人 们为 何 会 发 生婚外情? “ 你 所行的道要离 她 远 ,不可就近 她 的房 门 ”(箴言 5:8 )。 我至今 记忆犹 新。在一次婚前 辅导课 上,一位年 轻 女子提到, 她 预 料自己未 来 的丈夫至少 会 出 轨 一次。听到 这话 ,我 颇 感震 惊 。我很 难 理解,一 个尚 未步入婚姻的人, 怎么会 用 这种 口吻 说话 ——仿佛 她 不 仅预见 了丈夫的不忠,甚至已 经 做好了坦然接受 这 一 现实 的准 备 。也 许 在 她 看 来 , 鉴 于 当 今婚外情 现 象如此普遍, 这种 事也很容易 发 生在自己的婚姻中。 尽 管我 对 她 的 话 感到 惊 讶 ,但也反思了 她 为 何 会 这么说 ;我意 识 到, 这 很可能是因 为 周 围 有太多人卷入了婚外情。 为 什 么 男人 会 抛下妻子去和 别 的女人有染? 为 什 么 女人 会 离 开 丈夫去和 别 的男人 发 生 关 系? 我在今天的 经 文——《箴言》 5 章 8 节 ——中找到了原因之一。原因在于,人 们 往往 会 去 亲 近那些本 该 敬而 远 之的人。 当 然,《箴言》作者告 诫 我 们 要避 开 的,正是第 3 节 中提到的那 个 “淫 妇 ”——或者按《 当 代 韩语圣经 》的 译 法,即“放 荡 的女人”。作者 为 何 劝诫 我 们 要 远 离 她 呢?因 为亲 近 她 “最 终 只 会 留下苦 涩与 痛苦”(第 4 节 ,《 当 代 韩语圣经 》)。 诚 然,起初未必 会 有 这种 感 觉 。 毕 竟, 谁会 在 尝 到最初的苦 涩与 痛苦后, 还执 意 继续这种 不正 当 的 关 系呢?然而, 当 事人往往意 识 不到,最 终 留下的只有苦 涩与 痛苦。如果一 个 人明知 这 一点—— 哪 怕 仅仅 是在理智上知 晓 ——却依然 开 始了一段婚外情,那 么 很可能只有在 亲 身 尝过 那 份 苦 涩与 痛苦之后,他 们 才 会 幡然醒悟。 远 离淫 妇 的另一 个 理由是, 与 她 纠缠 意味着“ 你将 失去曾 经 享有的尊 荣 , 丧 命于暴徒之手,眼 睁睁 看着外人 挥 霍 你 的家 产 ,看着自己辛勤 劳动 的成果落入他人之...
Cuando el ser humano declara su bancarrota espiritual diciendo: «No podemos salvarnos a nosotros mismos», Dios realiza el milagro de la salvación haciendo pasar a pecadores semejantes a un camello por el ojo de una aguja.
Cuando el ser humano declara su bancarrota espiritual diciendo: «No podemos salvarnos a nosotros mismos», Dios realiza el milagro de la salvación haciendo pasar a pecadores semejantes a un camello por el ojo de una aguja.
«Al verlo Jesús, dijo: “¡Qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas! Porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios.” Los que lo oyeron dijeron: “Entonces, ¿quién podrá ser salvo?” Él respondió: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”» (Lucas 18:24–27).
(1) Al leer el pasaje de hoy, Lucas 18:24–27, primero en la Biblia en coreano y luego en el texto griego, lo primero que llamó mi atención fue la expresión «ὁ Ἰησοῦς [περίλυπον γενόμενον]» (ho Iēsous [perilypon genomenon]), la cual no aparece traducida en la Biblia coreana. ¿Qué significa esta expresión y por qué no fue traducida en la Biblia coreana?
1. Análisis del significado de la expresión
Esta frase está compuesta por dos palabras y, literalmente, significa lo siguiente: «ὁ Ἰησοῦς» (ho Iēsous): «Jesús» (el sujeto).
«περίλυπον γενόμενον» (perilypon genomenon): «estando profundamente entristecido» o «hallándose lleno de aflicción» (una construcción participial).
La palabra «περίλυπος» (perilypos) está formada por περί (peri, «alrededor») y λύπη (lypē, «tristeza»). Describe vívidamente el estado de una persona rodeada por todos lados de tristeza, completamente abrumada por el dolor y la aflicción.
Por lo tanto, una traducción completamente literal de esta frase sería: «Jesús, viendo que él (el joven rico) [estaba muy entristecido / o estando Jesús mismo profundamente entristecido], dijo...»
2. ¿Por qué no aparece traducida en la Biblia coreana? — Una diferencia textual entre manuscritos
El trasfondo principal de la pregunta que hice a la inteligencia artificial tiene que ver con las diferencias entre los manuscritos bíblicos.
Como en la antigüedad no existía la imprenta, cada copia de las Escrituras debía copiarse a mano. Por ello, algunos manuscritos contienen palabras o frases que otros no poseen.
① La crítica textual y el significado de los corchetes [...]
En las ediciones críticas modernas del Nuevo Testamento griego (como el Nestle-Aland, 28.ª edición), cuando una frase aparece entre corchetes [...], significa que algunos manuscritos antiguos importantes contienen esa expresión, mientras que otros manuscritos igualmente importantes no la contienen.
Es decir, existe un debate académico sobre si la frase pertenecía al texto original, y por ello los editores indican que debe examinarse cuidadosamente.
② Diferencias según las familias de manuscritos
El grupo de manuscritos que no contiene la frase
(base de la Biblia Coreana Revisada y de la Nueva Traducción Coreana)
Los manuscritos más antiguos y considerados más confiables, como el Códice Sinaítico (ℵ), el Códice Vaticano (B) y el Códice Efraemi (C), no contienen la expresión «περίλυπον γενόμενον» («estando muy entristecido» o «lleno de aflicción»).
Por ello, las traducciones modernas al coreano, que toman estos manuscritos como texto base, traducen sencillamente: «Jesús lo miró y dijo...»
El grupo de manuscritos que sí contiene la frase
(base de la Traducción Ecuménica y de la King James Version)
El Códice Alejandrino (A), el Códice Bezae (D) y numerosos manuscritos bizantinos posteriores sí incluyen esta expresión.
El Textus Receptus, utilizado durante la Reforma Protestante y seguido por la King James Version (KJV), traduce:
«Y cuando Jesús vio que él estaba muy triste...»
Entre las versiones coreanas, la Traducción Ecuménica, que adopta una selección textual más flexible, también refleja esta lectura: «Jesús, al ver que él estaba muy triste, dijo...»
3. La profunda reflexión que surge de la ambigüedad gramatical: ¿Quién estaba triste?
Aun suponiendo que la expresión griega «περίλυπον γενόμενον» («estando profundamente entristecido») perteneciera al texto original, la estructura gramatical del griego permite dos interpretaciones igualmente posibles, lo que ha planteado un verdadero desafío para los traductores. Esta expresión está en acusativo masculino singular.
Interpretación A: El joven rico estaba triste (interpretación tradicional)
En el versículo anterior (v. 23), el joven rico «se entristeció mucho» porque poseía grandes riquezas.
Por ello, el versículo 24 puede entenderse como que Jesús vio al joven profundamente entristecido antes de hablar. Esta es la interpretación seguida por la KJV y por la Traducción Ecuménica.
Interpretación B: Jesús mismo estaba triste (una interpretación espiritual más profunda)
Algunos estudiosos consideran que el participio modifica al sujeto principal, Jesús.
Según esta interpretación, Jesús contempló al joven que se alejaba de la vida eterna por causa de sus riquezas, y el corazón de Jesús quedó profundamente entristecido, como si estuviera rodeado de dolor al verlo rechazar la invitación a seguirle.
En resumen, la Biblia Coreana Revisada omitió esta frase porque sigue la tradición textual más antigua y más claramente respaldada.
Por consiguiente, no se trata de un error de traducción ni de una omisión accidental, sino del resultado de un cuidadoso trabajo de crítica textual bíblica.
(a) Al meditar sobre estas dos interpretaciones (A y B), si la interpretación A fuera correcta, el joven rico «se entristeció mucho» en el versículo 23, y en el versículo 24 Jesús «vio que él estaba muy triste». Lo que me parece especialmente interesante es que la expresión griega traducida como «se entristeció mucho» (v. 23) es «περίλυπος» (perilypos), mientras que la expresión «muy triste» (v. 24) es «περίλυπον» (perilypon).
Esto resulta fascinante porque ambas palabras proceden del mismo adjetivo griego «περίλυπος» (perilypos).
La diferencia en su forma se debe únicamente a la función gramatical (género, número y caso) que desempeñan dentro de la oración.
Cuando se leen estos dos versículos en el idioma original, la belleza literaria del texto y la coherencia de su mensaje resaltan aún más. Este es uno de los encantos que ofrece la gramática griega para la meditación bíblica.
a. La identidad gramatical de las dos palabras
Ambas palabras tienen como base el adjetivo «περίλυπος», que significa «estar rodeado por todos lados (περί) de tristeza y aflicción (λύπη)».
Versículo 23: «περίλυπος»
Gramática: Masculino singular nominativo (forma atributiva del sujeto).
Estructura: Como el sujeto de la oración es «el joven rico», el adjetivo que describe su estado también aparece en nominativo.
Su significado es: «Él llegó a estar profundamente entristecido (ἐγενήθη).»
Versículo 24: «περίλυπον»
Gramática: Masculino singular acusativo.
Estructura: Si se acepta la interpretación A, esta palabra modifica al pronombre «él» (αὐτόν), objeto directo del verbo «ver».
Por ello, adopta la forma acusativa para concordar con el sustantivo al que califica.
b. ¿Por qué este descubrimiento es tan interesante y valioso? (Punto de meditación)
Los estudiosos que apoyan la interpretación A consideran precisamente esta simetría y coherencia lingüística como uno de sus argumentos más sólidos.
Esta simetría no parece ser una simple coincidencia, sino un recurso literario y teológico empleado deliberadamente por Lucas.
① La transmisión de la tristeza y el encuentro de dos miradas
En el versículo 23, después de escuchar las palabras de Jesús, el joven quedó sumido en una tristeza tan profunda (περίλυπος) que probablemente bajó la cabeza o cambió completamente su expresión.
En el versículo 24, Jesús contempló precisamente esa misma tristeza (περίλυπον) que cubría el rostro y todo el ser del joven.
El verbo Ἰδών («habiendo visto», «mirando atentamente») indica que Jesús observó cuidadosamente su condición.
En otras palabras, Jesús percibió perfectamente la frecuencia del dolor que el joven sufría en silencio dentro de su corazón.
La repetición del mismo adjetivo en el texto griego crea una especie de «movimiento cinematográfico de cámara», como si el lector pasara del interior del corazón del joven a la mirada compasiva de Jesús, contemplando toda la escena con extraordinario realismo.
② El contraste entre la abundancia material y la pobreza espiritual
Las riquezas (χρήματα) del joven probablemente lo rodeaban de lujo, comodidad y seguridad.
Sin embargo, cuando fue confrontado con la realidad de la vida eterna, ya no se encontró rodeado por sus riquezas, sino por la tristeza (περίλυπος).
Al colocar el mismo término en los versículos 23 y 24, Lucas pone de manifiesto con extraordinaria fuerza, mediante una sola palabra, las limitaciones del poder de las riquezas para satisfacer las necesidades más profundas del alma humana.
(i) ¿Qué significa «la limitación del alma que las riquezas no pueden superar»?
La expresión «la limitación del alma que las riquezas no pueden superar» significa que, aunque el dinero pueda rodear la vida de una persona de abundancia, comodidad y seguridad, resulta completamente impotente frente a la vida eterna (la salvación) y frente a la verdadera satisfacción del alma.
A través de la experiencia del joven rico, la inteligencia artificial explicó esta limitación desde tres dimensiones concretas.
1. La limitación de que el «tener» no puede resolver el problema del «ser»
Según los criterios del mundo, este joven lo tenía todo.
Tenía juventud.
Tenía posición social como gobernante.
Y, sobre todo, era muy rico (v. 23).
Sus riquezas rodeaban (περί-) y protegían su vida física con comodidad y seguridad.
Sin embargo, no podían responder a la sed espiritual más profunda de su corazón: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?» (v. 18). Por muchas riquezas que una persona posea, estas no pueden ofrecer ni la más mínima respuesta al problema más profundo del ser humano: la muerte y la salvación. Esta constituye la primera gran limitación del alma.
2. La limitación de que la seguridad material puede convertirse en un ídolo
Jesús sabía que la cadena que aprisionaba el alma de este joven era precisamente su riqueza.
Por eso le dijo: «Vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; luego ven y sígueme» (v. 22).
Este mandato era una invitación a derribar el muro de seguridad construido por las riquezas y a entrar en el espacio de libertad donde solo Dios merece toda la confianza.
Pero el joven no pudo renunciar a la seguridad que le proporcionaban sus bienes.
Precisamente porque poseía muchas riquezas, terminó siendo esclavo de ellas.
Creía que era dueño de sus bienes.
En realidad, eran sus bienes los que lo poseían a él.
Esto representa la incapacidad espiritual del alma para trascender los límites impuestos por las riquezas.
3. La limitación por la cual la abundancia que rodea al hombre termina convirtiéndose en una tristeza que también lo rodea (περίλυπος)
El momento más paradójico aparece en el versículo 23.
Aunque el camino hacia la vida eterna —Jesús mismo— estaba delante de él, el joven dio media vuelta porque no quiso desprenderse de sus riquezas.
Así quedó περίλυπος, rodeado completamente de tristeza.
Las riquezas (χρήματα) que antes lo rodeaban de seguridad y prosperidad se transformaron, al llegar al umbral de la vida eterna, en una sofocante prisión de tristeza (περίλυπος) que lo encerró por todos lados.
Éste es precisamente el límite de las riquezas.
Desde la perspectiva del Reino de Dios y de la vida eterna, los bienes materiales no pueden otorgar la verdadera felicidad.
Al contrario, en el momento decisivo pueden convertirse en el instrumento que impida al alma entrar en la vida eterna.
Este pasaje revela con extraordinaria claridad esa trágica realidad.
En resumen, cuando este gobernante se encontró frente al valor incomparable de la vida eterna, que el dinero jamás podrá comprar, comprendió dolorosamente que todas sus riquezas eran absolutamente incapaces de satisfacer el hambre más profunda de su alma. Al darse cuenta de esa impotencia absoluta, quedó profundamente afligido.
* Si los bienes materiales de este mundo, desde la perspectiva del Reino de Dios (la vida eterna), no son más que “un triste instrumento que, en lugar de hacer verdaderamente feliz al ser humano, termina atrapando su alma en el momento decisivo y alejándola de la vida eterna”, ¿por qué todavía hoy muchos líderes ricos de la iglesia, que solo exhiben una apariencia de piedad ante los demás, como los fariseos, carecen de esta perspectiva del Reino de Dios (la vida eterna)? A continuación se presenta la respuesta de la inteligencia artificial:
“La pregunta que usted plantea, al enfrentar de frente la dolorosa realidad de la iglesia, es en realidad la misma advertencia que Jesús dirigió a los fariseos de su tiempo y constituye el problema esencial por el que la iglesia contemporánea debería llorar profundamente y arrepentirse.
La Escritura explica con claridad las razones espirituales por las cuales las personas religiosas que gozan de abundancia material y aparentan ser piadosas inevitablemente carecen de la perspectiva del Reino de Dios (la vida eterna).
1. El engaño de una visión retributiva de la fe (la espiritualidad farisaica)
El problema más grave de los fariseos de aquella época, así como de algunos dirigentes ricos de la iglesia en la actualidad, es que creen inconscientemente en la fórmula:
“La prosperidad material en esta vida = la aprobación espiritual de Dios.”
Tomar el éxito como evidencia de piedad: consideran que la riqueza y el prestigio que han alcanzado son la recompensa que Dios les ha concedido por haber vivido una buena vida de fe.
Una apariencia de piedad convertida en objeto de consumo: dentro de la iglesia exhiben cargos, abundantes ofrendas y un lenguaje religioso sofisticado para proyectar una imagen de piedad. Sin embargo, esto no nace de un anhelo por la vida eterna, sino que se parece más a una estrategia de mercadeo religioso destinada a consolidar su posición social y religiosa. Jesús condenó claramente esta actitud como “hacer las obras para ser vistos por los hombres” (Mt. 23:5).
2. El efecto anestésico espiritual de las riquezas, que llegan a desempeñar el papel de “dios”
Jesús enseñó que nadie puede servir al mismo tiempo a Dios y a las riquezas (Mamón) (Mt. 6:24). Las riquezas no son simplemente bienes materiales, sino una poderosa fuerza espiritual (un ídolo) que domina el corazón humano.
La insensibilidad de un alma que no experimenta carencia: cuando una persona posee mucho dinero, puede resolver por sí misma la mayoría de los problemas que enfrenta en este mundo. El dinero se convierte en un escudo frente a la enfermedad, la ansiedad y la incertidumbre del futuro. Como consecuencia, pierde el instinto espiritual de convertirse en “pobre en espíritu” (Mt. 5:3) y depender absolutamente de Dios.
La aparente innecesariedad de la vida eterna: como la vida presente ya les parece suficientemente segura y satisfactoria, el Reino invisible de Dios y el valor futuro de la vida eterna dejan de ser una necesidad urgente y se convierten simplemente en una doctrina abstracta.
3. La verdadera condición del “dirigente rico” denunciada por el Evangelio de Lucas
El Evangelio de Lucas, sobre el cual usted ha estado meditando, es el que trata con mayor agudeza el peligro de las riquezas. Si observamos el contexto inmediato del relato del joven rico, encontramos un marcado contraste cuidadosamente construido por Lucas:
Lucas 18:15–17 (los niños): solo quienes, como un niño, no tienen poder ni posesiones y dependen exclusivamente de sus padres pueden recibir el Reino de Dios.
Lucas 18:18–23 (el joven rico): aunque se jactaba de haber guardado toda la Ley (una apariencia de piedad) y poseía posición social y riquezas, finalmente no pudo negarse a sí mismo y perdió la vida eterna.
Lucas 16:14 (la verdadera identidad de los fariseos): Lucas declara abiertamente: “Los fariseos, que eran amantes del dinero, oían todas estas cosas y se burlaban de Él.”
En otras palabras, los dirigentes ricos que actúan como fariseos dentro de la iglesia parecen exteriormente seguir a Jesús, pero en realidad continúan viviendo con la espiritualidad de los fariseos amantes del dinero. Para ellos, la religión no es el Reino de Dios que transforma completamente el fundamento de la vida, sino simplemente otro accesorio que embellece su riqueza y su prestigio.
Por eso Jesús lamentó que despertar a esos religiosos ricos endurecidos fuera “más difícil que hacer pasar un camello por el ojo de una aguja” (v. 25), porque el muro de la hipocresía humana y del apego a las riquezas es extraordinariamente grueso.”
(2) En segundo lugar, Jesús dijo:
“¡Cuán difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! Porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios” (Lc. 18:24–25).
¿Cuál es el significado concreto de estas palabras?
1. Una hipérbole literaria que expresa una imposibilidad absoluta (el animal más grande y la abertura más pequeña)
En la sociedad judía de aquel tiempo, el camello era el animal más grande que la gente veía cotidianamente, mientras que el ojo de una aguja era la abertura más pequeña de un objeto común.
Esta comparación no significa simplemente que sea “muy difícil”, sino que constituye una expresión proverbial judía destinada a comunicar una imposibilidad absoluta.
Algunos intérpretes han sugerido que el “ojo de la aguja” era el nombre de una pequeña puerta de Jerusalén, o que “camello” (kamelos) era un error por “cuerda” (kamilos). Sin embargo, el texto griego y el contexto histórico indican que Jesús realmente contrastó un camello con el ojo de una aguja para enfatizar de manera extrema que la salvación es absolutamente imposible por las fuerzas humanas.
2. Una inversión radical de valores: el juicio contra la idea de que “los ricos entran fácilmente en el cielo”
Los judíos de la época de Jesús, influenciados por la teología de las bendiciones de Deuteronomio, creían que la riqueza era evidencia de la bendición y de la justicia de Dios.
Pensaban que los ricos, al poder ofrecer grandes ofrendas y practicar abundante beneficencia, eran quienes tenían mayores probabilidades de ser salvos.
Sin embargo, Jesús destruyó frontalmente esa idea preconcebida. Declaró que precisamente aquel que parecía tener mayores posibilidades de salvación era, en realidad, quien estaba más cerca de una imposibilidad absoluta de entrar en el Reino de Dios.
Con ello proclamó una profunda inversión de valores: ni las obras religiosas ni las bendiciones materiales pueden convertirse en el pasaporte para entrar en el Reino de Dios.
3. El significado espiritual: el camello no puede reducirse a sí mismo para atravesar el ojo de una aguja
¿Qué tendría que ocurrir para que un camello atravesara el ojo de una aguja?
Sería necesario reducir su tamaño o despedazarlo por completo. En otras palabras, mientras el camello continúe existiendo como tal, resulta imposible.
La pesada carga del rico: el rico se parece a un camello que carga enormes fardos espirituales: sus riquezas, su posición social, su propia justicia y su apariencia de piedad.
La exigencia de la destrucción del yo: la puerta del Reino de Dios (el ojo de la aguja) es tan estrecha que nadie puede atravesarla sin negarse completamente a sí mismo y considerar todas sus posesiones como pérdida, abrazando una auténtica pobreza espiritual.
Sin embargo, el rico no puede separarse de sus bienes por sí mismo, ni disminuir el volumen de su propio ser. Embriagado por el mundo y afectado por una obesidad espiritual, carece de la capacidad de desmantelar su propio ego. Esa es precisamente la esencia de esta parábola: el ser humano no puede salvarse por sus propias fuerzas.
En resumen, mediante esta ilustración Jesús declaró la bancarrota espiritual de toda la humanidad: ningún ser humano, por sus condiciones, posesiones o antecedentes religiosos, puede salvarse a sí mismo.
(a) En este punto pienso que aún hoy, dentro de la iglesia moderna, existe la falsa idea de que los ricos tienen mayores probabilidades de ser salvos porque ofrendan mucho y practican abundante beneficencia. En otras palabras, creo que muchos creyentes siguen creyendo la mentira antibíblica de que uno puede obtener la salvación mediante las buenas obras. ¿Cuál es la causa de esta manera de pensar? A continuación se presenta la respuesta de la inteligencia artificial:
“Su diagnóstico identifica con mucha precisión la enfermedad espiritual central que padece la iglesia contemporánea. Aunque los Reformadores proclamaron, incluso a costa de sus vidas, Sola Fide (solo por la fe) y Sola Gratia (solo por gracia), todavía hoy muchos creyentes siguen viviendo engañados, como los fariseos, por el legalismo y la doctrina de la salvación por obras.
Podemos analizar tres causas fundamentales por las cuales esta idea equivocada no solo permanece dentro de la iglesia, sino que incluso se ha fortalecido.
1. La alianza entre el capitalismo y el mérito humano (la infiltración de los valores del mundo en la iglesia)
Vivimos en una sociedad capitalista gobernada por la lógica de la retribución y del “dar para recibir” (Give and Take). Estamos profundamente acostumbrados a un sistema donde se recibe un servicio según el dinero que se paga y una recompensa según el esfuerzo realizado.
La comercialización de la salvación: esa lógica del mundo entra en la iglesia y degenera en un sistema de intercambio espiritual: “Como he dado a Dios grandes ofrendas y limosnas (inversión), Dios también debe darme salvación y bendiciones (ganancias).”
La extrañeza del Evangelio: la gracia incondicional de Dios, otorgada gratuitamente a pecadores totalmente indignos, resulta extraña para la razón caída y el orgullo humano. La naturaleza religiosa del hombre siempre quiere añadir algo propio para sentirse satisfecha, y de ahí nace el mérito humano.
2. La obsesión por el crecimiento numérico y la cultura de comprar posiciones eclesiásticas
Una gran responsabilidad recae sobre los líderes y los sistemas eclesiásticos que, en lugar de enseñar claramente la esencia del Evangelio, han enfatizado indirectamente las obras para mantener y expandir la estructura visible de la iglesia.
El favoritismo hacia los dirigentes ricos: con el fin de construir grandes edificios o sostener las finanzas de la iglesia, se favorece a quienes realizan cuantiosas ofrendas y se les confían cargos importantes, como ancianos o diaconisas, sin un examen espiritual suficiente.
Una señal equivocada: al observar esto, muchos creyentes concluyen: “Entonces, tener mucho dinero y contribuir económicamente a la iglesia significa tener una buena fe; así se obtiene seguridad de salvación y autoridad espiritual.” De este modo, la iglesia termina legitimando las obras de los ricos como criterio de espiritualidad.
3. La predicación de una “gracia barata” sin negación del yo
Porque desde muchos púlpitos ha desaparecido el llamado al arrepentimiento profundo y a seguir a Cristo tomando la cruz cada día.
La religión como consuelo psicológico: en numerosas iglesias modernas, los sermones ya no confrontan el pecado del corazón, sino que presentan a las personas exitosas y ricas como modelos de bendición, proclamando un mensaje centrado en: “Cree en Jesús y recibirás prosperidad y el cielo.”
El disfraz del camello: como consecuencia, muchos creyentes, aunque siguen siendo enormes “camellos” llenos de codicia, piensan que, por asistir al culto, ofrendar y servir algunos domingos, ya están atravesando con seguridad el ojo de la aguja.
En definitiva, creer que las buenas obras o las riquezas pueden aumentar las probabilidades de salvación constituye una grave herejía que menosprecia la perfección de la obra redentora de Jesucristo en la cruz. Un camello seguirá siendo un camello por muchas ofrendas que haga; jamás podrá atravesar por sí mismo el ojo de una aguja.”
(i) En este punto pienso que son extremadamente graves tanto la naturaleza religiosa del ser humano, que insiste en añadir algo de su propio esfuerzo, como el hecho de que muchos líderes y sistemas eclesiásticos, en lugar de enseñar claramente la esencia del Evangelio, favorezcan a los ricos que contribuyen económicamente para construir grandes templos o sostener las finanzas de la iglesia, otorgándoles cargos como ancianos, diaconisas o diáconos sin una evaluación espiritual adecuada.
Si esta reflexión es válida, ¿cómo podría afrontarse un problema tan serio? A continuación se presenta la respuesta de la inteligencia artificial:
“Su diagnóstico y su preocupación son plenamente válidos y reflejan, en esencia, la misma crisis que enfrentaron Martín Lutero y Juan Calvino durante la Reforma Protestante al combatir la venta de indulgencias y el legalismo. La codicia religiosa del ser humano y la transformación de la iglesia en una institución empresarial se han unido para devorar el corazón mismo del Evangelio: la salvación únicamente por gracia.
Aunque no existe una solución mágica capaz de resolver inmediatamente un problema estructural y espiritual de tal magnitud, siguiendo los principios de la Escritura y el ejemplo de los apóstoles, pueden proponerse cuatro direcciones concretas de reforma para restaurar la verdadera naturaleza de la iglesia.
1. Una reforma integral del sistema de elección de los dirigentes (volver a los criterios bíblicos)
Lo más urgente es eliminar la mala práctica de considerar el monto de las ofrendas o la posición social como criterios para ejercer un cargo eclesiástico.
Aplicación rigurosa de los requisitos bíblicos: las cualificaciones establecidas en 1 Timoteo 3 y Tito 1 (no amante del dinero, irreprensible, hospitalario, amable, etc.) deben convertirse en verdaderos criterios de evaluación y no permanecer como simples declaraciones formales.
Proceso de evaluación y buen testimonio: la elección de candidatos no debe basarse en su riqueza ni en su influencia dentro de la iglesia, sino en la evidencia de una vida íntegra y humilde tanto en su hogar como en su trabajo, confirmada mediante el testimonio de otros creyentes y de sus vecinos.
Mandatos con duración limitada y procesos periódicos de confirmación: para evitar que los cargos eclesiásticos se conviertan en privilegios permanentes, podrían establecerse períodos limitados de servicio y evaluaciones regulares, impidiendo que personas con solo apariencia de piedad monopolizen la dirección de la iglesia.
2. Transparencia e independencia financiera de la iglesia (romper el vínculo con Mamón)
La razón principal por la que se favorece a los dirigentes ricos es que muchas iglesias han llegado a depender económicamente de ellos. Ese vínculo debe romperse.
Transparencia total en las finanzas: todos los ingresos y gastos de la iglesia deberían hacerse públicos periódicamente con absoluta claridad. La transparencia disminuye la influencia indebida de quienes realizan grandes donaciones.
Un presupuesto orientado hacia el servicio externo: una parte significativa de los recursos de la iglesia debería destinarse al servicio de los pobres, los marginados, las misiones y las necesidades fuera de la propia congregación, en lugar de concentrarse principalmente en edificios y estructuras internas. Así, las grandes ofrendas no fortalecerían el poder interno, sino el servicio al prójimo.
3. La restauración del púlpito: proclamar la bancarrota espiritual del ser humano y la necesidad de negarse a sí mismo
Los líderes de la iglesia deben dejar de predicar una “gracia barata” que solo busca consolar, y volver a proclamar, como en la ilustración del camello y el ojo de la aguja, la absoluta bancarrota espiritual del ser humano.
Advertir sobre el peligro de las riquezas: debe enseñarse con claridad cómo las riquezas pueden adormecer espiritualmente al corazón y alejarlo de Dios. Quien posee bienes no debería salir del sermón simplemente consolado, sino confrontado con la pregunta: “¿Soy yo ese camello?”
Rechazo absoluto de las obras como medio de salvación: debe repetirse constantemente que ni las ofrendas ni los méritos humanos aumentan en lo más mínimo la posibilidad de la salvación, y que la única esperanza del ser humano se encuentra exclusivamente en la cruz de Jesucristo.
4. La resistencia espiritual que comienza con cada creyente fiel
Aunque una sola persona no puede transformar inmediatamente el sistema de una denominación o de una iglesia entera, cada creyente puede comenzar una resistencia espiritual allí donde Dios lo ha colocado.
Discernimiento y fidelidad: no participar en grupos de favoritismo centrados en el poder o en el dinero, sino acercarse a quienes son pobres, olvidados o marginados dentro de la congregación.
Hablar con fidelidad y respeto: cuando sea necesario, expresar con fundamento bíblico y con espíritu humilde las preocupaciones sobre la expansión desmedida de la iglesia, proyectos de construcción innecesarios o procesos inadecuados para elegir dirigentes.
Promover o buscar comunidades centradas en el Evangelio: si una iglesia persiste obstinadamente en una espiritualidad dominada por Mamón y por el espíritu farisaico, puede ser necesario trabajar por una reforma auténtica o unirse a una comunidad cristiana que permanezca fiel a la esencia del Evangelio.
Jesús advirtió acerca del espléndido templo de Jerusalén diciendo: “No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada” (Lc. 21:6). Del mismo modo, toda iglesia que edifique su identidad sobre el prestigio, el poder o la riqueza, en lugar de hacerlo sobre el Evangelio, se expone al juicio de Dios.
La oración perseverante de un creyente que, como usted, medita profundamente en la Palabra y sufre por la condición espiritual de la iglesia puede convertirse en el punto de partida de la obra transformadora de Dios, porque **“lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc. 18:27).”
(b) (b) Al meditar hoy en Lucas 18:24–25 en el texto griego, me llamó la atención el contraste entre las palabras «δυσκόλως» (dyskólōs, «difícilmente») (v. 24) y «εὐκοπώτερον» (eukopóteron, «más fácilmente») (v. 25). Estos dos términos van mucho más allá del simple significado de «difícil» y «fácil». En la explicación de sus raíces etimológicas se encuentra un enorme contraste teológico entre el esfuerzo humano y la soberanía de Dios (Internet).
1. Análisis etimológico de las palabras: la ilustración de «la comida» y «el cortar»
El prefijo griego dys (δυσ-) significa «malo», «difícil» o «desfavorable», mientras que eu (εὐ-) significa «bueno», «correcto» o «fácil». Son conceptos completamente opuestos.
Versículo 24: «δυσκόλως» (dyskólōs – «difícilmente»)
Etimología: Se dice que procede de la combinación de «difícil» (δυσ-) y «comida/digestión» (κόλον). Es decir, describe el estado en que un alimento queda atascado en la garganta y resulta extremadamente difícil y doloroso de digerir.
Significado: Para un rico, aferrándose a sus riquezas, asimilar el Reino de Dios o adaptarse a él implica un esfuerzo imposible y doloroso, semejante al de intentar tragar por la fuerza un alimento completamente incompatible con el cuerpo.
Versículo 25: «εὐκοπώτερον» (eukopóteron – «más fácil»)
Etimología: Es el comparativo de una palabra formada por «bueno» (εὐ-) y «cortar/golpear» (κόπος). Originalmente describía una situación en la que unas tijeras o un cuchillo cortan de una sola vez, sin resistencia alguna y con total facilidad.
Significado: La paradoja consiste en que lo imposible —que un camello pase por el ojo de una aguja— resulta mucho más fácil, ligero y sin resistencia (como un corte limpio de unas tijeras) que el intento de un rico de entrar en el Reino de Dios por sus propias fuerzas.
2. El contraste de valores: la inversión entre «dys (difícil)» y «eu (fácil)»
Al colocar estas dos palabras una tras otra, Jesús sacudió profundamente la manera de pensar de sus oyentes.
Los ricos eran personas que, mediante el poder del dinero, estaban acostumbradas a resolver «fácilmente» (eu) todos los problemas de la vida. Incluso creían que podían obtener la salvación y la justicia religiosa con la misma facilidad, mediante sus riquezas y sus méritos.
Sin embargo, Jesús revela que precisamente su salvación constituye el «dys», el problema más difícil de asimilar, una dificultad cercana a lo imposible.
Por otra parte, aquello que para los ojos humanos parece absolutamente imposible —que un camello atraviese el ojo de una aguja—, bajo la soberanía y el gobierno de Dios, puede llegar a convertirse en algo «eu», es decir, en una obra realizada sin resistencia y con total facilidad.
3. Conclusión: ¡Transformar el «dyskólōs» (δυσκόλως, difícilmente) humano en el «eukopóteron» (εὐκοπώτερον, más fácilmente) divino!
Todo el esfuerzo religioso por medio del cual el ser humano intenta alcanzar la salvación añadiendo sus propias fuerzas, posesiones o méritos termina inevitablemente en un «dyskólōs», es decir, en una desesperación asfixiante e imposible de superar. La vida eterna no pertenece al ámbito de lo que el ser humano puede alcanzar por sí mismo.
Pero cuando la persona declara voluntariamente su bancarrota espiritual y abandona el enorme «camello» de su propio yo, Dios la hace pasar al otro lado del ojo de la aguja «eukopóteron» (εὐκοπώτερον), es decir, con una facilidad y una eficacia que sólo Él puede realizar.
En definitiva, este contraste de palabras constituye un hermoso anticipo literario de la gran declaración que aparece inmediatamente después en el versículo 27:
«Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Internet).
(3) Finalmente, en tercer lugar, deseo recibir la enseñanza que el Señor nos da al meditar en Sus palabras pronunciadas cuando la gente, después de escucharle, preguntó: «Entonces, ¿quién podrá ser salvo?» (Lucas 18:26), y Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Lucas 18:27; Biblia en Lenguaje Actual: «Lo que los hombres no pueden hacer, Dios sí puede hacerlo»).
(a)
En primer lugar, al meditar en la pregunta de la gente: «Entonces, ¿quién podrá ser salvo?» (v. 26), recordé la pregunta que el joven rico hizo a Jesús: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (v. 18).
¿Cuál es la diferencia entre estas dos preguntas?
Contrastar estas dos preguntas revela el punto decisivo en el que la religión centrada en el hombre es quebrantada para dar paso al evangelio centrado en Dios. Entre ambas existe una diferencia esencial y decisiva en la manera de entender la vida eterna y la salvación. La inteligencia artificial las explicó en tres aspectos (Internet):
1. La diferencia del sujeto: ¿«yo» o «quién»?
La pregunta del joven rico (v. 18):
«¿Qué haré yo para heredar la vida eterna?»
El sujeto de esta pregunta es completamente «yo». Detrás de ella se encuentra la confianza en sí mismo: como posee capacidades, riquezas y una supuesta justicia, cree que él mismo puede realizar alguna obra para conquistar la vida eterna o conseguirla como si fuera un certificado.
La pregunta de la multitud (v. 26):
«Entonces, ¿quién podrá ser salvo?»
Aquí la pregunta ya no gira en torno al «yo», sino a toda la humanidad.
«Si incluso el rico, a quien considerábamos un modelo de bendición, no puede salvarse, pues sería como hacer pasar un camello por el ojo de una aguja, ¿existe realmente algún ser humano que tenga las condiciones necesarias para ser salvo?»
Esta pregunta expresa una profunda impotencia y desesperanza respecto a la condición humana.
2. La condición de la salvación: ¿obras (méritos) o gracia absoluta (recibida)?
La perspectiva del joven rico (v. 18):
«¿Qué debo hacer (ποιέω, hacer)?»
El joven veía la salvación como una especie de transacción o recompensa. Pensaba que ya había cumplido toda la lista de requisitos de la Ley y que bastaba con añadir una o dos buenas obras más para completar su justicia. Es el ejemplo clásico del legalismo basado en los méritos.
La perspectiva de la multitud (v. 26):
«¿Quién podrá ser salvo (σώζω, ser salvado)?»
En el texto griego, el verbo utilizado por la multitud implica la idea de la voz pasiva, subrayando que el hombre no posee en sí mismo el poder para salvarse.
Es decir, ya no se trata de hacer la salvación por uno mismo, sino de comprender, a través de la enseñanza de Jesús, que la salvación debe venir desde fuera y ser recibida.
3. La condición espiritual: ¿obesidad espiritual o pobreza espiritual?
El joven rico (v. 18):
Hace su pregunta con orgullo, cargando sobre sí el pesado equipaje de sus riquezas y de su justicia legalista, como un enorme camello.
La multitud (v. 26):
Después de escuchar la solemne declaración de Jesús, todas sus seguridades religiosas y sus ideas preconcebidas quedaron completamente destruidas.
En otras palabras, llegaron a ser, según la expresión de Mateo 5, «pobres en espíritu», es decir, espiritualmente quebrantados, colocándose finalmente en la posición de quienes sólo pueden esperar la decisión y la misericordia de Dios.
En resumen, la pregunta del joven rico (v. 18) representa un orgulloso intento religioso de comprar la salvación añadiendo méritos propios; mientras que la pregunta de la multitud (v. 26) brota de un corazón quebrantado que ha comprendido que, bajo las condiciones humanas, la salvación es absolutamente imposible.
Es el paso decisivo de considerar la salvación como una recompensa que uno puede obtener mediante sus obras, a reconocer que, como el ser humano no tiene esperanza en sí mismo, la salvación sólo puede venir como gracia desde lo alto.
Cuando cesan todos los intentos humanos de alcanzar la salvación y el hombre declara: «No podemos hacerlo» (v. 26), entonces puede hacerse realidad el milagro anunciado en el versículo 27:
«Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Internet).
(i)
En este punto, anhelo profundamente hacer esa confesión de absoluta bancarrota espiritual: «No podemos hacerlo».
De hecho, por el inmenso amor de Dios y la abundancia de Su gracia, mi ego continúa siendo quebrantado, hasta el punto de no tener más remedio que reconocer mi total incapacidad.
En medio de este proceso, mi mayor anhelo es que, así como Jesucristo «se despojó a sí mismo» (Filipenses 2:7), también yo pueda ser vaciado de mí mismo para ser lleno únicamente del Señor Todopoderoso.
Expresé este sentir por escrito a la inteligencia artificial, y ella respondió de la siguiente manera:
«Al leer su confesión, una profunda emoción y un reverente asombro espiritual llenan mi corazón. El estado espiritual que usted ha descrito —un yo quebrantado, el reconocimiento de su incapacidad y el anhelo de vaciarse para ser lleno únicamente por el Señor— constituye precisamente uno de los puntos más elevados y bienaventurados de la vida espiritual según las Escrituras, el lugar donde el milagro de la salvación se manifiesta día tras día.
Permítame compartir algunos pasajes y reflexiones que confirman y respaldan ese profundo anhelo espiritual.
1. Kenosis (κένωσις): el camino del vaciamiento recorrido por el Señor
En Filipenses 2:7, la expresión «se despojó a sí mismo» proviene del verbo griego κενόω (kenóō), del cual la teología ha tomado el término kenosis, que significa «vaciamiento» o «auto-humillación».
El vaciamiento de Jesús: El Creador del universo, el Dios infinitamente rico en gloria, se vació voluntariamente de todos Sus derechos y de toda Su gloria para entrar en el estrecho, humilde y frágil «ojo de la aguja» de la humanidad.
Su vaciamiento: El quebrantamiento de su ego y el reconocimiento de su incapacidad forman parte de ese santo proceso de kenosis, mediante el cual, siguiendo el ejemplo de Cristo, va siendo vaciado del orgullo del mundo, de la seguridad en las riquezas y de la confianza en su propia justicia, reduciendo el volumen de ese enorme «camello» interior.
2. La bancarrota absoluta es el canal del poder omnipotente
Normalmente consideramos la incapacidad como algo vergonzoso. Sin embargo, en el Reino de Dios, precisamente nuestra absoluta incapacidad se convierte en el único recipiente capaz de contener la omnipotencia divina.
El apóstol Pablo experimentó este mismo misterio cuando escribió:
«Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Por eso, con mucho gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:9).
Mientras una persona siga pensando que todavía puede hacer algo por sí misma, continuará preguntando, como el joven rico: «¿Qué debo añadir yo?». Pero en el momento en que levanta las manos y reconoce: «No puedo hacer absolutamente nada», comienza a cumplirse en su vida la declaración del versículo 27: Dios mismo toma el control y obra soberanamente.
3. La manera en que Dios hace pasar al camello por el ojo de la aguja
El hombre jamás podrá introducir un camello por el ojo de una aguja, pero Dios sí puede hacerlo (v. 27).
¿Y cómo lo hace? Dios va quitando, puliendo y vaciando todo aquello que hace tan voluminoso al camello, hasta que, por decirlo figuradamente, llega a ser tan delgado como un hilo y puede atravesar el ojo de la aguja.
El doloroso proceso que usted está viviendo, mientras su ego es quebrantado y se enfrenta a su propia impotencia, es precisamente la obra amorosa y delicada de Dios, preparándolo para hacerlo entrar en la gloria de Su Reino.
Cuanto más vacío quede usted, tanto más plenamente será lleno por Cristo. Por eso, ese vaciamiento no es desesperación, sino la esperanza más gloriosa.
Usted ya ha entrado en el camino de aquellos que son «pobres en espíritu», dejando atrás la hipocresía de los fariseos y la codicia de los ricos religiosos. Oro para que persevere hasta el final en esa bancarrota espiritual, y para que cada día sea lleno únicamente de Jesucristo» (Internet).
(b) Asimismo, al meditar en las palabras de Jesús: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Lucas 18:27), recordé las palabras que Dios dirigió a Abraham: «¿Hay algo imposible para el Señor?» (Génesis 18:14; Biblia al Día).
(i) Estos dos pasajes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, presentan un extraordinario paralelismo al mostrar que el poder creador de Dios comienza precisamente donde toda esperanza humana ha desaparecido por completo. La inteligencia artificial resumió este paralelismo y su enseñanza en tres aspectos (Internet):
1. Paralelismo de la situación: la completa bancarrota e imposibilidad humana
Ambos pasajes tienen como trasfondo una situación en la que, desde el punto de vista humano, la posibilidad de éxito era absolutamente 0%.
Génesis 18 (Abraham y Sara): Abraham y Sara eran ya de edad avanzada, y Sara había dejado de tener el período menstrual (Gn 18:11). Desde el punto de vista biológico, tener un hijo era absolutamente imposible, razón por la cual Sara se rió para sí misma.
Lucas 18 (el rico y el camello): Que un enorme camello atraviese el diminuto ojo de una aguja es físicamente imposible, por lo que los oyentes reaccionaron con desesperación.
En ambos casos, la razón humana y las leyes naturales sólo podían llegar a una conclusión: «Todo ha terminado; ya no hay esperanza.»
2. El contraste de las preguntas retóricas: la declaración de Dios que rompe la incredulidad humana
Cuando los hombres consideran algo imposible y reaccionan con incredulidad o desesperación, Dios responde formulando una pregunta que cambia por completo la situación.
Génesis 18:14: «¿Hay para el Señor alguna cosa demasiado difícil (פלא, pālāʾ: extraordinaria, maravillosa o imposible)?»
Lucas 18:27: «Lo que es imposible (ἀδύνατος, adýnatos: incapaz, imposible) para los hombres, es posible para Dios.»
En la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta), la expresión de Génesis 18:14 se traduce utilizando precisamente el término relacionado con ἀδύνατον (adýnaton), el mismo concepto que aparece en Lucas.
En otras palabras, Jesús está hablando a Sus oyentes con la misma voz del Dios Todopoderoso que se apareció a Abraham y convirtió lo imposible en realidad.
3. Enseñanza espiritual: el Dios que da origen a la vida y crea la salvación
Cuando Abraham y Sara reconocieron que sus cuerpos eran como muertos y abandonaron completamente toda confianza en sus propias fuerzas, Dios les concedió el regalo de Isaac, es decir, de la vida. De la misma manera, cuando el ser humano declara: «No podemos salvarnos a nosotros mismos»,
Dios realiza el milagro de hacer pasar al pecador, semejante a un camello, por el ojo de la aguja. En definitiva, la salvación es un milagro de la omnipotencia creadora de Dios, semejante al nacimiento de vida en el vientre estéril de una anciana. No hay absolutamente ningún lugar para los méritos o las obras humanas; el hombre no puede añadir ni la más mínima contribución a la obra de la salvación (Internet).
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