios hablara”— y los deseos egoístas que “querían permanecer en silencio aun cuando el Espíritu Santo preguntara”. Cuando primero nos convertimos en los “primeros oyentes” que obedecen absolutamente la Palabra de Dios, nuestra vida se convierte finalmente en un verdadero canal de proclamación que resuena hacia el mundo.

b. No se desanime por los resultados; muestre la verdad mediante una “fidelidad silenciosa”.

Al igual que Jesús, quien proclamó la verdad con valentía aun sabiendo que los miembros del Sanedrín jamás creerían, y como José, quien no culpó a Dios aun en medio del odio de sus hermanos y de su encarcelamiento, debemos vivir sin permitir que los resultados ni las circunstancias nos gobiernen.

Manera de vivir: No se desanime aunque la gente del mundo se burle del evangelio y ridiculice como necia su decisión de vivir como cristiano. En lugar de permitir que la reacción del mundo —que no cree y no responde— determine nuestras emociones, debemos revelar que Dios está vivo mediante la honestidad, la bondad y la fidelidad silenciosa en nuestra familia y en nuestro lugar de trabajo. El mundo puede taparse los oídos ante un evangelio proclamado solamente con palabras, pero no puede rechazar fácilmente el “testimonio de una vida” que continúa eligiendo la justicia y el amor hasta el final, aun en situaciones injustas.

c. Confíe hasta el final en la “soberanía de Dios”, quien transforma todo mal en bien.

Así como la cruz injusta de Jesús produjo la salvación de la vida eterna, debemos estar convencidos de que el “mal” y las “situaciones injustas” que el mundo pueda infligirnos nunca podrán destruirnos.

Manera de vivir: Cuando lleguen a nuestra vida situaciones injustas o sufrimientos, no debemos responder con la misma ira del mundo ni tratar de resolverlos mediante métodos humanos y engañosos. Debemos tener la santa valentía —el orgullo espiritual— de decir: “Dios está detrás de esta situación y, al final, transformará este mal en bien y lo convertirá en un canal de vida para salvar a alguien”. Mantener la paz en medio del sufrimiento y abrazar, como José, a quienes nos han herido con una actitud de amor sobrenatural es precisamente el testimonio más poderoso ante un mundo endurecido y la proclamación más fuerte del evangelio.

Conclusión en una sola frase: Vivir proclamando las palabras de Jesús, el verdadero Profeta, no significa elevar nuestra voz contra la dureza del mundo, sino dejar tras nosotros las huellas de una vida que, aun en medio de toda injusticia, confía en la “soberanía de Dios” y continúa amando y obedeciendo hasta el final como alguien que posee la “vida eterna” (internet).

(4) En cuarto lugar, Quisiera meditar en el significado de las palabras de Jesús: “Pero desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios” [ἀπὸ τοῦ νῦν δὲ ἔσται ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου καθήμενος ἐκ δεξιῶν τῆς δυνάμεως τοῦ θεοῦ (apo tou nyn de estai ho huios tou anthrōpou kathēmenos ek dexiōn tēs dynameōs tou Theou)] (Lc 22:69).

1. El profundo significado visto desde la expresión griega
“Pero desde ahora” [ἀπὸ τοῦ νῦν δὲ (apo tou nyn de)]

“Apo tou nyn” (ἀπὸ τοῦ νῦν) expresa un poderoso cambio de momento: “desde este mismo instante en adelante, para siempre”. A los ojos humanos, en ese momento Jesús parecía un criminal impotente, atado y siendo interrogado. Sin embargo, en el mundo espiritual significa que, precisamente desde ese momento, el poder de Satanás y de la muerte estaba siendo quebrantado y que comenzaba el glorioso reinado de Jesús.

“El Hijo del Hombre” [ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (ho huios tou anthrōpou)]

Es el título mediante el cual Jesús asume oficialmente la identidad del sobrenatural Juez que aparece en las profecías de Daniel 7:13-14, quien viene con las nubes del cielo y recibe dominio y un reino eternos.

“Estará sentado a la diestra del poder de Dios” [καθήμενος ἐκ δεξιῶν τῆς δυνάμεως τοῦ θεοῦ (kathēmenos ek dexiōn tēs dynameōs tou Theou)]

En la Biblia, la “diestra” simboliza la gloria suprema, la victoria y la autoridad para gobernar. “Estará sentado” significa que, después de completar toda la obra de redención, se sentará como Gobernante y Juez de todo el universo. La sentencia de muerte que dictaría el tribunal ilegal de los hombres no sería el final; más bien, Jesús estaba proclamando que sería el comienzo de su entronización, cuando se sentaría en el trono celestial.

2. La paradoja de la historia de la redención y su conexión con José
Esta declaración muestra el punto culminante de la “soberanía de Dios, quien transforma todo mal en bien y concede vida eterna”.

El mal humano: Anás, Caifás y los miembros del Sanedrín intentaron eliminar completamente a Jesús al crucificarlo.

El bien de Dios: Sin embargo, Dios transformó el tribunal ilegal que ellos habían convocado para crucificar a Jesús en el lugar donde se proclamó ante todo el mundo que Jesús era “Aquel que está sentado a la diestra del poder de Dios”.

Paralelo con José: Cuando José fue arrojado a un pozo por sus hermanos y posteriormente encarcelado en Egipto, aquello no fue el final de José, sino el comienzo de su camino hacia el trono de gobernador de Egipto. De la misma manera, el momento de humillación en que Jesús fue apresado por el Sanedrín fue precisamente el momento en que fue reconocido como el verdadero Salvador que se sentaría en el trono celestial para dar “vida eterna” a toda la humanidad.

3. Aplicación a nuestra vida como personas que poseen la vida eterna

Estas palabras ofrecen un poderoso consuelo y un criterio de vida a los cristianos que experimentamos injusticias y sufrimientos en medio del mundo.

Una “santa confianza” que no se intimida ante la evaluación del mundo

A veces el mundo puede tratarnos como fracasados o burlarse de nosotros por vivir de acuerdo con la Palabra. Sin embargo, lo que nos permite levantar la cabeza es saber que Jesús, en quien creemos, todavía gobierna todo el universo desde “la diestra del poder de Dios”. Al recordar nuestra identidad como hijos del Rey (1 Jn 5:20), podemos mantenernos firmes ante el mundo.

“Confianza” para entregar nuestras injusticias al Señor

Cuando enfrentamos injusticias en la vida y ambientes endurecidos donde nadie cree aunque hablemos, no necesitamos vengarnos derramando nuestra propia sangre ni intentar resolverlo todo por nosotros mismos, porque el Señor sentado a la diestra del poder es nuestro Juez final. Él ciertamente enjugará nuestras lágrimas y, como en la vida de José, transformará todo mal para producir el bien de la vida.

La declaración firme del Señor, “Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios”, es una poderosa promesa que garantiza que nuestra vida presente también terminará finalmente en una gloriosa victoria junto con el Señor (internet).

(a) Al meditar en las palabras “la diestra del poder de Dios” (Lc 22:69), quise recibir la enseñanza que surge al relacionarlas con Romanos 8:34: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”, y con Hebreos 12:2: “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

(i) Al conectar estos tres pasajes, podemos descubrir tres profundas enseñanzas acerca de la gracia y el poder concretos que Jesucristo, sentado a la diestra de Dios, representa hoy en la vida de quienes poseen la vida eterna (internet):

a. Romanos 8:34: Victoria perfecta sobre la condenación y defensa
El Sanedrín acusó a Jesús del delito de “blasfemia”, lo condenó y determinó su muerte. Sin embargo, Jesús, resucitado y sentado a la diestra de Dios, se convirtió en el verdadero Juez que, por el contrario, deja sin poder toda condenación del mundo.

Palabra bíblica: “¿Quién es el que condenará?... Está a la diestra de Dios e intercede por nosotros”.

Enseñanza espiritual: Satanás y el mundo continuamente utilizan nuestro pasado, nuestras debilidades o nuestras circunstancias injustas para condenarnos y desanimarnos. Pero Jesús, el Juez de todo el universo, está a la diestra de Dios e intercede personalmente por nosotros. El tribunal del sumo sacerdote Caifás condenó a Jesús, pero el Señor, Juez del tribunal celestial, ha declarado “no culpables” a quienes están en Él. Por eso podemos recibir libertad espiritual para mantenernos firmes frente a las evaluaciones injustas y las condenaciones del mundo.

b. Hebreos 12:2: La “gloriosa esperanza” que nos permite vencer el sufrimiento y la vergüenza

Jesús experimentó las burlas de los miembros del Sanedrín, los escupitajos y la humillación de que le vendaran los ojos y lo golpearan. Sin embargo, porque vio el gozo celestial que estaba más allá de aquella realidad miserable, soportó la cruz.

Palabra bíblica: “...por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Enseñanza espiritual: Cuando José fue acusado injustamente y encarcelado, o cuando nosotros somos malinterpretados por personas endurecidas que no creen aunque hablemos, podemos experimentar una profunda sensación de vergüenza e injusticia. Pero el lugar a la diestra de Dios es el lugar de gloria final que espera a quien atraviesa el sufrimiento. Los sufrimientos presentes no pueden compararse con la gloria que habrá de manifestarse en nosotros (Ro 8:18). Así como Jesús no tomó en cuenta la vergüenza, atravesó la cruz y se sentó a la diestra del trono, nosotros también podemos aprender la perseverancia espiritual necesaria para terminar la carrera de la fe, sin quedar atrapados por la vergüenza ni por las injusticias de esta tierra, sino mirando solamente a Jesús, quien nos perfecciona.

c. Síntesis de los tres pasajes: El “trono de poder” que transforma todo mal en bien

Cuando reunimos la “diestra del poder” de Lucas, la “intercesión por nosotros” de Romanos y el hecho de que Jesús “se sentó a la diestra del trono” en Hebreos, finalmente llegamos a una confianza absoluta en la soberanía de Dios.

Que Jesús esté sentado a la diestra de Dios significa que Él posee toda autoridad para gobernar el universo. Por muy injusta y malvada que parezca la situación que tenemos delante, el Señor, sentado en el trono de poder, nunca duerme ni se adormece; Él está gobernando esa situación.

El Señor que transformó la maldad del Sanedrín, que intentaba matar a Jesús, en el bien de la salvación de la humanidad, hoy, desde la diestra de Dios, nos defiende, transforma nuestros sufrimientos en gloria y convierte todo mal de nuestra vida en bien para producir el fruto de la vida eterna.

Conclusión de la meditación: El lugar que debemos mirar no es el “Sanedrín” terrenal que nos malinterpreta y condena. Es Jesucristo, quien está a la diestra del poder de Dios, intercediendo por nosotros y preparando una gloriosa victoria. Cuando miramos al Señor, podemos caminar hoy con perseverancia y en silencio como José, y con la misma confianza que Jesús (internet).

(5) En quinto lugar, Cuando los miembros del Sanedrín dijeron: “Entonces, ¿eres tú el Hijo de Dios?”, Jesús respondió: “Vosotros decís que yo soy” [Ὑμεῖς λέγετε ὅτι ἐγώ εἰμι (hymeis legete hoti egō eimi)] (Lc 22:70). Me llamó especialmente la atención la expresión “yo soy” [“Yo soy” (ἐγώ εἰμι, egō eimi)], porque recordé las siete declaraciones de Jesús en el Evangelio de Juan en las que Él dice “Yo soy” [ἐγώ εἰμι (egō eimi)]. ¿Qué clase de “Yo soy” (egō eimi) debería llegar a ser esta declaración de Jesús para nosotros, sus discípulos?

1. “Yo soy” [ἐγώ εἰμι (egō eimi)] es precisamente el nombre divino con el que Dios se reveló en Éxodo 3:14: “YO SOY EL QUE SOY (I AM WHO I AM)”. Incluso ante la sentencia de muerte pronunciada por el Sanedrín, Jesús proclamó este nombre con valentía. Compartamos, relacionándola con las siete declaraciones de Juan, la manera concreta en que esta declaración debería experimentarse y confesarse como nuestro propio “egō eimi” hoy, como discípulos del Señor que poseemos la vida eterna (Las siete declaraciones “Yo soy” de Juan y la confesión “egō eimi” del discípulo) (internet):

a. “Yo soy el pan de vida” (Jn 6:35)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es la única satisfacción de mi alma (egō eimi)”.

Aplicación a la vida: Dejaré de perseguir las riquezas materiales, el honor y el éxito del mundo como si pudieran satisfacer mi hambre. Viviré una vida de contentamiento, satisfecho solamente con Jesús, quien me da vida eterna, y disfrutaré cada día de la abundancia espiritual que el mundo no puede dar.

b. “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8:12)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es la única guía (egō eimi) que ilumina mi vida oscura”.

Aplicación a la vida: Cuando se acerquen la oscuridad del temor y la ansiedad acerca del futuro o la oscuridad de las circunstancias injustas, no dependeré de mi experiencia ni de mis estrategias humanas. Seguiré silenciosamente solamente la Palabra del Señor, que es lámpara para mis pies y luz para mi camino (la proclamación del verdadero Profeta), y viviré como hijo de luz en el mundo.

c. “Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10:7)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es mi único refugio y lugar seguro (egō eimi)”.

Aplicación a la vida: Por mucho que el mundo intente sacudirme y condenarme injustamente, estaré convencido de que ya he entrado por la puerta de salvación que es Jesús y que estoy seguro en Él. Mantendré fuera las tentaciones y las voces peligrosas del mundo, y disfrutaré de la verdadera paz y descanso en el Señor.

d. “Yo soy el buen pastor” (Jn 10:11)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es quien me guía por el mejor camino y quien está a cargo de mi vida (egō eimi)”.

Aplicación a la vida: Así como Dios, el Pastor, estuvo con José cuando pasó por el pozo y la prisión, confiaré en la perfecta dirección del Señor, el Buen Pastor, que está detrás de mi vida transformando todo mal en bien. Aunque en ocasiones atraviese el valle de sombra de muerte, no me desanimaré, sino que confiaré en la vara y el cayado del Señor.

e. “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es el poder (egō eimi) que transforma toda mi desesperación en esperanza”.

Aplicación a la vida: No me desanimaré ante situaciones que parecen “muertas”, no solamente ante la muerte física, sino también ante relaciones destruidas, situaciones financieras desesperadas o circunstancias quebrantadas de mi vida. Creeré y proclamaré la esperanza de que el Señor, que es la resurrección y la vida eterna, volverá a infundir el aliento de vida en todos los lugares de mi vida que están muriendo.

f. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es la única dirección y el único valor (egō eimi) por los que debo caminar”.

Aplicación a la vida: En un mundo endurecido que no cree aunque hablemos y no responde aunque preguntemos, no transigiré ni vagaré sin rumbo. Me aferraré firmemente a Jesucristo, el único camino y la verdad inmutable, y caminaré con valentía por el camino estrecho, con una santa confianza, como alguien que posee la vida eterna.

g. “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15:1)

Confesión del discípulo: “Solo Jesús es la fuente de vida (egō eimi) a la que debo permanecer unido en cada momento”.

Aplicación a la vida: No lucharé desesperadamente para producir buenos frutos mediante mi propia fuerza y esfuerzo. Permaneceré completamente en el Señor como una rama permanece en la vid, uniéndome profundamente a Él mediante la Palabra y la oración. Entonces creo que, por medio de mi vida, la “vida eterna” fluirá naturalmente hacia las almas que están muriendo a mi alrededor y producirá fruto.

Conclusión de la meditación: El “egō eimi” que debe escucharse en el mundo a través de la vida del discípulo
La razón por la que Jesús proclamó con valentía ante el Sanedrín: “Yo soy (egō eimi)”, es que esa verdad es la única vida capaz de salvar a todo el universo.

Cuando hoy vivimos estas siete características e identidades del Señor en medio de un mundo endurecido, las personas del mundo verán que tenemos paz aun en medio de la injusticia, valentía aun en medio del sufrimiento y gozo aun en medio de la vergüenza, y preguntarán: “¿Quién es ese Jesús en quien usted cree para que pueda vivir así?”

Entonces podremos proclamar al mundo mediante nuestra vida y nuestros labios:

“¡El Jesús en quien creo es precisamente el pan de tu alma, la luz, la puerta, el pastor, la resurrección, el camino y la vid verdadera (egō eimi)!”

(a) Oración final de decisión y proclamación dirigida al Señor del “egō eimi”

"Padre celestial:

Alabamos la gran soberanía de Dios, quien, aun en medio del mal y la injusticia acumulados de este mundo —representados por Anás, Caifás y el Sanedrín—, llevó a cabo el gran bien de la historia de la redención: la salvación de la vida.

Así como transformaste el sufrimiento de José en el trono de gobernador y mediante ello salvaste a su familia, confiamos en tu perfecta providencia, por medio de la cual transformaste la vergüenza de la cruz de Jesús en la gloria de la diestra del trono celestial y nos diste vida eterna.

En este momento, guardo en mi corazón la voz del Señor, quien, aun ante la sentencia de muerte del Sanedrín, proclamó con valentía que Él era el Hijo del Hombre, el Juez de todo el universo, el Hijo de Dios, y que Él era “Yo soy (egō eimi)”.

Proclamo que aquella autoridad divina y aquella vida eterna que el mundo nunca pudo encerrar, aunque se burlara y ridiculizara al Señor, son hoy el poder de mi vida al confesar a Jesús como el Cristo.

Comienzo esta semana en medio de un mundo endurecido que “no cree aunque hablemos y no responde aunque preguntemos”.

Aunque en ocasiones, como José, sea víctima de injusticias, y aunque, como Jesús, me encuentre frente a situaciones injustas, no permitas que me desanime ni que me intimide ante los tribunales de esta tierra o ante la evaluación del mundo.

Haz que mire a Jesucristo, quien ya completó toda la obra de redención, está sentado a la diestra del poder de Dios e intercede personalmente por mí.

Así como nuestro Señor venció sin tomar en cuenta la condenación y la vergüenza del mundo, mirando al gozo celestial, permite también que yo termine la carrera de la fe con una santa confianza espiritual.

Proclamo al Señor que es el “egō eimi” de mi alma.

Esta semana, no buscaré satisfacción en el alimento perecedero del mundo, sino que estaré satisfecho solamente con el Señor, el Pan de Vida.

No vagaré en medio de una realidad oscura, sino que caminaré siguiendo únicamente la Palabra del Señor, la Luz del mundo.

Aun en medio de las acusaciones y amenazas de Satanás, disfrutaré de la paz en los brazos del Señor, quien es la segura Puerta de las ovejas.

Aunque atraviese el valle de sombra de muerte, confiaré absolutamente en el Buen Pastor, quien transformará todo mal en bien.

Aun frente a situaciones desesperadas que parecen estar muertas, proclamaré la esperanza del Señor, quien es la Resurrección y la Vida.

Aun frente a las tentaciones de transigir con un mundo endurecido, mantendré mis ojos fijos únicamente en el Señor, quien es el único Camino, la Verdad y la Vida.

Permite que permanezca completamente unido al Señor, la Vid Verdadera, no dependiendo de mis propias fuerzas, para que mediante mi vida se produzca el fruto de la vida eterna.

Haz que primero sea yo el primer oyente que obedece inmediatamente la Palabra del Señor y que, al elegir la fidelidad silenciosa y el amor que perdona aun en medio de la injusticia, mi propia vida se convierta en un santo canal de proclamación que traduzca al mundo las palabras de Jesús, el verdadero Profeta.

Haz que, al ver las huellas de mi vida, las personas experimenten una obra de vida que las lleve a confesar: “¡Jesús es verdaderamente el Hijo del Dios viviente!”

En el nombre de Jesucristo, el Rey que aún hoy gobierna el mundo desde la diestra del trono, proclamo y oro.

Amén. (internet)





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