Mis reflexiones sobre los problemas y crisis familiares
Al mirar hoy retrospectivamente la reunión de ayer y
plasmar mis pensamientos por escrito, quisiera resumir algunos puntos que han
acudido a mi mente:
1. Dado que
los problemas familiares son profundamente personales, creo que inevitablemente
infligen heridas profundas y causan un estrés inmenso.
2. Creo que
los problemas familiares nos hacen tomar plena conciencia de los límites de
nuestra naturaleza humana.
3. Creo que,
sin la ayuda de Dios, los problemas familiares pueden, en efecto, parecer
situaciones totalmente desesperanzadoras.
4. Creo que
debemos ver las crisis familiares como oportunidades concedidas por Dios
—sobrellevándolas con fe y paciencia—, mientras confiamos únicamente en Él y
presentamos nuestras súplicas ante Él.
5. Creo que
esta «oportunidad» reside en la manera en que Dios utiliza las crisis
familiares para obrar una transformación: transformando por igual a la pareja,
a los padres y a los hijos.
6. Creo que
uno de los elementos fundamentales de esta transformación es el quebrantamiento
y la fragmentación del ego; a través de este proceso, Dios nos conduce a
depositar nuestra fe y confianza plenas únicamente en Él, permitiéndonos, en
última instancia, saborear Su bondad: esa bondad mediante la cual Él hace que
todas las cosas obren para bien (Romanos 8:28; Salmos 34:8).
7. A medida
que depositamos una confianza cada vez mayor en Dios, recibimos la inmensa
gracia y bendición de llegar a «estar quietos y saber que Él es Dios» (Salmos
46:10).
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