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갈등은 기회입니다. (2): 징검다리 사역을 감당한 바나바처럼 ...

  https://youtu.be/YMvvq9qSuuU?si=jryIy7Y-l8RFXWMq

Un Corazón Roto (Conclusión)

 

Conclusión

 

 

 

Dios —quien se acerca a los quebrantados de corazón y sana sus espíritus heridos— es nuestra verdadera esperanza. Gracias al Señor, que es nuestra verdadera esperanza, resistimos y perseveramos en medio de innumerables dolores, tristezas y lágrimas; y, sostenidos por el consuelo, la esperanza y el valor que Él nos brinda, nos levantamos de nuevo —como un muñeco de base pesada que siempre vuelve a erguirse— para vivir cada día que transcurre. Aunque no sabemos qué nos depara el mañana, avanzamos paso a paso hacia nuestro hogar celestial, fortalecidos a diario por el consuelo y la fortaleza de corazón que nos otorga el Señor, nuestra esperanza. A pesar de que vivimos en un mundo semejante a un desierto —luchando a menudo en medio de la ansiedad, la preocupación, el miedo y la desesperación a causa de los problemas, las adversidades y el pecado—, hemos llegado hasta este día únicamente gracias al consuelo, la fortaleza y la ayuda del Señor. El Señor, quien permite que experimentemos el sufrimiento en este mundo parecido a un desierto para refinarnos a través de las pruebas de fe, nos habla con una voz suave y apacible incluso cuando nos debatimos en la ansiedad y la incertidumbre, sin saber qué hacer ni cómo proceder; al dirigir nuestra esperanza exclusivamente hacia Él, nos capacita para soportar y superar esas adversidades. El Señor —quien revela nuestra fragilidad a través del sufrimiento para que miremos hacia Él y confiemos únicamente en Él, Aquel que otorga fortaleza cuando somos débiles— escucha nuestras súplicas, nos libra y nos guía a ofrecer alabanza a Dios, nuestro Salvador. Este Señor, que nos inspira a alabar a Dios nuestro Salvador, nos concede consuelo en medio del dolor, paz en medio de la preocupación y seguridad en medio de la ansiedad, permitiéndonos así soportar y resistir cualquier sufrimiento o adversidad que se cruce en nuestro camino. Además, el Señor nos otorga una paz que el mundo no puede dar, permitiéndonos —incluso en medio de las olas turbulentas de esta vida— permanecer sin temor y depositar nuestra confianza en Dios con quietud. Y aquellos que confían serenamente en Dios le encomiendan por completo todas sus pesadas cargas. La razón de ello es nuestra creencia de que el Señor carga en nuestro lugar con las pesadas cargas que nosotros jamás podríamos llevar por nuestra cuenta. El Señor —quien cargó sobre sus hombros con todo el peso de nuestros pecados, nos perdonó mediante su muerte en la cruz y nos concedió la vida eterna— nos ha otorgado una esperanza eterna. Aferrándonos firmemente a esta esperanza eterna —mientras navegamos por este mundo que a menudo se asemeja a un desierto desolado—, debemos fijar nuestros ojos en el Señor de la Esperanza, mediante la fe, siempre que nuestros corazones se sientan angustiados, fatigados, desanimados o abrumados por la ansiedad y la preocupación. El Señor, sin duda, vendrá en nuestro auxilio; Él, indudablemente, obrará nuestra sanación. En Su propio y perfecto tiempo, y a Su propia y perfecta manera, el Señor ministrará con ternura a nuestros corazones quebrantados y sanará nuestros espíritus heridos. El Señor liberará nuestros corazones. Ya no tendrán nuestros corazones que luchar bajo el peso de la angustia, la preocupación, la ansiedad, el miedo, el desánimo y la depresión. Ya no tendremos que debatimos en las profundidades de la culpa. Experimentaremos la verdadera libertad. Llegaremos a disfrutar, cada vez con mayor plenitud, de la libertad que el Señor otorga. Que tú y yo —confiando en el Señor, que sana a los de corazón quebrantado— continuemos viviendo cada día con esperanza en nuestros corazones.

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