Sobre el conflicto
conyugal
A. Una de las
cosas que aprendemos a través del conflicto conyugal es cómo hacer que nuestras
diferencias individuales sean *complementarias*, creando así una situación en
la que *ambos ganan*.
B. Los
beneficios del conflicto conyugal incluyen...
1.
Saca a la luz nuestras diferencias.
2.
Nos permite ver con claridad las deficiencias del otro.
3.
Expone nuestra naturaleza pecaminosa.
4.
Nos permite comprender mejor la crianza y los
antecedentes del otro.
5.
Revela los hábitos, los rasgos de personalidad y los
valores de cada uno.
6.
Nos ayuda a descubrir lo que verdaderamente deseamos el
uno del otro.
7.
Nos enseña qué palabras y acciones debemos evitar al
interactuar entre nosotros.
C. Para hacer
del conflicto conyugal una experiencia constructiva...
1.
Debemos reconocer nuestras diferencias y aprender
gradualmente a aceptarlas.
2.
Al reconocer las deficiencias del otro, debemos hacer un
esfuerzo consciente por centrarnos con mayor intensidad en las fortalezas del
otro —y expresar gratitud y elogios por ellas—, trabajando así para
complementar las debilidades del otro.
3.
Al reconocer nuestra naturaleza pecaminosa, debemos
apoyarnos aún más profundamente en el poder de la muerte sacrificial de
Jesucristo en la cruz y en Su sangre derramada; tal como el Señor nos ha
perdonado a nosotros, nosotros —como pareja— debemos perdonarnos mutuamente.
4.
A medida que aprendemos sobre los antecedentes del otro y
comprendemos mejor a nuestros respectivos padres, nosotros —como pareja—
debemos servir de puente que conecte a nuestras dos familias y fomente una
relación armoniosa entre nuestros suegros.
5.
Al descubrir los hábitos, los rasgos de personalidad o
los valores del otro, debemos abstenernos de intentar forzar cambios o de
culpar; en su lugar, debemos ejercer un juicio sensato fundamentado en la
Palabra de Dios y —actuando con fe— orar el uno por el otro, esperando
pacientemente con una expectativa llena de esperanza.
6.
Debemos dejar de lado nuestras exigencias personales y,
discerniendo lo que nuestra pareja verdaderamente *necesita*, dedicarnos a
satisfacer esas necesidades específicas.
7.
Para evitar infligirnos dolor mutuamente mediante
nuestras palabras o acciones —y deseando sinceramente el fruto del Espíritu
Santo, que es el dominio propio—, no debemos limitarnos a esforzarnos por
determinar qué *deberíamos* decir o hacer; Más bien, debemos aprender con
diligencia y humildad de qué palabras y acciones *debemos abstenernos* de
dirigirnos mutuamente, y luego poner ese entendimiento en práctica.
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