https://youtu.be/3GXlI1b7dGc?si=toKKK3anay4WpA8P
“El arma de la espada del Espíritu se vuelve afilada únicamente en el lugar de la obediencia.”
“Y les dijo: ‘Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?’ Ellos dijeron: ‘Nada’. Y les dijo: ‘Pero ahora, el que tenga bolsa, que la tome, y también la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Y fue contado con los transgresores”; porque lo que se refiere a mí llega a su cumplimiento’. Ellos dijeron: ‘Señor, aquí hay dos espadas’. Y Él les dijo: ‘Basta’.” (Lucas 22:35–38).
(1) Al leer hoy el pasaje de Lucas 22:35–38 tanto en la Biblia coreana como en la Biblia griega, lo primero que quisiera meditar es en las palabras del Señor de que Él envió a sus discípulos “sin bolsa, sin alforja y sin sandalias” [“ἀπέστειλα” (apestéila) (literalmente: “yo envié”)]. (Versículo 35).
¿Por qué hizo el Señor esto? Incluso hoy, ¿envía el Señor a sus discípulos sin ciertas cosas cuando los envía o los comisiona para realizar su obra?
1. La razón por la que en el pasado los envió “sin bolsa, sin alforja y sin sandalias”
El propósito por el cual Jesús envió a sus discípulos sin ninguna preparación, como en Lucas 10 (el envío de los setenta), fue entrenarlos para depender completamente de Dios.
Experimentar la provisión de Dios:
Durante el viaje misionero, les permitió experimentar directamente cómo Dios proveía, por medio de las personas, lo que necesitaban: alimento, vestimenta y un lugar donde alojarse.
La urgencia del ministerio:
Quería que no permitieran que sus corazones fueran distraídos por las preparaciones materiales de este mundo, sino que se concentraran únicamente en la obra esencial de proclamar el evangelio del reino de Dios.
La evidencia resultante:
Cuando el Señor les preguntó en la segunda parte del versículo 35: “¿Os faltó algo?”, y los discípulos confesaron: “Nada”, esto se convirtió en una oportunidad para confirmar la fidelidad de Dios.
2. ¿Sigue enviando el Señor hoy a sus discípulos sin ciertas cosas? (El contraste del pasaje)
Para dar primero la conclusión: Jesús también cambia la manera de realizar el ministerio y el proceso de preparación de acuerdo con los cambios en las circunstancias. La respuesta aparece en el versículo inmediatamente siguiente, Lucas 22:36:
“Y les dijo: ‘Pero ahora, el que tenga bolsa, que la tome, y también la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una’.”
El Señor establece un contraste claro entre el pasado (versículo 35) y el presente (versículo 36).
El pasado (período de entrenamiento):
Como era un período de infancia espiritual y de entrenamiento, no les permitió llevar nada, para que experimentaran la provisión sobrenatural.
Ahora (el período práctico después de la cruz):
En una época de guerra espiritual y persecución, cuando Jesús sería arrestado y se marcharía, les enseña que deben hacer sabiamente preparativos prácticos y realistas, llevando bolsa, alforja y espada.
Resumen clave para la meditación
La esencia del envío es la misma:
Tanto en el pasado como ahora, nuestra identidad como personas enviadas por causa del evangelio es la misma.
La fuente de la provisión es la misma:
Tanto cuando no tenemos nada como cuando hemos llenado nuestra bolsa y nuestra alforja, Dios es quien provee todas las cosas.
Cambia la actitud hacia la preparación:
La fe no significa salir obligatoriamente “sin nada”. Más bien, debemos hacer una preparación completamente práctica de acuerdo con la época y las circunstancias en las que el Señor nos ha colocado, mientras seguimos dependiendo únicamente de Dios en nuestro corazón. Este es el deber del discípulo en la época actual. (Internet).
(a) Al leer aquí la frase “Dios es quien provee todas las cosas”, recuerdo las palabras de Génesis 22:14: “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar Jehová proveerá. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.”
Al mismo tiempo, aunque es cierto que “en el monte de Jehová será provisto”, considero que esto no significa que “salir obligatoriamente sin nada sea fe”. Más bien, debemos hacer una preparación completamente práctica y cuidadosa de acuerdo con la época y las circunstancias en las que el Señor nos ha colocado.
Entonces, ¿cómo debemos entender y poner en práctica de manera equilibrada esta fe en “Jehová proveerá” (Jehová Jireh) y una preparación práctica y exhaustiva?
a. El verdadero significado de Jehová Jireh: la provisión que llega sobre los “pasos de obediencia”
Con frecuencia entendemos erróneamente “Jehová Jireh” (“Jehová proveerá”) como si las cosas fueran a caer del cielo simplemente si no hacemos nada y nos quedamos esperando. Sin embargo, cuando observamos el acontecimiento de Abraham, vemos que no fue así.
Una fe que actúa:
Abraham caminó durante tres días hasta llegar al monte Moriah, preparó la leña, tomó el cuchillo y llevó hasta el final las acciones concretas de obediencia necesarias para ofrecer a su hijo.
El momento de la provisión:
El carnero que Dios había preparado no estaba esperando en la habitación de la casa. Estaba en “el monte de Jehová”, el lugar al que Abraham llegó mediante su obediencia.
Aplicación práctica:
Creer en la provisión de Dios no puede convertirse en una excusa para justificar la pereza. Cuando hacemos la mejor preparación que podemos y damos pasos de obediencia, entonces llegamos a experimentar el “Jehová Jireh” que Dios ha preparado.
b. El equilibrio bíblico: la unión de “hacer lo mejor con mis propias manos” y “la soberanía de Dios”
El equilibrio entre la fe y la preparación práctica consiste en adoptar esta actitud: “Yo me prepararé diligentemente, pero dejaré el resultado en manos de Dios.” La Biblia enfatiza continuamente la unión de estas dos cosas.
El ejemplo de Nehemías:
Cuando Nehemías reconstruyó los muros de Jerusalén, realizó una preparación práctica completa para defenderse de los ataques de los enemigos: puso guardias y dio espadas y lanzas al pueblo. Al mismo tiempo, proclamó su fe espiritual diciendo: “Nuestro Dios peleará por nosotros” (Neh. 4:20).
Advertencia contra los extremos equivocados:
Fe sin preparación: Puede convertirse fácilmente en negligencia espiritual o en una fe ciega.
Preparación sin fe: Puede terminar en un humanismo que excluye a Dios, así como en preocupación y temor.
c. Orientaciones prácticas y concretas para la vida diaria
Las siguientes son pautas que podemos revisar cada día para poner en práctica este equilibrio en nuestra vida.
[Paso 1] Etapa de preparación racional y práctica:
Utilizar plenamente la sabiduría y los recursos que el Señor nos ha dado (la bolsa y la alforja), y llevar a cabo diligentemente los planes, estudios, ahorros, alternativas y demás preparativos que podamos realizar en nuestra situación actual.
[Paso 2] Etapa de entregar la soberanía espiritual a Dios:
Después de terminar nuestra preparación, si comenzamos a sentir en nuestro corazón una confianza en nosotros mismos que dice: “He preparado todo esto, así que seguramente tendré éxito”, debemos detenernos. En lugar de eso, debemos confesar: “Dios, he llenado mi bolsa y mi alforja, pero estas cosas no pueden salvarme. Solo Tú debes obrar.”
[Paso 3] Flexibilidad ante las circunstancias:
Reconocer que la bolsa y la alforja que hemos planificado y preparado cuidadosamente pueden abrirse o cerrarse en cualquier momento conforme a la voluntad de Dios, y obedecer con flexibilidad ante los cambios de las circunstancias (la guía de Dios).
Resumen:
En resumen, “Jehová Jireh” no es la buena fortuna de quien no hace nada, sino la fe de dependencia absoluta que confiesa, mientras sube al monte Moriah, la persona que ha trabajado arduamente para preparar su bolsa y su alforja en medio de las realidades de la vida. (Internet).
(2) En segundo lugar, al meditar hoy en el pasaje de Lucas 22:35–38, quiero reflexionar sobre el significado de las palabras del Señor: “¿Os faltó algo?” [μή τινος ὑστερήσατε (mē tinos hysterēsate)] (versículo 35), aplicarlas a mí mismo, recibir las enseñanzas que el Señor me da y ponerlas en práctica. Al igual que los discípulos, yo también quiero responder con fe a las palabras del Señor: “Nada” [Οὐθενός (Oudhenós)].
1. El secreto espiritual de “mē tinos hysterēsate” (“¿Os faltó algo?”) y “Oudhenós” (“Nada”)
El significado de “hystereō (ὑστερέω) (carecer, faltar):
Esta palabra no significa simplemente que falte algún objeto o que no se tenga suficiente de algo, sino que también tiene los significados de “quedarse atrás”, “no alcanzar” y “fracasar debido a una carencia”. En otras palabras, la pregunta del Señor significa: “Mientras realizabais mi obra, ¿alguna vez fracasasteis o quedasteis arruinados porque os faltaron los recursos necesarios?”
La declaración de “Oudhenós (Οὐθενός) (“Nada”):
La respuesta de los discípulos es una poderosa expresión de negación: “¡Ni una sola cosa; nunca nos faltó nada!”. Sin duda, durante su camino debieron experimentar hambre y también rechazo. Sin embargo, desde la perspectiva más amplia de su ministerio, esta es una confesión de fe: nunca hubo ni un solo momento en que la misión del Señor fracasara o ellos quedaran rezagados debido a que la provisión de Dios fuera insuficiente.
2. Tres enseñanzas espirituales que aplico a mi propia vida
Cuando miro esta Palabra a la luz de mi propia vida, el Señor nos da las siguientes enseñanzas.
[Enseñanza 1] No se trata de “la abundancia de nuestras posesiones”, sino de “la fidelidad de Su guía”.
Los discípulos no tenían dinero ni alforjas, pero tenían la “autoridad y el poder” del Señor que los había enviado. La pregunta del Señor, “¿Os faltó algo?”, no se refiere al saldo de nuestras cuentas bancarias que hemos acumulado, sino a si recordamos la fidelidad de Dios, quien ha guiado nuestra vida hasta este momento.
[Enseñanza 2] Incluso los “momentos de carencia” formaban parte del proceso de Dios.
Incluso en el camino por el que el Señor nos manda ir, a veces llegan la pobreza y el sufrimiento. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y miramos hacia atrás, Él nos permite comprender que incluso aquel tiempo de carencia fue el canal más perfecto de Su provisión, mediante el cual nos humilló y nos enseñó a mirar solamente a Dios.
[Enseñanza 3] La preocupación presente aparece cuando olvidamos la gracia del pasado.
La razón por la que Jesús hizo que los discípulos recordaran el pasado (versículo 35) fue para que no tuvieran miedo aun delante del difícil y arduo período práctico que enfrentarían después de la cruz (versículo 36). El Dios que nos ayudó en el pasado también nos ayudará en el futuro.
3. Orientaciones prácticas para vivir de manera que podamos responder: “Nada”
Para poder responder hoy con fe en mi vida: “Oudhenós (no hubo absolutamente nada que faltara)”, estas son las prácticas que debemos ejercitar diariamente.
Práctica 1: Escribir un “Recibo de la gracia” (entrenamiento de la memoria)
Los seres humanos somos propensos a olvidar, por lo que incluso cuando experimentamos una pequeña carencia, fácilmente nos quejamos. Escriba concretamente cómo Dios le proveyó (Jehová Jireh) y cómo lo guió en aquellos momentos de su vida en los que se encontraba ante situaciones que simplemente no podía resolver con sus propias fuerzas. Cuando las evidencias de la fidelidad de Dios en el pasado vuelvan a cobrar vida dentro de nosotros, podremos confesar con confianza: “Nada”.
Práctica 2: Proclamar el “contentamiento” (entrenamiento de los labios)
El mundo continuamente siembra en nosotros la comparación y el sentimiento de privación, diciéndonos: “Te falta esto y tampoco tienes aquello”. Cada vez que esto suceda, proclame primero con sus labios, como lo hizo el apóstol Pablo:
“Todo lo puedo en aquel que me fortalece, y he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11–13).
Práctica 3: Abrir la bolsa y la alforja para “dejar que fluya” (entrenamiento de la confianza)
Si usted tiene recursos prácticos que ha preparado cuidadosamente —tiempo, bienes materiales y talentos—, no los apriete con fuerza ni viva preocupado por ellos. Más bien, entréguelos y déjelos fluir para cumplir la voluntad del Señor y para beneficio de sus prójimos. Cuando vaciamos nuestras manos, finalmente podemos experimentar de manera práctica y diaria el milagro de “Oudhenós” (“Nada”): que la mano de Dios nos llena.
“¿Os faltó algo?”
También hoy el Señor viene al lugar donde usted se encuentra en su vida y le hace esta pregunta con ternura. Recordando que cada una de las huellas del camino recorrido hasta ahora ha sido por la gracia del Señor, deseo que durante este día usted pueda transformar la preocupación en oración y vivir como un discípulo que responde hermosamente: “Señor, no me faltó absolutamente nada”. Espero que pueda vivir hoy como un discípulo así. (Internet)
(3) En tercer lugar, al leer hoy el pasaje de Lucas 22:36, me surge la pregunta de por qué Jesús, aunque claramente mencionó en el versículo 35 “la bolsa, la alforja y las sandalias”, en el versículo 36 menciona solamente “la bolsa” y “la alforja”, y después dice: “El que no tenga espada, que venda su manto y compre una” [ὁ μὴ ἔχων πωλησάτω τὸ ἱμάτιον αὐτοῦ καὶ ἀγορασάτω μάχαιραν (ho mē echōn pōlēsátō to himátion autou kai agorasátō máchairan)]. ¿Cuál es la razón?
1. Razón cultural y práctica: las “sandalias” ya se llevaban puestas, mientras que el “manto” era tan importante como la vida misma
Las sandalias (un punto en común entre el pasado y el presente):
La bolsa y la alforja mencionadas en el versículo 35 eran pertenencias que podían “llevarse o no llevarse” como provisiones para una emergencia. Sin embargo, en el momento señalado en el versículo 36 —la noche en que Jesús fue arrestado— los discípulos ya llevaban puestas sus sandalias. No se encontraban en una situación en la que necesitaran conseguir o preparar otras nuevas.
El valor del manto (ἱμάτιον):
Para los judíos, el manto era una prenda de vestir durante el día y una manta para protegerse del frío durante la noche. También era su “último recurso para sobrevivir”, algo que no podía simplemente entregarse como garantía. Cuando Jesús dijo: “Vende tu manto y compra una espada”, estaba enfatizando que se acercaba una situación de extrema urgencia, tan urgente que debían asegurarse de tener una espada aun si para ello tenían que renunciar a su medio de supervivencia más valioso y esencial.
2. Razón histórico-redentora y contextual: había llegado la era de la persecución y de la guerra espiritual
Entre los versículos 35 y 36 ocurre un gran cambio en las circunstancias. Se trata de la muerte y resurrección de Jesús en la cruz, el punto de inflexión en la historia de la redención.
De una época de hospitalidad a una época de rechazo:
Durante los viajes de evangelización mencionados en el versículo 35, el pueblo de Israel recibía y acogía a los discípulos. Habría personas que les proporcionarían nuevas sandalias cuando las que tenían se desgastaran. Sin embargo, después del versículo 36, desde el momento en que Jesús es contado entre los criminales (versículo 37), los discípulos pasan a ser objeto de persecución, rechazo y odio por parte del mundo.
La necesidad de autosuficiencia y de armadura espiritual:
Como ya no podían esperar la hospitalidad del mundo, Jesús les estaba mostrando de manera visual que había llegado una “época de combate real”, en la que tendrían que protegerse por sí mismos (con la bolsa y la alforja) y armarse intensamente (con la espada) para poder enfrentar la guerra espiritual y la persecución que se avecinaban.
3. El significado espiritual de la “espada (μάχαιραν)” y la razón por la que se omiten las sandalias
El hecho de que la “espada” a la que Jesús se refiere aquí no sea simplemente un arma literal de hierro se pone de manifiesto en el versículo siguiente (38), cuando los discípulos dicen que tienen dos espadas y Jesús responde: “Basta” (con el sentido de “Es suficiente” o, en cierto modo, “Deténganse aquí”).
La espada espiritual:
Esta espada no es la espada de violencia que Pedro utilizó en el huerto de Getsemaní cuando cortó la oreja del siervo del sumo sacerdote. Jesús dijo: “Todos los que tomen la espada, a espada perecerán” (Mt. 26:52). Por lo tanto, la espada aquí representa lo que el apóstol Pablo describió en Efesios 6:17 como “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”, así como la “armadura espiritual y el valor” necesarios para soportar la tribulación que se avecina.
La razón por la que desaparecen las sandalias y aparece la espada:
La época estable de entrenamiento en la que los discípulos evangelizaban pacíficamente y caminaban llevando las “sandalias del evangelio” (versículo 35) había terminado. Ahora había comenzado una época de intensa batalla espiritual (versículo 36), en la que debían estar dispuestos incluso a “vender” su manto más preciado —que representa su orgullo, su comodidad mundana y sus privilegios— para “comprar” la Palabra de Dios (la espada) y proteger su alma. Por eso, el Señor omite las “sandalias” e introduce la poderosa metáfora de la “espada”.
Resumen para ayudar en la meditación
Mediante el contraste entre los versículos 35 y 36, el Señor está dando esta advertencia:
“Las circunstancias han cambiado por completo. Ahora debéis estar completamente armados espiritualmente con la espada, aunque tengáis que pagar el precio entregando aquello que más valoráis.” (Internet)
(a) Aquí, aunque hemos entrado en una época de intensa batalla espiritual, me preocupa cómo nosotros, los cristianos, podremos soportar la tribulación que se avecina si no estamos adecuadamente armados, como soldados de la cruz del Señor, bajo nuestro Comandante, con nuestra única arma espiritual: “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17). En particular, quisiera reflexionar sobre aquello a lo que debemos dedicarnos con todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas para convertirnos en soldados de la cruz capaces de manejar hábilmente “la espada del Espíritu”.
(i) La espada del Espíritu de la que Pablo habla en Efesios 6:17 es, en el idioma original, la “palabra de rhema (ῥῆμα)”. Esto se refiere a algo que va más allá de la Palabra objetiva (logos) impresa en las páginas de la Biblia; se refiere a la Palabra subjetiva que, mediante la iluminación del Espíritu Santo, se convierte en una hoja viva y activa dentro de nuestra alma en medio de las intensas realidades de la vida. Para convertirnos en fuertes soldados de la cruz que puedan manejar hábilmente esta espada del Espíritu, hay tres disciplinas concretas a las que debemos dedicarnos con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. (Internet)
a. Afilar el filo de la espada mediante la “memorización y meditación diaria” (etapa de interiorización)
Por muy buena que sea una espada, es inútil si no podemos sacarla de su vaina o si su filo está embotado. Así como Jesús, cuando fue tentado por Satanás en el desierto, sacó y blandió inmediatamente las palabras de Deuteronomio diciendo: “Escrito está” (Mt. 4:4), nosotros también debemos tener la Palabra preparada dentro de nosotros.
La disciplina de la meditación:
No debemos limitarnos simplemente a leer la Biblia con nuestros ojos, sino que debemos “rumiarla” como una vaca, por así decirlo, haciendo que llegue a convertirse en los huesos y la carne de nuestra alma.
Orientación práctica:
Cada semana, escoja y memorice al menos un versículo específicamente para la “guerra espiritual”. Debemos ir acumulando en nuestro arsenal espiritual versículos que podamos blandir cuando llegue la ansiedad (por ejemplo, Fil. 4:6–7) y versículos con los cuales podamos cortar la tentación cuando llegue (por ejemplo, 1 Co. 10:13), para poder sacar inmediatamente nuestra espada en el día de la tribulación.
b. Fortalecer la mano que sostiene la espada mediante “la unión de la oración” (etapa de oración)
Inmediatamente después de enumerar la armadura de Dios, la Escritura conecta poderosamente la espada del Espíritu con la oración: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu…” (Ef. 6:18).
La Palabra sin oración es como una espada sin fuerza, mientras que la oración sin la Palabra es como blandir una espada contra el aire.
La oración en el Espíritu:
El dueño de la espada es el Espíritu Santo. Si blandimos la Palabra según nuestros propios pensamientos y nuestra obstinación, solo causaremos heridas. Pero cuando oramos y somos llenos del Espíritu Santo, entonces la espada adquiere poder divino capaz de destruir las fortalezas del diablo.
Orientación práctica: Antes y después de leer la Palabra, ore siempre:
“Espíritu Santo, haz que esta Palabra sea una espada que corte las tentaciones y los temores de mi vida hoy.”
Solo unas manos fortalecidas mediante la oración podrán aferrarse firmemente a la espada aun en medio de los fuertes vientos de la tribulación.
c. Aprender el manejo de la espada mediante “la obediencia en el campo de la vida” (etapa de entrenamiento práctico)
Por mucho que un soldado conozca bien la teoría, si no tiene experiencia en el combate real, temblará de miedo en el campo de batalla. La espada del Espíritu se vuelve afilada únicamente en el lugar de la obediencia.
Comenzar con pequeños actos de obediencia:
Cuando surja el odio en nuestra vida cotidiana, use la espada de la Palabra, “amad a vuestros enemigos”, para cortar ese odio. Cuando llegue la ansiedad ante una crisis financiera, use la espada, “buscad primero el reino de Dios y su justicia”, para cortar el miedo.
Orientación práctica:
Tome al menos una sola cosa que haya comprendido de la Palabra el domingo o durante su tiempo de meditación y aplíquela realmente a su vida durante toda la semana. A medida que acumule “recuerdos de victorias espirituales” obtenidas al obedecer la Palabra, se convertirá en un soldado veterano que no retrocede ni se intimida aun ante la gran tribulación que se avecina. (Internet)
* · Aquí, las palabras “La espada del Espíritu solo se afila en el lugar de la obediencia” llegan profundamente a mi corazón. No quiero ser simplemente un soldado que conoce solamente la teoría (la Palabra), sino que quiero convertirme en un soldado de la cruz del Señor que acumula experiencia práctica, que lucha en el campo de batalla espiritual sin temor y que combate con valentía, teniendo la certeza de la victoria en el Señor. Para lograrlo, una de las cosas que me urge hacer ahora es dedicarme a la oración. Y también necesito el poder de la obediencia para cortar las tentaciones del diablo con la espada de la Palabra. ¿Cómo debo hacerlo?
Estas son las instrucciones más concretas y realistas que la inteligencia artificial me ha dado acerca de “las rodillas de la oración y la esgrima de la obediencia” (Internet):
1. Dedicación a la oración: construir una “sólida muralla de oración” (convertirla en una rutina)
Las tentaciones y los ataques del diablo llegan sin previo aviso. Para no confundirme ni entrar en pánico en el campo de batalla, es urgente establecer mi propia rutina de oración, mediante la cual reciba cada día el poder del Espíritu Santo.
[Práctica 1] El diezmo de la primera hora (oración matutina minuto a minuto)
Método: En cuanto abra los ojos, antes de mirar el teléfono inteligente, permanezca durante exactamente cinco minutos en guardia espiritual.
Contenido de la oración:
“Señor, mi Comandante, hoy también soy un soldado que ha sido enviado. Guarda mis pensamientos y mis emociones con la espada del Espíritu Santo, y vísteme con toda la armadura de Dios para que no sea vencido por las tentaciones del diablo.”
[Práctica 2] Oración de flecha (contraataque inmediato en el campo de batalla)
Método: En el mismo momento en que aparezcan repentinamente en la vida cotidiana las tentaciones del odio, la ansiedad, la inmoralidad sexual o la avaricia, ore en su corazón de manera breve y poderosa, como si estuviera lanzando una flecha.
Contenido de la oración:
“En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ordeno que el poder de este temor (o del odio/de la tentación) que está tratando de abrirse paso en mi corazón sea atado y se vaya.”
Esta breve oración se convierte en un escudo que bloquea el ataque sorpresa del diablo.
2. El poder de la obediencia: “esgrima inmediata” para cortar las tentaciones del diablo (combate práctico)
La técnica de esgrima más importante cuando el diablo nos tienta es la inmediatez, sin vacilar. Si comenzamos a conversar con el diablo o a darle vueltas al asunto, perderemos todas las batallas. Debemos blandir inmediatamente la espada de la Palabra.
[Paso 1] Discernimiento espiritual: reconocer el “anzuelo” del diablo
El diablo suele atacar nuestras debilidades: heridas del pasado, preocupaciones económicas, orgullo y espíritu de comparación. Cuando surjan pensamientos negativos y mundanos como “No puedes hacerlo”, “Mira tu situación” o “No pasa nada si haces una pequeña concesión como esta”, discierna inmediatamente que esto no es simplemente un pensamiento suyo, sino un “anzuelo lanzado por el diablo”.
[Paso 2] Desenvainar la espada: proclamar la “Palabra para el combate” apropiada para mi situación
No se limite a pensar en la Palabra en su mente; declare en voz alta la espada de la Palabra. El mundo espiritual se somete a la confesión de nuestros labios y a la Palabra de Dios.
Cuando lleguen la comparación y el sentimiento de privación: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Fil. 4:13)
Cuando la ansiedad por el día de mañana comience a oprimirle:
“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” (1 Ped. 5:7)
Cuando surjan con fuerza el odio y el sentimiento de injusticia hacia otra persona: “Amados, no os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios.” (Rom. 12:19)
[Paso 3] Obediencia del cuerpo: actuar de manera contraria para cortar la tentación de raíz
La mejor expresión de obediencia para cortar una tentación es actuar exactamente en sentido contrario a lo que el diablo exige.
Cuando llegue la tentación de ser tacaño, en lugar de ello deje que lo que tiene fluya hacia otros (dando ayuda al necesitado). Cuando llegue la tentación de odiar a alguien, comience inmediatamente a orar por esa persona y a bendecirla. El diablo no puede ejercer su poder y huye ante un soldado de obediencia que realmente da un paso conforme a la Palabra (Stg. 4:7).
El primer paso de hoy para un soldado de la cruz
Existe un dicho militar: “Cada gota de sudor derramada durante el entrenamiento ahorra una gota de sangre en el combate.” Arrodillarse en oración y obedecer la Palabra puede resultar extraño al principio y requiere un entrenamiento doloroso. Pero cuando estas pequeñas obediencias se van acumulando, su estatura espiritual crecerá de una manera extraordinaria. (Internet)
(4) En cuarto lugar, cuando leí las palabras de Jesús:
“Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: ‘Y fue contado con los transgresores’; porque lo que está escrito acerca de mí está llegando a su cumplimiento” [λέγω γὰρ ὑμῖν ὅτι τοῦτο τὸ γεγραμμένον δεῖ τελεσθῆναι ἐν ἐμοί, τό· Καὶ μετὰ ἀνόμων ἐλογίσθη (legō gar hymin hoti touto to gegrammenon dei telesthēnai en emoi, to: Kai meta anomōn elogisthē)] (Lc. 22:37),
comencé a querer comprender el significado de estas palabras. En particular, quise comprender específicamente qué quiso decir Jesús al afirmar que sería “contado con los transgresores” y cuál es el significado concreto de sus palabras: “lo que está escrito acerca de mí está llegando a su cumplimiento.”
1. El significado de “fue contado con los transgresores” [Καὶ μετὰ ἀνόμων ἐλογίσθη (Kai meta anomōn elogisthē)]
Significado en el idioma original:
“Anomos (ἄνομος)” (“transgresor” o “inicuo”) significa literalmente “el que está sin ley (nomos)” y se refiere a un “forajido”, “criminal” o “pecador” que ha quebrantado y se ha rebelado contra la ley de Dios. “Elogisthē (ἐλογίσθη)” (“fue contado” o “fue considerado”) es un término jurídico que significa “ser contado como”, “ser condenado” o “ser considerado”.
Cumplimiento histórico:
En realidad, Jesús recibió la crucifixión, una de las formas de ejecución más crueles y vergonzosas de la historia de la humanidad, y a su derecha y a su izquierda fueron crucificados dos malhechores (ladrones) que realmente habían perturbado la sociedad (Lc. 23:32-33). A los ojos del mundo, Jesús fue contado como igual que aquellos prisioneros, como alguien que estaba entre los “transgresores”.
Significado sustitutivo (espiritual):
Este fue el acontecimiento en el que el Dios santo, que no tenía absolutamente ningún pecado, descendió al lugar de los pecadores. Al colocar Jesús su nombre en la lista de los “transgresores” en nuestro lugar, se produjo el “gran intercambio” por medio del cual nosotros, que éramos transgresores, llegamos a tener nuestro nombre escrito en la lista de los hijos de Dios, los justos.
2. El significado de “lo que está escrito acerca de mí está llegando a su cumplimiento” [τὸ περὶ ἐμοῦ τέλος ἔχει (to peri emou telos echei)]
Significado en el idioma original:
La versión coreana revisada traduce esta expresión como “está llegando a su cumplimiento”, lo que puede hacer que parezca una expresión progresiva. Sin embargo, la expresión griega original “telos echei (τέλος ἔχει)” contiene el fuerte sentido de “haber llegado a una conclusión”, “llegar a su fin” o “ser completado”. En las Biblias en inglés también se traduce como “has its fulfillment” (“ha llegado a su cumplimiento”) o “is reaching its end” (“está llegando a su fin”).
El punto final de las profecías del Antiguo Testamento:
Esto significa que el plan del sufrimiento y la muerte del Mesías, profetizado desde Génesis y posteriormente por medio de los profetas, había llegado ahora a su destino final: la cruz. La vida de Jesús no fue un fracaso accidental ni una tragedia provocada por haber sido derrotado por el poder romano. Más bien, fue el proceso mediante el cual el gran plan de salvación de Dios estaba siendo completado sin la más mínima desviación.
Una advertencia para los discípulos:
El Señor estaba recordando a los discípulos la gravedad de la situación, diciéndoles esencialmente: “Ahora voy a ser tratado como un pecador y voy a morir, y ustedes, que son mis discípulos, también serán tratados como transgresores y perseguidos por el mundo. Por tanto, preparen la bolsa de dinero, la mochila y la espada” (v. 36).
Resumen y aplicación clave para la meditación
Jesús aceptó voluntariamente la vergüenza y la humillación de ser “contado con los transgresores”, y de este modo completó (telos) “lo que está escrito acerca de mí”—la salvación de la humanidad—que había sido planeada desde antes de la fundación del mundo.
Nuestra deuda ha sido saldada:
Puesto que Jesús fue contado en la lista de los pecadores, Dios ya no cuenta nuestros pecados contra nosotros ni nos condena por ellos.
Aprendemos la necesidad del sufrimiento:
Así como la vida del Señor fue el cumplimiento de la profecía—algo que “debía” suceder (dei, δεῖ, que significa “es necesario” o “debe suceder necesariamente”)—, tampoco es extraño que nosotros, que hoy nos hemos convertido en soldados de la cruz, seamos considerados por el mundo como “transgresores” o como necios a causa del evangelio. Esto también forma parte inevitable de la vida de un discípulo. (Internet)
(a) Al meditar aquí sobre la expresión “contado entre los transgresores”, recordé las palabras acerca del Mesías (Cristo): “y fue contado con los pecadores” (Is. 53:12), y también: “y se dispuso con los impíos su sepultura” (v. 9). ¿Cuál es la relación entre estos pasajes?
a. Relación en el cumplimiento histórico y literal (el cumplimiento de la profecía sin el menor error)
Los tres pasajes describen exactamente el escenario histórico real en el que Jesús murió en la cruz y fue sepultado.
El lugar de la muerte (Is. 53:12 = Lc. 22:37): Jesús fue señalado en el tribunal de Pilato como el peor de los criminales y fue crucificado en el monte Gólgota entre dos malhechores (ladrones) (Lc. 23:32-33). Literalmente, el santo Señor fue contado, según el criterio jurídico del mundo, como “uno de los criminales (transgresores)”.
El lugar de la sepultura (Is. 53:9): Según la ley romana, era común que los cuerpos de los prisioneros ejecutados por crucifixión fueran dejados expuestos o arrojados a una fosa común (el cementerio de los criminales). Es decir, su destino normal habría sido ser sepultado “con los impíos”. Sin embargo, en la segunda parte de Isaías 53:9 aparece un giro sorprendente en la profecía: “y con el rico fue en su muerte”. De hecho, Jesús fue sepultado en el sepulcro nuevo de José de Arimatea, que era un hombre rico (Mt. 27:57-60), cumpliendo esta profecía de manera asombrosamente perfecta.
b. Relación sustitutiva/expiatoria (el gran intercambio)
El núcleo espiritual que une firmemente estos pasajes se encuentra en la sustitución (cargar con el pecado en lugar de otros). Al considerar Isaías 53:12 en su totalidad, la razón queda clara: “...y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.
Intercambio de nombres: Dios cargó sobre Jesús todos nuestros pecados. Por eso, legalmente, Jesús fue contado (considerado) como “pecador (transgresor)”.
Intercambio de destinos: Debido a que Jesús fue incluido en la lista de los pecadores y descendió al sepulcro junto con los impíos, nosotros, que éramos verdaderamente transgresores e impíos, hemos sido inscritos en la “lista de los justos” y hemos recibido el derecho de llegar a ser hijos de Dios. La relación entre estos pasajes constituye una evidencia clara de que nuestra culpa fue transferida a Jesús.
c. Relación con “telos echei” (“ha sido llevado a su cumplimiento”)
Aquí encontramos precisamente la razón por la cual Jesús citó las palabras de Isaías en Lucas 22:37 y dijo: “lo que se refiere a mí está llegando a su cumplimiento (ha llegado a su conclusión)”.
El plan de salvación de Dios, anunciado setecientos años antes por boca del profeta Isaías —que el Mesías moriría en condición de pecador y sería llevado al sepulcro— estaba a punto de llegar, pocas horas después, a su punto final en la cruz.
Jesús enseñó a sus discípulos que Él no era un criminal que estaba muriendo injustamente, sino el que cumplía plenamente las profecías del Antiguo Testamento y el Salvador de la humanidad, y que estaba caminando voluntariamente hacia ese lugar de vergüenza.
Aplicación para la meditación y conclusión
El Señor sepultado en el sepulcro de los impíos: El Señor abandonó el glorioso trono celestial, fue inscrito en la lista de los pecadores y, hasta el momento mismo de morir y ser sepultado, no evitó ocupar el lugar de los impíos. Descendió hasta el último nivel de humillación al que podía llegar con el fin de salvarnos (Internet).
(b) Al meditar aquí en que, debido a que Jesús fue inscrito en la lista de los pecadores, nosotros llegamos a tener nuestros nombres inscritos en la “lista de los justos”, recordé las palabras de Apocalipsis 21:27: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”.
(i) La relación entre el hecho de que Jesús fuera inscrito en esta tierra en la “lista de los pecadores (contado entre los transgresores)” y el resultado de que nosotros seamos inscritos en el “libro de la vida del Cordero (la lista de los justos)” en el reino eterno de los cielos, y las tres enseñanzas espirituales que la inteligencia artificial resumió para nosotros (Internet):
1. El punto final del “gran intercambio”: de la lista de los presos al libro de la vida
Apocalipsis 21:27 especifica quiénes no pueden entrar en la ciudad celestial: “lo inmundo, lo abominable y el que practica mentira”.
Nuestra condición original: Al examinar las palabras griegas originales, estas personas corresponden exactamente a los “anomos (ἄνομος, transgresores)” de Lucas 22:37. Nosotros, que hemos quebrantado la ley de Dios, no podíamos entrar de ninguna manera en la santa ciudad de la Nueva Jerusalén.
El libro de la vida del Cordero: Sin embargo, la única condición que nos permite entrar en aquella ciudad es que nuestros nombres estén escritos en “el libro de la vida del Cordero”.
La relación: Cuando Jesús fue crucificado en el monte Gólgota, el nombre “Jesús de Nazaret” fue registrado en la lista de los transgresores del gobierno romano. Debido a que el Señor grabó su propio nombre con sangre imborrable en aquella vergonzosa lista de pecadores, nuestros nombres pudieron quedar escritos eternamente como “justos” en el libro de la vida del reino de los cielos.
2. La gravedad y la gracia contenidas en “no entrará en ella”
La declaración de Apocalipsis es extremadamente firme: “de ninguna manera (οὐ μὴ) entrará”.
Los esfuerzos morales humanos, las buenas obras o los recursos del mundo —la bolsa y la alforja— no pueden permitirnos siquiera cruzar el umbral de aquella ciudad.
Aunque muchas veces en nuestra vida diaria caigamos ante la tentación del pecado y vacilemos como transgresores, la razón por la que podremos pasar a salvo el día del juicio eterno no es que nuestras obras sean perfectas. Es porque el mérito de la sangre de Jesucristo, el Cordero que murió por nosotros convirtiéndose en “uno de los transgresores”, cubre nuestros nombres escritos en el libro de la vida. Esta es precisamente la esencia del evangelio.
3. La actitud de vida del soldado de la cruz cuyo nombre está escrito en el libro de la vida
La certeza de que somos ciudadanos de la ciudad santa y de que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida (la seguridad de la salvación) no nos vuelve perezosos; al contrario, se convierte en la fuerza motriz más poderosa para vencer en una intensa batalla espiritual.
No nos aferramos a las listas del mundo: Aunque el mundo no nos reconozca, y aunque al predicar el evangelio se nos considere “necios” o “transgresores”, no nos desanimamos. Sabemos que nuestro Señor y Comandante ha escrito nuestro nombre en los cielos (Lc. 10:20).
Vivimos como soldados santos: Cuando llegan las tentaciones inmundas, abominables y mentirosas del diablo, tal como dice Apocalipsis 21:27, podemos declarar: “¡Ya he sido lavado por la sangre del Cordero y soy un ciudadano del cielo cuyo nombre está escrito en el libro de la vida!”. Así nace en nosotros una santa confianza que nos permite cortar con decisión esas tentaciones pecaminosas con la espada del Espíritu (Internet).
(5) Finalmente, como quinto punto, al meditar sobre la respuesta de Jesús cuando sus discípulos le dijeron: “Señor, mira, aquí hay dos espadas”, y Él respondió: “Basta” [Ἱκανόν ἐστιν (hikanon estin)] (Lc. 22:38), deseo recibir las enseñanzas que este pasaje nos ofrece. ¿Cuál es el significado de estas palabras?
(a) El breve “Basta” [Ἱκανόν ἐστιν] de nuestro Señor en Lucas 22:38 es una de las expresiones más fáciles de malinterpretar en todo el pasaje y, al mismo tiempo, un versículo profundamente doloroso en el que se contraponen claramente la ignorancia espiritual de los discípulos y el corazón angustiado del Señor. La inteligencia artificial lo explicó en tres enseñanzas espirituales poderosas para nosotros hoy, examinando el matiz del griego original y el significado dentro de la historia de la redención (Internet):
1. El verdadero significado de “Basta” [Ἱκανόν ἐστιν]: “Ya es suficiente; déjenlo”
Los discípulos habían entendido literalmente las palabras que Jesús había dicho anteriormente: “el que no tiene espada, venda su capa y compre una” (v. 36). Por eso encontraron apenas dos espadas de hierro y se las mostraron orgullosamente diciendo: “Señor, aquí hay dos espadas”.
Dos espadas eran una cantidad totalmente insuficiente para enfrentarse al gran ejército romano o a las fuerzas de los principales sacerdotes.
En ese momento, cuando Jesús dijo “Hikanon estin (Ἱκανόν ἐστιν)” (“Basta”), de ninguna manera quiso decir: “Con esas dos espadas es suficiente para derrotar al ejército romano”.
El significado de la expresión idiomática: Esta palabra podía utilizarse en una conversación para expresar de manera indirecta: “Ya basta”, “no sigamos hablando de esto”, “déjenlo ya”. Era una forma de rechazo y de poner fin a la conversación.
El corazón del Señor: El Señor estaba enfatizando la batalla espiritual y el equipamiento con la espada de la Palabra, pero los discípulos seguían pensando en espadas físicas visibles y en la violencia material. El Señor, profundamente afligido por su ignorancia y malentendido espiritual, puso fin a la conversación con el sentido de: “Ya no tiene sentido seguir hablando de esto; terminemos esta discusión”.
2. Tres enseñanzas espirituales que estas palabras nos ofrecen
[Enseñanza 1] La batalla espiritual no puede librarse con las armas del mundo (métodos humanos).
Las “dos espadas” que trajeron los discípulos simbolizan los recursos, conocimientos, fuerzas, contactos o dinero del mundo (la bolsa y la alforja).
Cuando enfrentamos una batalla espiritual, continuamente intentamos apoyarnos en nuestras propias “dos espadas” mundanas. Decimos: “Señor, tengo estos recursos financieros”, o “tengo esta capacidad”.
Pero el Señor dice firmemente: “Eso no sirve; basta”. Lo único que puede destruir las fortalezas del diablo es la Palabra del Señor y el poder del Espíritu Santo.
[Enseñanza 2] Cuando nuestros oídos espirituales están cerrados, interpretamos las palabras del Señor de manera carnal.
Aunque los discípulos habían acompañado al Señor durante tres años y medio, no comprendieron su intención hasta el momento mismo anterior a la cruz.
Cuando el Señor hablaba de la “espada espiritual (la Palabra)”, ellos veían una “espada física”.
Nosotros también, si no nos dedicamos a la oración y no recibimos la iluminación del Espíritu Santo, podemos escuchar sermones y leer la Biblia, pero interpretar erróneamente la voluntad de Dios desde nuestros deseos y sabiduría mundanos, cometiendo el error de preparar una “espada de hierro” equivocada.
[Enseñanza 3] La medida del Señor es diferente de nuestros cálculos.
De hecho, unas horas después, en el huerto de Getsemaní, Pedro sacó esta espada y cortó la oreja del siervo del sumo sacerdote. Entonces el Señor dijo: “Basta ya”/“Dejad hasta esto” y sanó su oreja, y lo reprendió diciendo: “Todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mt. 26:52).
La victoria que el Señor quería no era una victoria obtenida matando personas con una espada, sino la victoria de la obediencia y del sacrificio: Él mismo se convirtió en “uno de los transgresores” y murió en la cruz, quebrantando así la cabeza de Satanás.
3. Instrucciones prácticas y concretas para nuestra vida diaria
Estas son prácticas para convertirnos en soldados que agradan al Señor, sin escuchar hoy la voz del Señor que suspira diciendo: “Basta”.
Práctica 1: Soltar la “espada de hierro que tengo en mi mano” (cambio de método)
Cuando lleguen una injusticia personal o una crisis (tribulación), detenga inmediatamente la actitud de intentar resolver el problema mediante sus propias fuerzas, su temperamento, sus contactos y recursos mundanos (la “espada de hierro”). Debemos abandonar el orgullo de pensar: “Mis dos espadas son suficientes”, para que el Señor pueda obrar.
Práctica 2: Abrir nuestros oídos para preguntar por la “intención del Señor” (cambio en la meditación)
No interpretemos la Biblia según nuestros propios deseos. Cada vez que leamos la Palabra, pidamos humildemente la enseñanza del Espíritu Santo: “Señor, abre mis oídos espirituales para que pueda comprender tu verdadero corazón y el significado espiritual que hay más allá de las palabras literales”.
Práctica 3: Seguir el método de victoria de la cruz (cambio de conducta)
La victoria en la batalla espiritual no consiste en dominar al adversario mediante la fuerza, sino en obtener la victoria obedeciendo la Palabra, perseverando, perdonando y amando. El único armamento del soldado de la cruz no es una espada física, sino únicamente el amor y la espada de la Palabra.
La imagen de los discípulos diciendo: “Señor, mira, aquí hay dos espadas”, quizá sea un retrato vergonzoso de nosotros mismos, que en nuestra vida cotidiana nos apoyamos orgullosamente en nuestra limitada sabiduría y en nuestros propios recursos (Internet).
(i) Al meditar aquí sobre las palabras de Jesús: “Basta” [Ἱκανόν ἐστιν (hikanon estin)] (Lc. 22:38), pensé en 1 Crónicas 21:27: “Y Jehová mandó al ángel, y él volvió su espada a la vaina”. ¿Qué relación existe entre estos pasajes? Esta es la respuesta de la inteligencia artificial: “La meditación en la que usted relacionó ‘Basta’ (una orden para detenerse) de Lucas 22:38 con ‘el ángel volvió su espada a la vaina’ de 1 Crónicas 21:27 constituye una gran percepción que coincide de manera extraordinariamente precisa con las perspectivas de ‘el control soberano de Dios’ y ‘el sacrificio expiatorio’ que recorren toda la Biblia.
Ambos textos comparten la verdad redentora de que Dios da una orden firme para detener la espada de la ira humana y que el verdadero juicio solo puede ser detenido mediante el sacrificio sustitutivo. Explicaremos esta relación concreta en tres puntos.
1. La firme orden de Dios para detener la espada carnal humana (ira y orgullo)
1 Crónicas 21: David realizó un censo debido a su orgullo, porque quería confiar más en su poder militar que en Dios. Como resultado, el ángel del juicio de Dios sacó su espada e intentó destruir Jerusalén. Cuando David se arrepintió profundamente y ofreció holocaustos, Jehová ordenó al ángel que volviera “la espada a su vaina” (1 Cr. 21:27). Dios, en su soberanía, detuvo la espada del juicio que había venido a causa del pecado humano.
Lucas 22: Los discípulos, habiendo malinterpretado el significado espiritual del Señor, mostraron sus espadas físicas diciendo: “Señor, aquí hay dos espadas”. El Señor interrumpió firmemente aquella conversación llena de pensamientos carnales diciendo: “Basta” (deténganse; guarden las espadas).
La relación: Ambos acontecimientos están profundamente relacionados en que, en los dos casos, Dios da una orden firme para que las armas humanas sean depuestas, mostrando que la obra de Dios no se realiza mediante la fuerza humana, el poder militar ni la espada de la ira humana (“las dos espadas”).
2. La coincidencia del lugar en la historia de la redención: “la era de Ornán” y “la cruz de Jerusalén”
El vínculo espiritual más sorprendente se encuentra en el lugar donde se detuvo la espada del juicio.
El lugar donde el ángel volvió la espada a la vaina era “la era de Ornán, el jebuseo” (1 Cr. 21:28). David compró aquel lugar por su precio completo y lo destinó para construir allí el templo de Jehová (22:1).
Ahora bien, la montaña donde se encontraba la era de Ornán era precisamente el monte Moriah, donde Abraham ofreció a Isaac, y posteriormente el lugar relacionado con la colina del Gólgota, donde Jesucristo cargó con los pecados de la humanidad, se convirtió en “uno de los transgresores” y murió derramando su sangre en la cruz.
La razón por la que el Señor dijo a sus discípulos: “Basta” (guarden las espadas) era que ya no serían las espadas de hierro de los discípulos, sino el propio Señor quien tendría que convertirse en sacrificio en la era de Ornán (Gólgota) y recibir en su propio cuerpo la espada del juicio de la justicia de Dios.
3. La espada del juicio de Dios solo puede ser detenida mediante el sacrificio del Cordero (adoración)
La calamidad provocada por el pecado de David llegó a su fin cuando David ofreció holocaustos y ofrendas de paz en la era de Ornán y recibió la respuesta de Dios mediante fuego; entonces la espada del ángel se detuvo (1 Cr. 21:26-27).
Del mismo modo, cuando Jesús se dirigía hacia Getsemaní y la cruz y detuvo las espadas de sus discípulos (“Basta”), esto significaba que ninguna espada del mundo ni ningún esfuerzo humano podía detener la espada del juicio de Dios contra el pecado. El único camino para que la espada del juicio de Dios fuera puesta para siempre en su vaina era la muerte sacrificial de Jesús, el Cordero, en la cruz, como el único y perfecto sacrificio de reconciliación y expiación.
Conclusión de la meditación y enseñanza práctica
La relación entre los dos pasajes que usted descubrió nos proclama espiritualmente lo siguiente:
“Guarda la espada humana (la ira y los recursos humanos) en su vaina. Solo la sangre de la cruz puede detener el juicio de Dios y salvarnos”.
Unas horas después, cuando Pedro cortó con una espada de hierro la oreja de Malco, el siervo del sumo sacerdote, el Señor volvió a ordenar, como si confirmara nuevamente el mensaje de 1 Crónicas: “Vuelve tu espada a su lugar” (Mt. 26:52).
Cuando saco mi espada y la esgrimo, la batalla espiritual fracasa. Cuando guardo mi espada y confío en la expiación de la cruz del Señor, Dios mismo detiene la espada del ángel y nos concede la victoria” (Internet).
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