La Iglesia verdadera [Salmo 87] El libro de A. W. Tozer, *¿Soy auténtico o falso?* (*Am I Real or Fake?*), sirve como un llamado a restaurar la fe genuina y como una advertencia contra la hipocresía religiosa. El autor critica la «fe falsa» —distorsionada por el materialismo de la iglesia moderna—, la cual se manifiesta en creencias desequilibradas, experiencias carentes de teología y una ortodoxia muerta que carece del fervor apasionado del encuentro con Dios. Él insta a volver a una fe que sea resistente como las flores silvestres del campo, que actúe como verdadera sal en el mundo y que abrace la cruz. Dado que los cristianos verdaderos creen en la victoria de Cristo, no rehúyen ningún sufrimiento necesario para participar de ese triunfo. Tozer describe cinco características del creyente genuino: (1) el creyente auténtico no se avergüenza de la cruz áspera (Capítulo 1); (2) el creyente auténtico rechaza el «evangelio de algodón de azúc...
Vivamos una vida que deposite con valentía nuestra propia existencia y confianza en Dios, tal como lo hizo la viuda pobre.
Vivamos una vida que deposite con valentía nuestra propia existencia y confianza en Dios, tal como lo hizo la viuda pobre.
«Jesús alzó la vista y vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el tesoro del templo. También vio a una viuda pobre que echaba dos monedas de cobre muy pequeñas. "En verdad les digo —dijo él—, que esta viuda pobre ha echado más que todos los demás. Toda esta gente dio sus ofrendas de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para vivir"» (Lucas 21:1-4).
(1) Tras leer el pasaje de hoy —Lucas 21:1-4 (y el pasaje paralelo en Marcos 12:41-44)— en el Nuevo Testamento griego, una palabra griega en particular llamó mi atención de inmediato. La razón es que las palabras pertenecientes a la familia de *ballō* (βάλλω) —que significa «arrojar» o «echar»— aparecen un total de cinco veces: *ballontas* (βάλλλοντας) («echando») (v. 1), *ballousan* (βάλλουσαν) («echando») (v. 2), *ebalen* (ἔβαλεν) («echó») (v. 3), *ebalon* (ἔβαλον) («echaron») (v. 4) y *ebalen* (ἔβαλεν) («echó») (v. 4). ¿Cuál es el significado específico de esta palabra?
1. El significado esencial de la palabra: Un «arrojar» brusco y audaz
La palabra griega *ballō* no se refiere al simple acto de depositar algo con cuidado. Conlleva el sentido dinámico de «arrojar» o «lanzar» algo con fuerza y vigor. Ya se tratara de los ricos haciendo sus ofrendas o de la viuda echando sus dos *lepta*, la Biblia describe que todos ellos «arrojaron» su dinero en el recipiente de las ofrendas.
El «recipiente de las ofrendas» (*gazophylakion*) de aquella época contaba con una abertura de bronce en forma de trompeta. Por consiguiente, cuando se arrojaban las monedas, un fuerte sonido metálico resonaba por todo el templo. [Nota: El término *gazophylakion* se refiere tanto a la "caja de ofrendas" específica dentro del Templo de Jerusalén como a toda la "cámara del tesoro" (depósito del templo) donde se guardaban dichas cajas. Basándose en la historia bíblica y el contexto arqueológico, las características específicas del *gazophylakion* son las siguientes (fuente: Internet):
a. Características estructurales: Recipiente de bronce con forma de trompeta
Amplificación del sonido: Las cajas de ofrendas situadas en el templo estaban hechas de bronce y presentaban una abertura con forma de trompeta: estrecha en la parte superior y ensanchándose hacia la base.
Efectos visuales y auditivos: Al introducir las monedas, estas rodaban por el conducto, generando un fuerte sonido metálico que resonaba en todo el templo. Cuando los ricos depositaban grandes sumas de dinero, todos los presentes en el templo podían oír el ruido.
b. Ubicación: El Atrio de las Mujeres
Accesibilidad: Las cajas de ofrendas estaban dispuestas a lo largo de las paredes del "Atrio de las Mujeres", uno de los diversos patios del templo.
Un lugar accesible para todos: Esta zona marcaba el límite de acceso tanto para las mujeres judías como para los hombres judíos. Por tanto, era un lugar al que incluso una viuda pobre podía acudir y ofrecer su contribución sin restricciones. Los 13 cofres de ofrendas: Según la tradición judía (la Mishná), se instalaron un total de 13 cofres de ofrendas con forma de trompeta a lo largo de las paredes del Atrio de las Mujeres. Cada cofre llevaba una placa que indicaba su finalidad específica, como el impuesto del Templo, los pagos por ofrendas obligatorias o las donaciones voluntarias.
c. Función: El centro financiero del Templo
Un tesoro nacional: Estos cofres eran más que simples recipientes para monedas; funcionaban como un tesoro nacional que albergaba los fondos recaudados, los tesoros del Templo y los materiales necesarios para el mantenimiento del mismo.
Un lugar de enseñanza de Jesús: Este era un sitio simbólico donde Jesús permanecía a menudo y proclamaba la Palabra; se sentaba frente a estos cofres para observar a la gente (Marcos 12:41), y Juan 8:20 registra que pronunció estas palabras "mientras enseñaba en los atrios del templo, cerca del lugar donde se depositaban las ofrendas" (el *gazophylakion*). Conexión con el texto
El hecho de que Jesús se sentara frente a los cofres de las ofrendas implica que presenció y escuchó no solo el acto de dar en sí, sino también el volumen del sonido que resonaba desde las aberturas con forma de trompeta y las actitudes de las personas.
Es probable que los ricos arrojaran su dinero triunfalmente, provocando un fuerte estruendo, mientras que la viuda depositaba silenciosa y quizás tímidamente dos pequeñas monedas que no producían sonido alguno. Allí mismo, frente al tesoro (*gazophylakion*), Jesús enseñó valores del Reino de los Cielos —centrados en el corazón— que trastocan los valores del mundo, los cuales se enfocan en el volumen del sonido.
2. El «arrojar» de los ricos (Versículos 1, 4): Ostentación y comodidad
Características del acto: Para los ricos, el verbo *ballō* (arrojar/lanzar) representaba una «demostración al arrojar»: una manera de evidenciar su abundancia a través del sonido que esta producía.
Significado específico: Arrojaban una parte tomada de su amplio excedente (Versículo 4). Para ellos, este acto constituía el cumplimiento de un deber religioso realizado con comodidad y seguridad, sin afectar en lo más mínimo sus vidas.
3. El «arrojar» de la viuda (Versículos 2, 3, 4): Arrojar su vida y todo lo que tenía
El acto de *ballō* (arrojar) de la viuda —que Jesús observó atentamente— fue cualitativamente muy distinto al de los ricos.
Características del acto: Las dos monedas de *lepton* que la viuda arrojó eran ligeras y apenas producían sonido al caer en el cofre de bronce del tesoro. Sin embargo, Jesús declaró que ella había «arrojado más» (*ebalen*).
Significado específico: En el versículo 4, Jesús afirma que ella arrojó «todo lo que tenía, todo su sustento». La palabra griega original utilizada aquí para «sustento» es *bios*, que significa «vida».
En otras palabras, para la viuda, el acto de *ballō* no era meramente una ofrenda; era un acto de entrega total en fe: poner su propia vida y su futuro enteramente en manos de Dios.
En resumen: La palabra *ballō* (arrojar), repetida cinco veces en este pasaje, plantea la pregunta: «¿Qué estás arrojando tú hacia Dios?». Encierra un profundo significado al contrastar una vida que simplemente se deshace de los excedentes de dinero y tiempo —como hacen los ricos— con una vida que confía audazmente su propia existencia y fe a Dios —como hizo la viuda—; demuestra que la verdadera devoción que agrada a Dios no reside en la «cuantía de la suma», sino en la «actitud de entregar todo el propio ser» (Internet).
(a) Así como el fuerte estruendo metálico de las monedas al chocar contra los cofres de bronce para las ofrendas —con forma de trompeta— en el Templo de Jerusalén permitía a todos los presentes escuchar cuando los ricos depositaban grandes sumas, creo que hoy en día también se hacen públicas en la iglesia las grandes cantidades donadas por los ricos. ¿Cuál es el problema aquí?
(i) El «sonido estruendoso» que resonaba en los cofres de las ofrendas del Templo de Jerusalén hace dos mil años, hoy reverbera dentro de la iglesia como un tipo diferente de «sonido invisible». Los problemas específicos derivados de este fenómeno son los siguientes (Internet):
1. Distorsión de la esencia de la ofrenda: de la «adoración» a la «ostentación»
El cambio de un enfoque centrado en Dios a uno centrado en las personas: la ofrenda es un acto sagrado de «adoración» mediante el cual expresamos gratitud y reconocemos la soberanía del Dios que nos salvó.
El problema: cuando la estructura permite que la cantidad donada se haga pública y sea objeto de elogios, la ofrenda deja de ser un regalo presentado a Dios y se degrada hasta convertirse en un medio de «exhibición social» para demostrar la propia influencia y piedad. Esto refleja exactamente la conducta de los hipócritas a quienes Jesús reprendió en Mateo 6:2: aquellos que «tocan trompeta en las sinagogas y en las calles» para ser honrados por los demás.
2. Erosión del espíritu comunitario: estratificación espiritual
La riqueza como poder espiritual: cuando se genera un ambiente en el que las mayores contribuciones económicas conllevan reconocimiento y un trato especial, surge dentro de la iglesia una «estructura de clases espiritual» que refleja la del mundo secular. El problema: Si los grandes donantes dominan la toma de decisiones de la iglesia e incluso los pastores se sienten obligados a ceder ante ellos, la iglesia deja de ser un cuerpo con Jesucristo como Cabeza y degenera en una "corporación" donde personas adineradas actúan como accionistas.
3. Marginación e intimidación de los pobres: una sensación de privación espiritual relativa
La vergüenza de la viuda: Cuando la viuda ofreció sus dos *leptas* en el Templo de Jerusalén, ¡cuánto debió sentirse intimidada y avergonzada! Sus ligeras monedas no producían sonido alguno en medio del fuerte estruendo de las ofrendas de los ricos.
El problema: Las prácticas eclesiásticas modernas que enfatizan los montos de las contribuciones o exhiben públicamente listas de nombres y cifras de donaciones infunden una sensación de privación espiritual y sentimientos de insuficiencia en los feligreses con dificultades económicas. Surgen situaciones desgarradoras en las que personas que ofrecen donativos pequeños pero sinceros se sienten obligadas a bajar la cabeza avergonzadas dentro de la comunidad eclesiástica.
4. Inversión de los valores de Dios (la economía del Reino)
La cantidad frente al corazón: Jesús no se fijaba en la cantidad de la ofrenda, sino en la proporción que esta representaba en la vida del donante y en la actitud de su corazón (la calidad). Esto se debe a que los ricos daban "una parte de su excedente", mientras que la viuda daba "todo lo que tenía".
El problema: Cuando la iglesia aplaude únicamente las grandes sumas entregadas por los ricos, comete el pecado de contradecir directamente el criterio de juicio de Jesús: que la viuda dio más que los ricos. Esto permite que los valores materialistas del mundo se infiltren en la iglesia, obstaculizando finalmente el poder del Evangelio. En conclusión, la razón por la que las contribuciones de los ricos siguen resonando con tanta fuerza en la iglesia actual es que la comunidad presta más atención a la cantidad total recaudada que al corazón del donante. Así como las Escrituras nos instruyen a no dejar que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha (Mateo 6:3), restaurar la discreción y la pureza al dar es una tarea urgente que enfrenta la iglesia hoy en día.
(2) En segundo lugar, quise comprender con mayor detalle el contraste entre la palabra “πλουσίους” (plousíous, “los ricos”) (Lc 21:1) y las palabras “πενιχρὰν” (penijrán, “pobre”) (v. 2) / “πτωχὴ” (ptōjḗ, “pobre”) (v. 3).
(a) El contraste deliberadamente establecido entre estas palabras en Lucas 21:1–3 no pretende simplemente mostrar la diferencia económica entre ricos y pobres. Al examinar los matices del texto griego, se hace evidente cómo chocan frontalmente los valores que el mundo considera importantes con la realidad espiritual que Jesús contempla. El significado específico de cada término y la profundidad de este contraste son los siguientes (Internet):
1. πλουσίους (plousíous): abundancia material y una fortaleza
Significado etimológico: Esta palabra proviene de la idea de “ser abundante” o “estar lleno”. No describe simplemente a una persona que posee mucho dinero, sino a alguien cuya riqueza es tan abundante que constituye una sólida red de seguridad para su vida.
Matiz en el pasaje: Gracias a su prosperidad material, estos hombres ocupaban una posición respetada e influyente incluso dentro del Templo. Para ellos, el arca de las ofrendas (gazophylakion) era un escenario donde podían demostrar públicamente tanto su abundancia económica como su aparente piedad.
2. πενιχρὰν (penijrán): la realidad social vista por Lucas (v. 2)
Significado etimológico: Este término significa “una persona que apenas sobrevive trabajando diariamente”, un “pobre necesitado”. Es un vocablo especial que aparece solo una vez en todo el Nuevo Testamento (un hapax legomenon), precisamente en Lucas 21:2.
Matiz en el pasaje: Lucas, que era médico, observa cuidadosamente la condición de la viuda y describe objetivamente, desde una perspectiva social y económica, la extrema y desesperada pobreza en la que vivía. Esta palabra retrata con precisión la realidad de una persona marginada cuya subsistencia inmediata dependía de la ayuda de otros.
3. πτωχὴ (ptōjḗ): la bancarrota absoluta vista por Jesús (v. 3)
Significado etimológico: Este término proviene de un verbo que significa “encorvarse” o “mendigar”. No describe simplemente a una persona pobre (poor), sino a alguien que ha perdido por completo la capacidad de sostenerse por sí mismo y que, si nadie lo ayuda, inevitablemente morirá de hambre; es decir, un mendigo en estado de absoluta bancarrota (beggar).
Es la misma palabra utilizada en Mateo 5:3: “Bienaventurados los pobres (πτωχοὶ) en espíritu.” Matiz en el pasaje: Mientras que en Lucas 21:2 Lucas observa la pobreza social (penijrán) de la viuda, en el versículo 3 Jesús la llama una persona absolutamente arruinada (ptōjḗ).
Sin embargo, aquí aparece el gran giro del relato: precisamente a esa persona absolutamente arruinada Jesús declara: «Esta viuda pobre (ptōjḗ) ha echado más que todos los demás.» El significado espiritual del contraste entre estas tres palabras
1. Contraste en cuanto a las posesiones (todo vs. una parte)
Los ricos (plousíous) ofrecieron solamente una parte de aquello que les sobraba. Después de dar su ofrenda, continuaban siendo ricos.
La viuda (ptōjḗ), en cambio, no tenía siquiera los medios mínimos para sostener su propia vida. Sin embargo, echó todo lo que tenía, es decir, sus dos leptones.
2. Contraste en cuanto a la confianza (las riquezas vs. Dios)
Los ricos ofrendaban mientras permanecían seguros dentro de la fortaleza de sus riquezas. Su verdadera confianza seguía estando puesta en el dinero.
La viuda, por el contrario, se encontraba en una condición en la que toda fortaleza material en la que pudiera apoyarse había desaparecido por completo (ptōjḗ). Al echar sus dos leptones, estaba encomendando su propia supervivencia exclusivamente a Dios. Fue un acto de confianza absoluta y una auténtica aventura de fe.
En definitiva, Jesús denuncia la pobreza espiritual de los ricos, escondida detrás de su prosperidad exterior (plousíous), y proclama la riqueza espiritual de la viuda, quien, aun en medio de su bancarrota exterior (ptōjḗ), entregó completamente su vida a Dios (Internet).
(i) Esta viuda pertenecía al grupo de los marginados, personas cuya subsistencia inmediata dependía de la ayuda de otros. En un estado en el que toda fortaleza material en la que pudiera apoyarse había desaparecido por completo, ¿cuál era el valor concreto de la unidad monetaria llamada “dos leptones” (λεπτά δύο, leptá dýo), que ella echó en el arca de las ofrendas?
a. El valor monetario específico de los dos leptones (Two Lepta)
El leptón era la moneda judía de cobre de menor valor que circulaba en aquella época. El término proviene de la palabra griega λεπτός (leptós), que significa “delgado” o “pequeño”.
Equivalencia en términos de salario diario: En aquel tiempo, el salario de un jornalero común por un día de trabajo era un denario. Un denario equivalía a 128 leptones.
Cálculo matemático: Por lo tanto, dos leptones representaban solamente 1/64 del salario de un día, una cantidad verdaderamente insignificante.
Si tomáramos como referencia el salario mínimo diario actual en Corea del Sur (aproximadamente entre 80.000 y 100.000 wones), dos leptones equivaldrían apenas a 1.200–1.500 wones.
Poder adquisitivo real: Con esa cantidad, en el mercado de aquella época difícilmente se podía comprar ni siquiera el pedazo de pan más barato o un solo gorrión. Era apenas el valor mínimo necesario para prolongar la vida unas pocas horas.
b. Una diferencia interesante con el relato de Marcos (Mr. 12:42)
Mientras que Lucas simplemente registra que la viuda “echó dos leptones”, Marcos 12:42, escribiendo para lectores del mundo romano, convierte además ese valor a la moneda romana: «Y vino una viuda pobre, y echó dos leptones, que equivalen a un cuadrante» (λεπτὰ δύο, ὅ ἐστιν κοδράντης; Mr. 12:42).
Aquí aparece la moneda romana llamada cuadrante (Quadrans), lo cual nos permite descubrir aún más profundamente la intención de los autores bíblicos y la riqueza de su mensaje.
① ¿Por qué precisamente dos leptones?
Según las normas del Templo judío, era necesario depositar al menos dos monedas en el arca de las ofrendas; el mínimo aceptado era precisamente dos leptones.
La viuda poseía exactamente esas dos monedas. Para cumplir con el requisito mínimo establecido por la Ley, tuvo que entregar la totalidad de su sustento.
Si hubiera tenido solamente un leptón, legalmente ni siquiera habría podido presentar una ofrenda.
② La paradoja espiritual: «dos leptones» que se convierten en «un cuadrante» La aritmética del mundo (2 leptones = 1 cuadrante)
Desde la perspectiva de los romanos o de cualquier observador humano, la ofrenda de la viuda consistía en dos pequeñas monedas que, aun sumadas, apenas alcanzaban el valor de una sola moneda romana: un cuadrante.
Era una cantidad completamente insignificante. El sonido de sus pequeñas monedas quedaba totalmente eclipsado por el estruendo de las grandes monedas que los ricos arrojaban en el arca.
La economía del Reino de Dios según Jesús (1 cuadrante = 100%)
El mundo consideraba aquella ofrenda como la unidad monetaria más pequeña y carente de valor. Pero Jesús sabía que aquellos dos leptones representaban el βίος (bíos) de la viuda, es decir, su vida misma, todo cuanto poseía (el 100%). Los ricos, por mucho que dieran, ofrecían únicamente una fracción muy pequeña de sus bienes (0.x%). La viuda, en cambio, entregó el 100% de lo que tenía. Por eso, según la manera de calcular de Jesús, ella fue quien dio la ofrenda más grande de todas.
Punto para la meditación: Los dos leptones que ofreció la viuda eran insignificantes en términos económicos. Sin embargo, el hecho de que no reservara ni siquiera un solo leptón para sí, sino que entregara ambos, revela una confianza plena en Dios, sin cálculos humanos ni reservas; una confianza absoluta y sin condiciones (Internet).
• Al leer la expresión «una confianza plena en Dios, sin cálculos humanos», inmediatamente pensé en Felipe, el discípulo de Jesús que solía razonar de manera muy calculadora.
(1) Cuando Jesús vio que una gran multitud se acercaba y preguntó a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman éstos?»
Felipe respondió: «Doscientos denarios de pan no les bastarían (not enough) para que cada uno recibiera un poco.» (Jn. 6:5, 7).
(2) Más tarde, durante la última cena, antes de ser crucificado, cuando Jesús habló de su pronta partida y del camino hacia Dios Padre, Felipe dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y nos basta (It will be enough).» (Jn. 14:8).
En otras palabras, Felipe estaba diciendo: «Si tan solo nos muestras una prueba visible —al Padre mismo—, entonces quedaremos satisfechos (Enough).»
Esto también me hizo recordar Proverbios 3:5–6: «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas.» ¿Qué enseñanza nos transmiten estos pasajes?
La enseñanza central que Dios nos da hoy es esta: «Deja de depender de los cálculos de tus propios ojos (Enough) y escoge confiar en la soberanía de Dios.» Concretamente, podemos extraer tres enseñanzas (Internet):
1. Renuncia a la conclusión de «No es suficiente» (Not enough) (Jn. 6:7)
Cuando Jesús preguntó cómo alimentarían a la multitud, Felipe inmediatamente comenzó a hacer cálculos.
Después de calcular el enorme costo de doscientos denarios (el salario equivalente a doscientos días de trabajo), llegó a esta conclusión: «No alcanza.» (οὐκ ἀρκοῦσιν — Not enough).
El problema: Los cálculos de Felipe eran matemáticamente correctos.
Sin embargo, en su cálculo faltaba una constante indispensable: Jesucristo.
La enseñanza: Con frecuencia nosotros también calculamos nuestros conocimientos, nuestros recursos económicos y nuestras circunstancias, y concluimos: «No alcanza. Es imposible.»
Pero la economía del Reino de Dios no depende de la cantidad de recursos que poseamos, sino de si el Señor que multiplicó los cinco panes y los dos peces está con nosotros.
2. Reconoce los límites de la fe que exige «Muéstranos» (Show us) (Jn. 14:8)
Durante la última cena, Felipe dijo: «Muéstranos al Padre y nos basta.» (ἀρκεῖ — It will be enough). Era una fe condicionada: «Si vemos una prueba visible e irrefutable, entonces creeremos.»
El problema: Felipe ya había caminado durante tres años junto a Jesús. Había presenciado innumerables milagros con sus propios ojos, incluyendo la multiplicación de los panes y los peces. Sin embargo, una fe que depende de las evidencias visibles nunca alcanza una verdadera satisfacción. Siempre exige una prueba más.
La enseñanza: Esperar que todas las circunstancias sean perfectas antes de obedecer no es fe. Jesús respondió a Felipe: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.» Con ello lo invitó a confiar en la revelación que ya había recibido: en Su Palabra y en Su propia Persona.
3. Deja de apoyarte en tu propia prudencia y «reconócelo en todos tus caminos» (Pr. 3:5–6)
La clave para superar los límites de los cálculos humanos se encuentra precisamente en Proverbios 3:5–6. «No te apoyes en tu propia prudencia.» Aquí, la «prudencia» representa los cálculos humanos, el sentido común y los razonamientos basados únicamente en la experiencia, como los que hizo Felipe.
«Reconócelo en todos tus caminos.» La palabra hebrea traducida como «reconocer» es יָדַע (yada), que significa conocer profundamente a alguien mediante una relación íntima y una experiencia personal. Es decir, en lugar de seguir pulsando las teclas de nuestra propia calculadora (nuestra prudencia), debemos confiar profundamente en el Dios fiel.
«Y Él enderezará tus sendas.» Cuando dejamos de seguir el camino marcado por nuestros propios cálculos y decidimos confiar en Dios, Él obra más allá de toda lógica humana:
Convirtió los dos leptones de una viuda en uno de los mayores monumentos de consagración de toda la historia bíblica, y con cinco panes de cebada alimentó a cinco mil personas.
Conclusión: el destino final de la viuda y de Felipe
Felipe calculó el valor de doscientos denarios y, aun así, concluyó: «No es suficiente» (Not enough).
La pobre viuda, en cambio, entregó apenas dos leptones (aproximadamente el equivalente a 1.500 wones), pero al ofrecer todo cuanto tenía, vivió confesando en Dios: «Es suficiente» (Enough).
La vida que Dios desea no es una vida que golpea constantemente la calculadora de su propia prudencia para asegurar un mínimo de seguridad. Más bien, Dios desea una vida que reconoce honestamente su pequeñez —sus «dos leptones»— y su insuficiencia, pero que, aun así, confiesa: «Dios solamente me basta.» Es una vida que se arroja por completo (βάλλω) en las manos de Dios (Internet).
(3) Por último, en tercer lugar, quise comprender con mayor detalle el significado de las palabras “περισσεύοντος” (perisseúontos, «de su abundancia») y “ὑστερήματος” (hysterḗmatos, «de su pobreza») en Lucas 21:4.
(a) Estas dos palabras van mucho más allá de una simple comparación cuantitativa. Revelan de manera contundente cómo se cruzan la «zona de seguridad» del ser humano y la «provisión» de Dios. A continuación se presenta un análisis realizado por inteligencia artificial sobre los matices específicos de estos términos a partir del significado del texto griego original (Internet):
1. «περισσεύοντος» (perisseúontos): «de su abundancia»
Significado etimológico: Es el participio presente del verbo περισσεύω (perisseúō), derivado de la preposición περί (perí), que significa «alrededor». Describe la imagen de una copa tan llena que el agua rebosa por todos sus lados; es decir, aquello que sobrepasa lo necesario, el excedente o superávit (surplus).
Matiz en el pasaje: Esta palabra pone al descubierto la verdadera naturaleza de la ofrenda de los ricos. Ellos ya habían construido una sólida muralla de seguridad material para sostener sus vidas. Después, tomaban únicamente aquello que rebosaba por encima de esa muralla —el excedente cuya pérdida no afectaba en absoluto su bienestar— y lo arrojaban en el arca de las ofrendas.
Significado espiritual: Para ellos, la ofrenda no era una confesión mediante la cual transferían a Dios la propiedad de sus vidas. Más bien, era una especie de práctica religiosa mediante la cual confirmaban y exhibían su propia prosperidad.
2. «ὑστερήματος» (hysterḗmatos): «de su pobreza»
Significado etimológico: Este sustantivo proviene del verbo ὑστερέω (hysteréō), que significa «quedarse atrás», «carecer», «faltarle algo» o «agotarse». No describe simplemente una condición de pobreza económica, sino un estado de carencia, privación o pobreza absoluta, en el que incluso faltan las cosas indispensables para vivir (deficiency, lack).
Matiz en el pasaje: Esta palabra describe exactamente la realidad en la que vivía la viuda. Su vida ya estaba vacía; todo aquello que debía llenar sus necesidades esenciales había desaparecido. Sin embargo, Jesús dice que precisamente desde en medio de esa carencia (out of her poverty) ella echó todo cuanto tenía.
Significado espiritual: Para la viuda, los dos leptones no constituían un excedente; eran su propio sustento. El hecho de ofrecerlos en medio de su necesidad significaba dejar de intentar llenar con esfuerzos humanos la carencia que tenía delante de sus ojos (ὑστέρημα) y buscar únicamente la provisión de Dios.
Fue un acto de dependencia absoluta del Señor. La enseñanza suprema que surge del contraste entre estas dos palabras: la conexión con Felipe. Estas dos palabras encajan perfectamente con la historia de Felipe en el Evangelio de Juan, sobre la cual reflexionamos anteriormente.
La vida de los ricos (perisseúontos): Los ricos siempre deseaban mantener su vida en un estado de abundancia. Solo actuaban cuando, después de hacer sus propios cálculos (su prudencia humana), sentían que todo estaba completamente seguro.
La razón por la que Felipe respondió: «Doscientos denarios de pan no bastan» fue que, aunque Jesús estaba presente delante de él, sus cálculos no lograban demostrar una abundancia suficiente (surplus) que le diera seguridad.
La vida de la viuda (hysterḗmatos): La viuda, en cambio, vivía en una condición de carencia. Desde el punto de vista de la prudencia y de los cálculos humanos, se encontraba en una situación desesperada, desde la cual nadie actuaría racionalmente. Sin embargo, en lugar de quejarse de su necesidad o aferrarse a lo poco que tenía, entregó esa misma carencia a Dios. Creía que su propia carencia (ὑστέρημα) se convertiría en el medio por el cual experimentaría la abundancia de Dios (περισσεύω).
Conclusión:
El mundo siempre nos dice: «Primero llena tu vida de abundancia (περισσεύοντος). Solo así estarás seguro; y cuando te sobre algo, entonces podrás compartirlo y consagrarte a Dios.» Pero Jesús realiza los milagros del Reino a través de aquellos que, aun en medio de su carencia (ὑστερήματος), reconocen al Señor y le entregan completamente sus vidas (Internet).
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