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蒙神祝福的人 [诗篇 115篇]

蒙神祝福的人       [ 诗 篇 115 篇 ]     在今天的 清 晨 祷 告 会 上,我默想了《歌 罗 西 书 》 1 章 6 节 :“ 这 福音 传 到了 你 们 那里,正如在普天之下,福音也在不 断 结 果、增 长 ——就像自 从你 们 听 见 福音 并真 正 领 悟神恩典的那一天起, 它 在 你 们 中 间 所做的那 样 。”通 过 默想 这节经 文,我 领 悟到: 从 我 们 听 闻 福音 并真 正 领会 神恩典的那一刻起,我 们 的生命中就必然 会 有“果子” 结 出。我明白到, 随 着我 们对这 恩典的理解在深度、广度和丰盛度上不 断 加深,我 们应当 在各 样 善事上 结 果子(第 10 节 )。那 么 ,神 赐 予 你 我的 伟 大恩典究竟是什 么 呢?使徒保 罗 指出:“我 们 在 爱 子里得蒙救 赎 ,罪得赦免”(第 14 节 )。在神 赐 予我 们 的 众 多宏大恩典中,我特 别 思想了救 赎 ——即罪得赦免。一想到罪的 问题 已在耶 稣 里得到解 决 ,我的心中便充 满 了无比的感恩。   对 于 你 我 这 些已 经并继续领 受 这 恩典的人,《 诗 篇》 115 篇 15 节 宣告道:“ 你 们 蒙造天地的耶和 华赐 福。” 经 文确 证 了我 们 是蒙神祝福的人。的确, 你 我都是蒙神祝福的人—— 领 受了浩大、非凡的祝福。我 们领 受了神的 爱 ,蒙 祂 拣选与预 定, 并 借着耶 稣 的死 与 复 活 获 得了永生—— 这 是何等巨大的福分 啊 !最重要的是,因 为 一切福分的源 头 ——耶 稣 ——是我 们 的主 并与 我 们 同在,我 们 不禁 数 算恩典, 并 由衷感 叹 :“我 真 是一 个 蒙福的人。”那位 赐 下如此丰盛恩典的主, 祂 爱 我 们并与 我 们 同在, 这 一事 实 促使我 们 宣告:我 们 是已 经并继续 蒙神祝福的人。在今天 这 段 经 文中, 诗 人指明以色列民就是那些 领 受神祝福的人。 诗 人 为 他 们献 上了 这样 的祝福 祷 告:“愿耶和 华 叫 你 们 和 你 们 的子 孙 ,日 见 加增”(第 14 节 )。想到 这 篇 祷 告,我不禁想起我 们教会 金 执 事的 长 孙 女 乔 伊...

La bendición de quienes guardan los mandamientos de Dios [Salmo 112]

La bendición de quienes guardan los mandamientos de Dios

 

 

 

[Salmo 112]

 

 

Hoy fui a la iglesia en coche con mis dos hijas, Yeri y Yeeun, para asistir a la reunión de oración de los miércoles. Por el camino, Yeri le leía un libro a Yeeun. Al escuchar una frase del libro que mencionaba a "una mamá coneja de entendimiento lento, un papá conejo aún más lento y el hijo conejo más lento de todos", comenté en broma a las niñas que aquello se parecía un poco a nuestra familia. Ya fuera porque Yeri no me oyó o simplemente porque lo tomó como una broma de papá, ella siguió leyendo. Sin embargo, unos segundos después, Yeeun dijo: "Como soy la hija menor de la casa, eso significa que soy la más lenta". Al percibir que Yeeun podía sentirse un poco herida, intenté suavizar la situación diciendo: "Lo que importa no es ser listo, sino esforzarse". En esta conversación encontré una lección espiritual: para evitar volvernos torpes espiritualmente, debemos dedicarnos con diligencia a meditar en la Palabra de Dios. Además, mediante esa meditación, debemos convertirnos en personas que escuchan y siguen la voz del Señor, nuestro Pastor.

 

El miércoles pasado meditamos sobre el concepto de "buen entendimiento" basándonos en el Salmo 111. Aprendimos que, para obtener un buen entendimiento, debemos guardar los mandamientos de Dios (versículo 10). Aprendimos que el mandamiento al que se hace referencia aquí es "temer a Dios" (versículo 10), y que temer a Dios significa "alabar y adorar al Señor por su grandeza y majestad". También aprendimos que, para alabar y adorar la grandeza del Señor, debemos estudiar, recordar y regocijarnos en las obras del Señor. Hemos aprendido que, al guardar los mandamientos de Dios, adquirimos buen discernimiento y podemos vivir sabiamente en este mundo. En el Salmo 112:1, el salmista nos exhorta a encontrar gran deleite en los mandamientos de Dios: "¡Aleluya! Bienaventurado el hombre que teme al Señor, que se deleita grandemente en sus mandamientos". La Biblia nos dice que las bendiciones nos seguirán cuando lo hagamos. Hoy, al reflexionar sobre las bendiciones que disfrutan quienes guardan los mandamientos de Dios, espero que tú y yo también podamos experimentar estas mismas bendiciones obedeciendo Su palabra.

 

En primer lugar, la bendición de guardar los mandamientos de Dios se extiende a la descendencia.

 

Observemos el Salmo 112:2: «Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendecida». Uno de los deseos más profundos de los padres creyentes es transmitir su fe como legado a sus hijos. Pero, ¿está sucediendo esto como deseamos? Sabes mejor que nadie que la crianza de los hijos rara vez sigue exactamente los deseos de los padres. Entonces, ¿qué debemos hacer como padres para transmitir este legado espiritual a nuestros hijos y descendientes? Como nos enseña el texto de hoy, nosotros, los padres, debemos ante todo temer a Dios, y esa reverencia debe expresarse mediante la obediencia a Sus mandamientos. No debemos transmitir a nuestra descendencia meras riquezas materiales, sino más bien el camino de temer al Dios vivo (Park Yun-sun). Para que nuestros hijos y descendientes reciban bendiciones, debemos obedecer los mandamientos de Dios con un corazón que le tema. En resumen, debemos ser «los rectos» (versículo 2). Cuando lo hacemos, Dios derrama bendiciones sobre nuestros hijos y descendientes incluso después de que hayamos partido, haciéndolos prosperar en esta tierra. Tengamos esto presente: para que nuestros hijos y descendientes prosperen en este mundo hostil cuando ya no estemos, debemos temer a Dios y guardar diligentemente Sus mandamientos.

En segundo lugar, una bendición que disfrutan quienes guardan los mandamientos de Dios es la abundancia de riquezas.

 

Observemos el Salmo 112:3: «Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre». Quienes temen a Dios y guardan Sus mandamientos reciben bendiciones materiales. En otras palabras, la persona que guarda los mandamientos de Dios es la verdaderamente rica. ¿Qué define, entonces, a una persona verdaderamente rica? Una persona verdaderamente rica es aquella que, aun sin poseer grandes bienes materiales, tiene a Dios como su herencia; por ello, siempre se siente satisfecha y da para ayudar a los demás. Si alguien posee gran riqueza pero carece de satisfacción, esa persona es simplemente esclava de la codicia, de los deseos vanos y de la vida misma; ciertamente, no es alguien verdaderamente rico (Park Yun-sun). En cambio, la persona verdaderamente rica es «benigna, compasiva y justa» (versículo 4). Vive una vida caracterizada por la generosidad hacia los demás (Park Yun-sun). ¿Cómo puede uno llegar a ser verdaderamente rico? En otras palabras, ¿cómo puede uno alcanzar una abundancia de riquezas? La razón radica en el hecho de que quien teme a Dios y guarda sus mandamientos también posee «justicia» (versículos 3; Park Yun-sun). Dicho de otro modo, Dios contempla nuestra justicia y nos concede bendiciones materiales. Para aquellos que temen a Dios y guardan sus mandamientos, su justicia permanece para siempre (versículos 3, 9). En consecuencia, Dios otorga la bendición de una riqueza abundante a su hogar. Por tanto, hay satisfacción en su corazón.

 

En tercer lugar, una bendición para quienes guardan los mandamientos de Dios es recibir la gracia de Dios.

 

Observemos el Salmo 112:4: «Resplandece luz en las tinieblas para los rectos; él es benigno, misericordioso y justo». Nuestro Dios ya nos ha librado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13). Ya no pertenecemos a este mundo de tinieblas (Juan 17:14). Sin embargo, mientras vivimos en este mundo oscuro, aun cuando nos esforzamos por temer a Dios y guardar sus mandamientos, hay momentos en que enfrentamos tinieblas. No obstante, incluso en tales momentos de oscuridad, Dios hace que surja la luz. En otras palabras, uno recibe la gracia de Dios incluso en medio de adversidades como la enfermedad o la tribulación (Park Yun-sun). Dios hace brillar su luz sobre los rectos cuando habitan en tinieblas y los libra. Por ello, quienes temen a Dios y guardan sus mandamientos disfrutan de una gracia aún mayor de parte de Dios en medio de las tinieblas.

 

En cuarto lugar, una bendición para quienes guardan los mandamientos de Dios es que prosperan.

 

Observemos el Salmo 112:5: «Bien le va al hombre que actúa con generosidad y presta; que maneja sus asuntos con justicia». Quienes temen a Dios y guardan sus mandamientos comparten con los demás la gracia que han recibido (versículo 5). Veamos el versículo 9 del texto: «Reparte generosamente y da a los pobres; su justicia permanece para siempre, y su poder será exaltado con honor». Él presta a otros; Es decir, vive una vida de servicio. Por lo tanto, prospera. Vienen a mi mente las palabras de Proverbios 11:24-25: «Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado». La razón por la que alguien se vuelve más próspero aun mientras reparte y da a otros es que Dios asegura que su prosperidad permanezca inquebrantable siempre que continúe su rectitud al ayudar al prójimo (Park Yun-sun). El secreto de tal éxito reside en temer a Dios y guardar fielmente sus mandamientos. Uno de esos mandamientos es actuar con justicia en todos los asuntos. Observemos Miqueas 6:8: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Actuar con justicia en todas las cosas es bueno; este es el verdadero secreto del éxito. Los impíos, que envidian la prosperidad de los justos, crujirán los dientes de frustración y finalmente perecerán; los deseos de los impíos se desvanecerán (Salmo 112:10).

 

En quinto lugar, la bendición de la que disfrutan quienes guardan los mandamientos de Dios es la firmeza.

 

Observemos el Salmo 112:8: «Afianzado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo». ¿Por qué el corazón de quien teme a Dios y guarda sus mandamientos permanece firme, de modo que no teme a las «malas noticias» (versículo 7)? Porque ha puesto su corazón firmemente en confiar en Dios (versículo 7). Debido a que da a los pobres en medio de estas circunstancias, quien teme a Dios y guarda sus mandamientos permanece sin temor (Park Yun-sun). Socorrer al pobre es un acto de amor al prójimo, y en tal amor no hay temor (1 Juan 4:18), pues el perfecto amor echa fuera el temor. Nosotros también debemos mantener nuestro corazón firme obedeciendo los mandamientos de Dios mientras le tememos. No debemos temer, ni siquiera al escuchar «malas noticias» sobre los impíos; por el contrario, debemos disponer firmemente nuestro corazón para depender totalmente de Dios. Bienaventurados son aquellos que temen a Dios y guardan sus mandamientos. La bendición se extiende a su descendencia; reciben bendiciones materiales y experimentan la gracia de Dios. Además, quienes guardan sus mandamientos prosperan y no temen, pues sus corazones son firmes. Ruego que tales bendiciones sean para todos nosotros.


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