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النفاق [مزمور 50]

  النفاق       [ مزمور 50]     في كتاب " ميزة النزاهة " (The Integrity Advantage) للمؤلفين أدريان غوستيك ودانا تيلفورد، تم تحديد عشر سمات للشخص الذي يتمتع بالنزاهة . وتتمثل السمة الثالثة في " الاعتراف بصدق عند ارتكاب خطأ ما ". وفي هذا الصدد، يطرح المؤلفان عبارة عميقة : " الخطأ ليس جرماً جسيماً؛ بل الجرم الجسيم حقاً هو محاولة التستر عليه ". ومع ذلك، فإن غريزتنا تدفعنا لمحاولة إخفاء أخطائنا؛ وبعبارة أخرى، فإن طبيعتنا الخاطئة تميل إلى إخفاء خطايانا . ولعل هذا هو السبب وراء وجود مفهوم " النفاق ". فما هو النفاق؟ يشير المعنى العبري للكلمة إلى " الشخص الذي يخفي حقيقته " أو " المتظاهر ". وفي العهد الجديد، أصبحت الكلمة اليونانية *hypokritēs* — التي كانت تشير في الأصل إلى الممثل الذي يرتدي قناعاً على المسرح — تعني " المنافق " أو " المتظاهر ". يصف هذا المصطلح موقفاً زائفاً - غالباً ما يوجد بين المت...

«¿Dónde está tu Dios?» (Salmo 42:5)

«¿Dónde está tu Dios?»

 

 

 

«¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, ¡Salvador mío y Dios mío!» (Salmo 42:5).

 

 

Una de las preguntas que a menudo nos hacemos los cristianos es: «¿Por qué deben sufrir los justos?». A veces nos preguntamos por qué prosperan los impíos mientras nosotros —que hemos sido justificados por la fe en Jesús— debemos soportar el sufrimiento. En medio de tales interrogantes, hay una pregunta que inquieta nuestro corazón y nos sume en la desesperación: «¿Dónde está tu Dios?». Es fácil desanimarse cuando los no creyentes que nos rodean —aquellos que no confían en Jesús— nos lanzan esta pregunta. Podemos sentirnos aún más angustiados y desalentados cuando nuestros enemigos —aquellos que nos atormentan, nos menosprecian y nos persiguen— nos arrojan esa misma pregunta.

 

Esta era precisamente la situación que enfrentaba el salmista en el pasaje de hoy, el Salmo 43. Estaba lleno de desesperación y ansiedad. Esto se debía a que sufría la opresión de sus adversarios y enemigos (v. 9); lo calumniaban (v. 10) y se burlaban de él todo el día, preguntándole: «¿Dónde está tu Dios?» (vv. 3, 10). Sin embargo, aun en lo más profundo de su desesperación, el salmista anhelaba a Dios (v. 2). Tenía sed de Dios con la misma intensidad con la que un ciervo busca una corriente de agua (v. 1). ¡Qué preciosa gracia de Dios es esta! Es verdaderamente un acto de la gracia divina que Él hiciera que el salmista anhelara Su presencia incluso en medio de la desesperación. Descansando en la gracia de Dios, el salmista se acordó del Señor (v. 6) y oró al Dios de su vida (v. 8). Al hacerlo, llegó a poner su esperanza en Dios; volvió su mirada hacia Él (vv. 5, 11; Sal. 43:5). En última instancia, Dios utilizó la desesperación del salmista para despertar en él un anhelo por Su presencia y, dentro de ese anhelo, le permitió poner su esperanza en Él. Además, Dios guio al salmista, lleno de esperanza, a alabarlo por la ayuda hallada en su presencia (vv. 5, 11; 43:5). ¡Qué maravillosa es esta gracia del Dios vivo!

 

Nuestro Dios no es en absoluto un Dios muerto; Él es el Dios vivo. Él es Emanuel: el Dios que está con nosotros. Dios conoce y ve plenamente el sufrimiento que enfrentamos bajo el amparo de su soberanía. Aun cuando sintamos que nuestra paciencia llega al límite porque parece no haber solución para nuestro dolor, debemos protegernos de la burla de nuestros enemigos: «¿Dónde está tu Dios?». Jamás debemos permitir que esas palabras penetren en nuestro corazón y nos lleven a preguntarnos: «¿Dónde está, en realidad, mi Dios?». Hacerlo nos conduciría a la misma ansiedad y desesperación que experimentó el salmista. Sin embargo, incluso cuando caemos en la desesperación, debemos transformarla en una oportunidad para anhelar a Dios. Al igual que el salmista, debemos buscar a Dios con fervor mediante la oración en medio de nuestra desesperación. Cuando lo hacemos, Dios infunde esperanza en nuestros corazones y nos concede la certeza de su ayuda. En consecuencia, alabaremos a Dios con un corazón lleno de esperanza. Ruego que esta preciosa gracia repose sobre todos nosotros.

 

 


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