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唯有当我们为了爱一个灵魂、拯救一个灵魂,而甘愿约束自己、谦卑自己时,世人才会透过我们看见真光耶稣基督的品格。

  唯有 当 我 们为 了 爱 一 个灵 魂、拯救一 个灵 魂,而甘愿 约 束自己、 谦 卑自己 时 ,世人才 会 透 过 我 们 看 见真 光耶 稣 基督的品格。       “ 道成了肉身,住在我 们 中 间 ,充充 满满 地有恩典有 真 理。我 们 也 见 过 他的 荣 光,正是父 独 生子的 荣 光。 约 翰 为 他作 见 证 ,喊着 说 : ‘ 这 就是我曾 说 : “ 那在我以后 来 的,反成了在我以前的,因他本 来 在我以前。 ”’   从 他丰 满 的恩典里,我 们 都 领 受了,而且恩上加恩。律法本是借着摩西 传 的;恩典和 真 理都是由耶 稣 基督 来 的。 从来没 有人看 见 神,只有在父 怀 里的 独 生神 将 他表明出 来 。 ” ( 约 翰福音 1:14–18 )     (1)   今天, 当 我同 时 默想 约 翰福音 1:14–18 的 韩 文 圣 经 和希腊文原文 时 ,首先特 别 吸引我注意, 并 且使我想更具体深入默想的是 这 句 话 : “ 道成了肉身,住在我 们 中 间 ” [ ὁ Λόγος σ ὰ ρξ ἐ γένετο, κα ὶ ἐ σκήνωσεν ἐ ν ἡ μ ῖ ν (ho Logos sarx egeneto, kai eskēnōsen en hēmin)] ( 14 节 )。 这 里有三点特 别 引起我的注意。 第一,第 14 节 所 说 的 “ 道 ” ,就是使徒 约 翰在第 1 节 已 经 提到的那一位 “ 道 ” 。因此我 开 始思考: 第 1 节 的 “ 道 ” 与 第 14 节 的 “ 道 ” 究竟有什 么 不同? 第二,我特 别 注意希腊文 ** ἐ γένετο (egeneto) ,即 “ 成 为 ”** 这个词 的确切含 义 。因 为 使徒 约 翰在他的福音 书 中多次使用 这个词 ,所以我想更深入地理解 它 。 第三,我也特 别 注意希腊文 ** ἐ σκήνωσεν (eskēnōsen) ,即 “ 住在 ” 这个词 。我想知道 这个词与 神 学 上所 说 的 “ 神在我 们 中 间 支搭 帐 幕 ”** 究竟有什 么关 系。   ...

Solo cuando voluntariamente nos limitamos y nos humillamos para amar y salvar aunque sea a una sola alma, el mundo podrá contemplar a través de nosotros el carácter de Jesucristo, la Luz verdadera.

 

Solo cuando voluntariamente nos limitamos y nos humillamos para amar y salvar aunque sea a una sola alma, el mundo podrá contemplar a través de nosotros el carácter de Jesucristo, la Luz verdadera.

 

 

 

 

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.  Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.  A Dios nadie le vio jamás; el Dios unigénito, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:14–18).

 

 

(1)    Al meditar hoy en Juan 1:14–18 tanto en la Biblia coreana como en el texto griego, las primeras palabras que llamaron especialmente mi atención y en las que quisiera meditar más concretamente son: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” [ὁ Λόγος σὰρξ ἐγένετο, καὶ ἐσκήνωσεν ἐν ἡμῖν (ho Logos sarx egeneto, kai eskēnōsen en hēmin)] (v. 14).  En estas palabras, tres cosas en particular llamaron mi atención.  Primero, puesto que el “Verbo” mencionado en el versículo 14 es el mismo “Verbo” del que el apóstol Juan ya habló en el versículo 1, surgió en mí esta pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el “Verbo” del versículo 1 y el “Verbo” del versículo 14?  Segundo, me interesa el significado concreto de la palabra griega ἐγένετο (egeneto), “se hizo”. Me surgió esta curiosidad porque el apóstol Juan utiliza esta palabra con frecuencia en su Evangelio.  Tercero, me interesa la palabra griega ἐσκήνωσεν (eskēnōsen), “habitó”. Quisiera comprender qué relación tiene esta palabra con la expresión teológica de que “Dios puso su tabernáculo en medio de nosotros”.

 

(a)    La declaración de Juan 1:14, “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, constituye el corazón mismo de la fe cristiana y el grandioso clímax del prólogo del Evangelio de Juan.  Las tres preguntas que he planteado son también claves teológicas muy precisas y profundas que nos permiten adentrarnos en el misterio de la Encarnación.  A continuación se presenta una explicación concreta y comprensible basada en el significado del texto original y en su contexto dentro de la historia de la redención.

 

1.      La diferencia entre el “Verbo” de Juan 1:1 y el “Verbo” de Juan 1:14: de la “eternidad fuera del tiempo” a la “historia dentro del tiempo”

 

El “Verbo” que el apóstol Juan menciona en el versículo 1 y el “Verbo” del versículo 14 son, ontológicamente, el mismo Dios Hijo. Sin embargo, los dos versículos muestran un extraordinario avance en la historia de la redención con respecto al estado en que Él se manifiesta y al momento histórico en que aparece.

 

Juan 1:1 → El Verbo trascendente

 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios…”

 

En esta etapa, el Verbo trasciende el tiempo, el espacio y el mundo material, y existe eternamente con Dios Padre en su plena divinidad.  Es el Verbo que habita en una esfera de gloria a la que ninguna criatura podría acceder por sí misma.

 

Juan 1:14 → El Verbo inmanente

 

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…”

 

El Verbo eterno y trascendente entró personalmente en la historia humana, en el tiempo humano y en el espacio limitado de la existencia humana.  Este es el inmenso acontecimiento en el cual Dios se hizo hombre.

 

La diferencia fundamental puede expresarse de esta manera: Si el versículo 1 enfatiza al Verbo como Dios Creador, a quien debemos mirar con adoración, el versículo 14 enfatiza al Verbo como Jesucristo el Salvador, quien se humilló para que pudiéramos verlo con nuestros ojos y tocarlo con nuestras manos.  Es el despliegue del amor divino en el cual la infinitud de la eternidad entró voluntariamente en la finitud de la carne humana.

 

2.      El significado concreto de “se hizo” [ἐγένετο (egeneto)] y su uso en el Evangelio de Juan

 

La palabra griega ἐγένετο (egeneto), “se hizo”, es una forma aorista del verbo γίνομαι (ginomai), que significa “llegar a ser”, “venir a existir”, “suceder” o “nacer”.  La manera en que el apóstol Juan utiliza esta palabra revela una distinción teológica muy clara.

 

El contraste entre “era” [ἦν, ēn] y “se hizo” [ἐγένετο, egeneto]

 

En Juan 1, el apóstol Juan distingue cuidadosamente entre estos dos verbos.

 

Cuando habla de Dios y de la existencia eterna del Verbo, utiliza ἦν (ēn), “era”, indicando una existencia que ya estaba allí (vv. 1, 2, 4, 10).

 

Por el contrario, cuando habla de las cosas creadas que comienzan a existir, utiliza ἐγένετο (egeneto), “llegó a existir”.  El versículo 3 dice: “Todas las cosas por medio de él fueron hechas [ἐγένετο].”

El sorprendente significado de “se hizo carne” en el versículo 14

 

Esto deja claro que Jesús no existió eternamente como carne, es decir, como ser humano.  Más bien, Aquel que eternamente existía como Dios entró, en un momento determinado de la historia, en una condición de existencia que anteriormente no había asumido: la verdadera humanidad.

 

No fue un cambio de esencia, sino la asunción de la naturaleza humana

 

Esto no significa que Dios abandonara su divinidad y se transformara en un ser humano.  Conservando plenamente su divinidad, asumió una verdadera naturaleza humana.  Así, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.  Esta es una de las declaraciones cristológicas centrales del Evangelio de Juan.

 

3.      “Habitó” [ἐσκήνωσεν (eskēnōsen)] y el Tabernáculo del Antiguo Testamento

 

La palabra griega traducida como “habitó” en el versículo 14, ἐσκήνωσεν (eskēnōsen), proviene de σκηνόω (skēnoō), que significa “poner una tienda”, “habitar en una tienda” o “hacer tabernáculo”.  Esta palabra está directamente relacionada con la tradición del Tabernáculo del Antiguo Testamento.

 

Su relación con el Tabernáculo del libro de Éxodo

 

Cuando el pueblo de Israel caminaba por el desierto, Dios ordenó que construyeran el Tabernáculo en medio de ellos, y allí manifestó su gloriosa presencia.  Al contemplar el Tabernáculo, los israelitas podían reconocer visiblemente: “¡Dios está habitando en medio de nosotros!”  En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el tabernáculo se denomina σκηνή (skēnē).

 

La Encarnación es la aparición del verdadero Tabernáculo

 

Por lo tanto, cuando el apóstol Juan dice que Jesús “habitó [ἐσκήνωσεν] entre nosotros”, literalmente que “puso su tienda entre nosotros”, está declarando que la humanidad de Jesucristo es el verdadero Tabernáculo que Dios levantó en medio del mundo humano.

 

El tabernáculo del desierto era una tienda temporal hecha de telas, y la presencia de Dios estaba oculta en el Lugar Santísimo.  Pero ahora, mediante Jesucristo, el Dios encarnado de verdadera carne y sangre, Dios mismo ha venido a poner su tienda entre nosotros.  Ya no encontramos a Dios simplemente mediante un edificio sagrado, sino que encontramos a Dios a través de Jesucristo y recibimos la gracia de contemplar su gloria.

 

Resumen de la meditación de hoy en una sola frase:

 

El Verbo que desde la eternidad trascendía todas las cosas (v. 1) entró en la historia humana asumiendo una humanidad que antes no había asumido (egeneto) y, como el Tabernáculo en el desierto, puso personalmente su tienda en medio de nuestras vidas (eskēnōsen), llevando así a su plenitud la gracia de Emanuel.

 

Aun hoy, ese Señor habita en medio de la tienda de nuestra vida. Conoce todas nuestras debilidades y se compadece personalmente de nosotros.

 

(i)                  Aquí surge en mí otra pregunta: ¿Qué significa concretamente afirmar que el “Verbo trascendente” se convirtió en el “Verbo inmanente”, y que esto representa el despliegue de un amor en el cual la infinitud de la eternidad se limitó voluntariamente dentro de la finitud de la carne humana?  Y ¿cómo debemos nosotros, como discípulos de Jesús, poner en práctica este amor que voluntariamente se limita a sí mismo?  El concepto de “un amor en el cual lo infinito se limita voluntariamente dentro de lo finito” expresa de manera hermosa los misterios de la Humillación y de la Kenosis, o autovaciamiento, de Jesucristo.  ¿Qué significa concretamente este amor, y cómo podemos practicarlo en nuestra vida como discípulos de Jesús?

a.      El significado concreto del “amor que se limita voluntariamente”

 

Este amor significa que Dios Creador, quien gobierna todo el universo, voluntariamente restringió el ejercicio de sus derechos y su poder para salvar a los seres humanos, sus criaturas.

 

La limitación del tiempo y del espacio: El Dios infinito, que existe desde la eternidad y llena todo el universo, se hizo hombre y entró en las limitaciones de un pequeño espacio geográfico, la Judea del primer siglo, y en las limitaciones temporales de la existencia humana.  Al hacerse verdaderamente hombre, entró voluntariamente en las limitaciones espaciales y temporales de nuestra condición humana.

 

La limitación física: El Dios que nunca se cansa tomó un cuerpo humano y experimentó hambre.  Sintió cansancio y durmió en la popa de una barca.  Finalmente, cuando fue azotado, derramó sangre, y en la cruz experimentó plenamente el sufrimiento físico.  No entró en estas limitaciones porque careciera de poder, sino porque voluntariamente quiso entrar en nuestra condición para compadecerse de nosotros y salvarnos.

 

La restricción de sus derechos soberanos: Aunque Jesús tenía autoridad para convocar ángeles contra quienes habían venido a arrestarlo (Mt. 26:53), soportó en silencio las burlas y los escupitajos de los pecadores y se sometió al juicio de sus propias criaturas.  Por lo tanto, este amor es un amor que no utiliza todo el poder que posee.  Es un amor profundamente humilde que voluntariamente renuncia al ejercicio de sus derechos y su poder para descender al nivel de la otra persona.

 

b.      Cómo practicar concretamente este amor como discípulos

 

El apóstol Pablo exhorta en Filipenses 2:5: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”  Nos llama a imitar al Señor encarnado practicando en nuestra vida cotidiana este amor que voluntariamente se limita a sí mismo.

 

①   Limitar nuestras palabras: renunciar al “derecho de decirlo todo”

 

Situación: En el hogar, en el trabajo o en la iglesia, puede haber ocasiones en que yo tenga toda la razón y la otra persona esté equivocada. También puede suceder que alguien me malinterprete injustamente.  En esos momentos queremos utilizar todo nuestro conocimiento y toda nuestra capacidad verbal para derrotar al otro o defendernos.

 

Práctica: En ese momento, el discípulo de Jesús limita voluntariamente sus labios.  Aunque tenga la capacidad y el derecho de pronunciar palabras duras pero correctas que avergonzarían a la otra persona, o de derramar palabras ásperas expresando mis emociones, por amor a esa alma puedo escoger el silencio o responder únicamente con una palabra amable.  Esta es la encarnación de nuestras palabras.

 

②   Limitar nuestro tiempo y nuestra energía: ceder “el territorio de mi agenda”

 

Situación: Las personas modernas desean controlar perfectamente su tiempo para el desarrollo personal, el descanso, los pasatiempos y sus propios planes. Nos disgusta profundamente que alguien invada nuestro tiempo y nuestra energía.

 

Práctica: Sin embargo, la vida del discípulo consiste en limitar voluntariamente y entregar nuestro tiempo y nuestra energía por amor a otras almas.  Aunque estemos cansados y queramos descansar, hacemos tiempo para escuchar a un hermano o una hermana desanimados.  Limitamos la comodidad de nuestro fin de semana para servir a la iglesia y a nuestros vecinos.  Así como el Señor puso su tienda en medio de nuestra vida, nosotros también trasladamos la tienda de nuestra vida al lugar del dolor de otra persona.

 

③   Limitar nuestras emociones y actitudes: descender “al nivel del débil”

 

Situación: Cuando nos encontramos con alguien más débil que nosotros—una persona débil en la fe, más joven o de una posición inferior—podemos imponer fácilmente nuestros propios criterios o esperar que nos traten de manera especial.

 

Práctica: Así como el Señor se hizo “carne” y descendió al nivel de pecadores como nosotros, también debemos bajar voluntariamente la altura de nuestros propios criterios para soportar la debilidad y la inmadurez de la otra persona.  Intentamos comprenderla desde su propia situación.  No presumimos de nuestro conocimiento ni de nuestra experiencia.  Adoptamos la actitud de un siervo y nos humillamos para que la otra persona pueda sentirse segura y cómoda.

 

Conclusión de esta meditación:

 

La Encarnación de Jesús no fue un acontecimiento en el que quedó limitado porque careciera de poder.  Entró voluntariamente en nuestra finitud porque nos amó.  Hoy, aunque tengamos la capacidad de defender nuestro orgullo y el derecho de hacer valer nuestras prerrogativas, cuando voluntariamente nos limitamos y nos humillamos con el único propósito de amar y salvar aunque sea a una sola alma, el mundo podrá contemplar a través de nosotros el carácter de Jesucristo, la Luz verdadera.

 

(2)    En segundo lugar, quisiera meditar conjuntamente en estas dos declaraciones: “Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”
[
ἐθεασάμεθα τὴν δόξαν αὐτοῦ, δόξαν ὡς μονογενοῦς παρὰ πατρός, πλήρης χάριτος καὶ ἀληθείας] (Juan 1:14), Y “La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”
[
ἡ χάρις καὶ ἡ ἀλήθεια διὰ Ἰησοῦ Χριστοῦ ἐγένετο] (v. 17).  Quiero considerar estos dos versículos juntos porque la expresión “gracia y verdad” [χάρις καὶ ἀλήθεια] aparece repetidamente en ambos.  ¿Qué significa?

 

(a)    El hecho de que el apóstol Juan proclame repetidamente “gracia y verdad” en los versículos 14 y 17 constituye un resumen central del Evangelio de Juan, porque estas dos realidades revelan tanto la identidad divina del Jesucristo encarnado como el cumplimiento perfecto de su obra.

 

1.      El cumplimiento perfecto del Antiguo Testamento: la manifestación del “hesed y emet” de Yahvé

 

En el Antiguo Testamento, especialmente en Éxodo 34:6, cuando Dios pasó delante de Moisés y reveló su propio carácter, se proclamó misericordioso y clemente, lento para la ira y abundante en amor fiel [hesed, חֶסֶד] y fidelidad [emet, אֱמֶת].

 

Por lo tanto, cuando Juan declara que Jesús está “lleno de gracia y de verdad”, proclama que el carácter esencial de Yahvé Dios se ha manifestado ahora visible y perfectamente en Jesucristo encarnado.

 

2.      La supremacía de la gracia revelada mediante el contraste estructural: el evangelio y la Ley de Moisés

 

Juan 1:17 declara: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”  La Ley dada por medio de Moisés exponía el pecado humano y revelaba su realidad, pero por sí misma no podía dar vida fundamentalmente a la humanidad pecadora.  Sin embargo, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

 

La gracia manifiesta el amor de Dios que perdona a los pecadores sin mérito propio, mientras que la verdad señala la realidad definitiva mediante la cual Cristo resuelve completamente el problema del pecado y conduce al pecador a Dios.  Jesucristo es quien lleva la salvación a su cumplimiento.

 

3.      De la “plenitud esencial” del versículo 14 al “derramamiento histórico” del versículo 17

 

El versículo 14 describe quién es Cristo: Jesucristo está “lleno [πλήρης, plērēs] de gracia y de verdad.”

 

El versículo 17 describe su obra: Esa gracia y esa verdad han entrado ahora en la historia humana por medio de Jesucristo.

 

La belleza divina que está plenamente presente en Cristo se ha derramado hacia nosotros mediante su venida al mundo y se ha convertido en una realidad salvadora que podemos recibir y experimentar.

 

Resumen y enseñanza en una frase:

 

El amor fiel y la fidelidad prometidos por el Dios del Antiguo Testamento—la gracia y la verdad—fueron dados en su realidad perfecta dentro de la historia humana únicamente por medio de Jesucristo, y el tesoro que está lleno en Él se ha convertido ahora en el poder salvador del evangelio para nosotros.

 

Cuando contemplamos a Jesús, vemos al mismo tiempo el cálido abrazo de la gracia de Dios y la realidad inconmovible de su verdad.

 

(3)    En tercer lugar, quiero meditar sobre Juan 1:16: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” [ὅτι ἐκ τοῦ πληρώματος αὐτοῦ ἡμεῖς πάντες ἐλάβομεν, καὶ χάριν ἀντὶ χάριτος].   

 

(a)    Este versículo proclama las riquezas inagotables de la salvación que fluyen de Jesucristo encarnado y el extraordinario privilegio de los creyentes que reciben esa gracia.

1.      “De su plenitud”: recibir de una fuente divina que nunca se agota

 

La palabra griega πληρώματος (plērōmatos), “plenitud”, describe una plenitud completa, a la que nada le falta.

 

Jesucristo posee una plenitud inagotable de misericordia, vida, amor y sabiduría divinos.  Todo lo que necesitamos para la salvación, para nuestra vida cotidiana y para nuestra vida espiritual procede de esa plenitud inagotable.  Nuestros recursos humanos son limitados.  Los recursos de Jesucristo, de quien recibimos, son inagotables.

 

2.      “Gracia sobre gracia”: las olas continuas de la gracia

 

La expresión griega es: χάριν ἀντὶ χάριτος (charin anti charitos).  Literalmente puede transmitir la idea de “gracia en lugar de gracia”, es decir, una gracia sucediendo a otra.  La preposición ἀντί (anti) puede significar “en lugar de” o “a cambio de”.

 

Por eso, la imagen no es simplemente la de gracia acumulándose capa sobre capa, sino también la de una gracia que continuamente es sucedida por otra.  Es como estar en la playa: una ola pasa y otra inmediatamente vuelve a llegar.  La gracia de Dios nunca cesa.

 

3.      Tres poderosas enseñanzas para nosotros

 

① “Para los hijos de Dios no existe agotamiento ni escasez de gracia”

 

Cuando nos faltan recursos materiales, nuestra salud se debilita o las personas nos hieren, podemos desanimarnos y preguntar: “¿Por qué mi vida está tan seca y llena de carencias?”  Pero la Palabra de hoy declara que somos personas que continuamente reciben “de su plenitud”.  Cuando mis recursos físicos y emocionales se agotan, debo volver a mirar al Señor, quien es la fuente inagotable de todo lo que necesito.

 

② “No podemos vivir hoy de la gracia de ayer. Hoy viene a nosotros nueva gracia”

Las grandes experiencias de gracia que recibimos en el pasado no pueden sustituir nuestra dependencia de Dios hoy.  Así como Israel tenía que recoger maná nuevo cada mañana en el desierto, los creyentes necesitan cada día las nuevas misericordias del Señor.  Por eso, hoy también debemos esperar algo nuevo del Señor.

 

③ “Debemos convertirnos en canales por los cuales la plenitud recibida fluya nuevamente hacia el mundo”

 

El Señor no nos llenó para que solo nosotros permaneciéramos llenos.  Juan dice: “Todos recibimos.”  Las olas de la gracia deben fluir por medio de la iglesia, de la comunidad de los creyentes y de cada uno de nosotros hacia el mundo.  Si recibo continuamente del Señor “gracia sobre gracia”, mis vecinos y mi familia también deberían experimentar algo de la gracia del Señor por medio de mí.  Quiero convertirme en un canal por el cual la ola de amor que ha llegado hasta mí riegue el corazón seco de otra persona.

 

Mi confesión final de esta meditación:

 

“La copa de mi vida rebosa hoy por la plenitud inagotable del Señor, y a la orilla de mi vida siguen llegando, día tras día, nuevas olas de su gracia.” 

 

Por enormes que parezcan los problemas y las preocupaciones que enfrento hoy, ante la plenitud eterna de Jesucristo son solamente pequeños castillos de arena.  Deseo vivir hoy con valentía y paz por medio de esa fiel e incesante “gracia sobre gracia” que Él me concede momento tras momento.

 

(4)    En cuarto lugar, quisiera meditar en Juan 1:18: “A Dios nadie le vio jamás; el Dios unigénito, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” [Θεὸν οὐδεὶς ἑώρακεν πώποτε· μονογενὴς Θεὸς ὁ ὢν εἰς τὸν κόλπον τοῦ Πατρὸς ἐκεῖνος ἐξηγήσατο]. 

 

(a)    Al meditar especialmente en la expresión “el Dios unigénito” [μονογενὴς Θεὸς], también me surgió la pregunta de cuál es su relación con la expresión del versículo 14: “la gloria como del unigénito del Padre” [δόξαν ὡς μονογενοῦς παρὰ πατρός].  Juan 1:18 constituye la conclusión final y gloriosa del prólogo del Evangelio de Juan (1:1–18).  El “unigénito del Padre” del versículo 14 y el “Dios unigénito” del versículo 18 forman dos confesiones cristológicas estrechamente relacionadas que revelan quién es realmente Jesucristo encarnado.

 

1.      La perfecta unidad de identidad: el “unigénito” es Dios

 

La lectura μονογενὴς Θεός (monogenēs Theos), “el Dios unigénito”, está atestiguada en varios manuscritos antiguos importantes.  Juan presenta a Cristo en el versículo 14 como el unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.  Después, al concluir el prólogo en el versículo 18, identifica a este Hijo único como Dios.

 

De esta manera, la identidad del Hijo en el versículo 14 se conecta directamente con la declaración del versículo 1: “El Verbo era Dios.”  Jesucristo es el Hijo divino que revela de manera única al Padre.

 

2.      La perfección de la intimidad: de “procedente del Padre” a “en el seno del Padre”

 

Versículo 14: παρὰ πατρός (para patros) enfatiza que el unigénito viene del Padre.

 

Versículo 18: ὁ ὢν εἰς τὸν κόλπον τοῦ Πατρὸς habla de Aquel que está “en el seno del Padre”.  La palabra κόλπον (kolpon), “seno”, expresa la intimidad, el amor y la comunión personal más profundos que el Padre y el Hijo han compartido eternamente.  La expresión ὁ ὢν (ho ōn), “el que es”, utiliza un participio presente, subrayando la relación continua del Hijo con el Padre.

 

Precisamente porque el unigénito viene del Padre, conoce perfectamente el corazón, el amor y los misterios del Padre.

 

3.      El Intérprete perfecto: de “contemplar” la gloria a “interpretar” al Padre

 

El versículo 14 utiliza: ἐθεασάμεθα (etheasametha) — “vimos/contemplamos”.  Por medio de Jesús venido en carne humana contemplamos la gloria de Dios.

 

El versículo 18 utiliza: ἐξηγήσατο (exēgēsato) — “lo dio a conocer”, “lo explicó”, “lo interpretó”.  Este verbo griego está relacionado con la palabra de la cual procede el término teológico “exégesis”.  Tiene el sentido de explicar, relatar o dar a conocer algo plenamente.  Nadie ha visto jamás a Dios, pero el Dios unigénito que está en el seno del Padre lo ha dado a conocer.

 

Por eso, la razón por la cual podemos contemplar la gloria de Dios en Jesús es que Jesús ha revelado perfectamente el carácter, el amor y el propósito salvador del Dios invisible por medio de toda su persona y de toda su vida.  Jesús es la revelación y la interpretación perfecta de Dios.

 

Resumen teológico final de Juan 1:1–18:

 

El Verbo eterno que estaba con Dios más allá del tiempo y del espacio en Juan 1:1 se hizo carne y puso su tabernáculo entre nosotros en el versículo 14; finalmente, en el versículo 18, es revelado como el Dios unigénito que da a conocer perfectamente al Dios invisible al mundo.

 

(i)                  Esto me lleva a preguntar: ¿Cómo debemos procurar comprender y recibir a este “Dios unigénito” que ha dado a conocer perfectamente al Dios invisible?

 

a.      Debemos decidir comprender a Dios únicamente a través de “la lente de Jesús”

 

Debido a las limitaciones de la razón humana y a la percepción distorsionada por el pecado, no podemos descubrir por nosotros mismos el carácter y los propósitos del Dios invisible.  Por eso debemos contemplar a Dios por medio de Jesucristo, la revelación perfecta de Dios.

Cuando nos encontramos con pasajes difíciles del Antiguo Testamento o con sufrimientos en nuestra vida, debemos interpretarlos a la luz de la cruz y del amor de Jesús.  Cada vez que preguntemos: “¿Cómo es Dios realmente?”  debemos mirar las palabras, las acciones, la compasión y el carácter de Jesús en los Evangelios y confesar: “¡Ah, así es Dios!”  Jesús es el rostro mediante el cual el Padre se nos da a conocer.

 

b.      Debemos recibir como nuestra la íntima relación de amor que se encuentra “en el seno del Padre”

 

El Dios unigénito permanece en el seno del Padre.  La revelación que Jesús nos da del Padre no tiene como propósito simplemente proporcionarnos información teológica.  Él nos invita a la comunión con Dios.  Habiendo recibido a Cristo y habiendo llegado a ser hijos de Dios, somos invitados a acercarnos al Padre por medio del Hijo.

 

Por eso, cuando oramos, no debemos permanecer a distancia como si Dios fuera únicamente un Juez aterrador o un Creador remoto.  En Cristo podemos acercarnos con la confianza de hijos amados por su Padre.

 

c.      Ahora debemos vivir como “canales que interpretan a Dios” ante el mundo

 

El versículo 14 dice: “Vimos su gloria.”  El versículo 18 dice: “Él le ha dado a conocer.”  Jesús reveló al Dios invisible mediante toda su vida.  Quienes lo hemos recibido también somos llamados a hacer visible el carácter de Cristo mediante nuestra vida.

 

Muchas personas en el mundo no leen la Biblia ni reconocen a Jesús, la Luz verdadera.  Por eso, nuestra vida puede convertirse en un testimonio vivo por medio del cual otros encuentren algo de su carácter.  Mediante palabras honestas en el hogar y en el trabajo, mediante nuestra disposición a ceder aunque ello implique una pérdida, mediante el perdón incluso a nuestros enemigos, y mediante un amor humilde que sabe limitarse a sí mismo, podemos mostrar que el Dios invisible verdaderamente vive.

 

Confesión y resolución final:

 

“Ya que he llegado a conocer con la mayor claridad al Dios invisible por medio de Jesucristo, permaneceré en el abrazo de su amor y me convertiré en un canal fiel por medio del cual el carácter del Señor sea traducido en una vida visible ante el mundo.”

 

Todas las piezas de Juan 1:1–18 finalmente conducen a esta gloriosa confesión: “Puesto que el Dios unigénito, la Luz verdadera, vive en mí, ahora caminaré como hijo de la luz, venciendo al mundo mediante su poder.”

 

(5)    Finalmente, en quinto lugar, quisiera meditar en Juan 1:15: “Juan dio testimonio de él y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo.” [Ἰωάννης μαρτυρεῖ περὶ αὐτοῦ καὶ κέκραγεν λέγων· Οὗτος ἦν ὃν εἶπον· Ὁ ὀπίσω μου ἐρχόμενος ἔμπροσθέν μου γέγονεν, ὅτι πρῶτός μου ἦν.]

 

(a)    La declaración de Juan el Bautista constituye un poderoso testimonio cristológico.

 

1.      La eternidad y preexistencia de Jesús más allá del tiempo y del espacio

 

Juan hace una declaración paradójica que trastorna la cronología humana ordinaria.

 

Biológicamente, Juan el Bautista nació aproximadamente seis meses antes que Jesús (Lc. 1:36), y también comenzó antes su ministerio público.

 

En ese sentido histórico, Jesús verdaderamente era “el que viene después de mí”.  Sin embargo, Juan declara: “Era primero que yo.”  La palabra πρῶτος (prōtos) señala aquí la prioridad de Cristo.

Jesús no fue simplemente un gran hombre que apareció accidentalmente en la historia.  Antes de que Juan naciera, antes de que el universo fuera creado, desde el “principio” de Juan 1:1, Él existía como el Verbo divino y eterno.  Juan comprendió esta realidad espiritual y por eso proclamó con valentía la identidad trascendente de Cristo.

 

2.      La misión y pasión del testigo: “dio testimonio y clamó”

 

La palabra griega traducida “clamó”, κέκραγεν (kekragen), es una forma perfecta de κράζω (krazō), “clamar”.  Describe un clamor cuyo impacto y testimonio continúan resonando. 

 

Juan no habló de manera vaga o tímida acerca de quién era Jesús.  Debido a que poseía una profunda convicción acerca de la verdad de Cristo, dio testimonio público de Él.  Quienes preparamos el camino para el regreso del Señor también necesitamos una convicción viva acerca del evangelio y una disposición fiel para testificar de Cristo.

 

3.      Reconocer la absoluta prioridad de Cristo: “es antes de mí”

 

Juan declara que Jesús está “delante de mí” [ἔμπροσθέν μου γέγονεν]. 

 

Juan tenía muchos seguidores y una considerable influencia en la sociedad judía.  Podría haberse enorgullecido o haber intentado conservar a sus propios seguidores.  Pero, en cambio, reconoció claramente la relación entre él y Cristo: “Él es mayor que yo. Aunque históricamente viene después de mí, debe estar delante de mí como el Personaje central y el Señor de mi vida.”  Esta es una actitud de auténtica negación de sí mismo.

 

Aplicación personal final:

 

“Señor, en todos los planes y en cada momento de mi vida, permite que Jesús sea siempre el Primero y Aquel que está delante de todas las cosas.”

 

Reordenar las prioridades de mi vida: Con nuestros labios confesamos que Jesús es Rey.  Sin embargo, en las prioridades reales relacionadas con el dinero, el tiempo, el éxito, nuestros planes y nuestro orgullo, a veces colocamos al Señor detrás de nosotros.  Hoy quiero hacer mía la confesión de Juan el Bautista: “Señor, tu Palabra debe ir siempre delante de mis pensamientos y de mi agenda.”  Quiero cederle a Él la soberanía sobre cada área de mi vida.

 

Recuperar la proclamación del evangelio: Deseo que el gozo de la salvación en Jesucristo permanezca tan vivo dentro de mí que, mediante el carácter de mi vida y mediante palabras cálidas pero claramente centradas en el evangelio, pueda dar testimonio fiel del Señor ante las personas que encuentre cada día.

 

 

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