Conclusión
Deseo
dejar atrás la insensatez y caminar por la senda de la sabiduría. Anhelo
despojarme continuamente no solo de la insensatez, sino también de rasgos
pecaminosos —tales como la hipocresía, la pereza, la codicia y el orgullo— y
recorrer el camino del discernimiento propio de un cristiano. Quiero aborrecer
lo que Dios aborrece y amar lo que Dios ama. Deseo vivir una vida cristiana
justa, una vida que honre a Dios con reverencia. Aspiro a ser un cristiano
sabio. Mi oración es llegar a ser sabio ante los ojos de Dios y agradarle,
brillando como las estrellas y la luz del cielo, y sirviendo como instrumento
del Señor para guiar a muchos por el camino correcto (Daniel 12:3).
Por
ello, anhelo fervientemente aprender sabiduría y busco alcanzarla. Deseo
experimentar plenamente los beneficios y el poder de la sabiduría. Convencido
de que la sabiduría es primordial, se la pido a Dios; al mismo tiempo, aun
siendo imperfecto, deseo meditar en Su Palabra día y noche, prestándole
atención y escuchando la voz de la sabiduría. A medida que el Espíritu Santo
que mora en mí me instruye a través de esa Palabra, quiero aceptar humildemente
Su consejo, aplicándolo no solo a mi fe personal sino también a mi vida
familiar: aprendiendo a amar a mi esposa, a criar a mis hijos y a amar a mi
prójimo. Con la sabiduría que Dios provee, deseo guardar mi alma y mi corazón,
y levantarme en el nombre de Jesús cada vez que enfrente el desánimo. Además,
deseo encomendar a Dios los planes de mi corazón y todos mis proyectos;
confiando en Él —quien escudriña mi corazón—, aspiro a vivir una vida que le
agrade. Deseo construir relaciones sabias empleando una lengua sabia y un
corazón sincero, mientras ayudo a mi amada esposa a convertirse en una mujer
virtuosa que teme a Dios y crío a mis tres hijos para que sean cristianos
sabios. Aspiro a ser un hijo que alegre a sus padres mientras me dedico a
establecer una familia armoniosa centrada en Cristo. Deseo ser un amigo sabio
que ayude a otros a crecer y, mediante la sabiduría dada por Dios, ser un
pacificador que preserve la armonía. Deseo participar humildemente en la obra
del Señor de edificar Su iglesia —Su cuerpo— y verla convertirse en una iglesia
que esté en consonancia con la gloria y los propósitos de Dios. Por último, oro
para llegar a ser un cristiano sabio que agrada a Dios viviendo una vida que le
honra.
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