Hipocresía [Salmo 50] En el libro *The Integrity Advantage* (La ventaja de la integridad), de Adrian Gostick y Dana Telford, se describen diez características de una persona íntegra. La tercera de estas características es "admitir honestamente cuando se comete un error". Con respecto a este rasgo, los autores hacen una afirmación profunda: "Un error no es una falta grave; la falta verdaderamente grave es el acto de intentar encubrirlo". Sin embargo, nuestro instinto es tratar de ocultar nuestros errores. En otras palabras, ocultar nuestros pecados es propio de nuestra naturaleza pecaminosa. Quizás por eso existe el concepto de "hipocresía". ¿Qué es la hipocresía? El significado hebreo apunta a "alguien que se oculta" o a un "simulador". En el Nuevo Testament, la palabra griega *hypokritēs* —que originalmente se refería a un actor que llevaba una máscara en el escenario— pasó a significar hipócrita o simulador. Es...
«No somos personas que apuestan su vida al orden de este mundo, que pronto desaparecerá. Más bien, somos quienes perseveramos hoy por la fe, poniendo nuestra esperanza en aquel mundo, donde ya no habrá muerte, reinará el amor perfecto y disfrutaremos de la gloria como hijos de Dios.»
«No somos personas que apuestan su vida al orden de este mundo, que pronto desaparecerá. Más bien, somos quienes perseveramos hoy por la fe, poniendo nuestra esperanza en aquel mundo, donde ya no habrá muerte, reinará el amor perfecto y disfrutaremos de la gloria como hijos de Dios.»
«Entonces se acercaron algunos de los saduceos, los cuales niegan que haya resurrección, y le preguntaron diciendo: “Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muere teniendo mujer y muere sin dejar hijos, su hermano debe tomar por esposa a la viuda y dar descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos. El primero tomó esposa y murió sin hijos. El segundo la tomó por esposa, y luego el tercero; y así sucesivamente los siete, sin dejar descendencia, murieron. Finalmente murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por mujer.” Jesús les respondió: “Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio; pero los que sean tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio. Porque ya no pueden morir, pues son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y en cuanto a que los muertos resucitan, aun Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: ‘el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.’ Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven.” Entonces algunos de los escribas respondieron: “Maestro, has hablado bien.” Y ya no se atrevieron a hacerle ninguna otra pregunta.» (Lucas 20:27–40)
(1) En primer lugar, Al leer el pasaje de hoy, Lucas 20:27–40, en la Biblia en coreano, las palabras del versículo 40, «Y ya no se atrevieron a hacerle ninguna otra pregunta» (οὐκέτι γὰρ ἐτόλμων ἐπερωτᾶν αὐτὸν οὐδέν; ouketi gar etolmōn eperōtān auton ouden), me hicieron recordar el versículo 26 de Lucas 20, sobre el cual medité ayer: «No pudieron sorprenderlo en ninguna palabra delante del pueblo; y, maravillados de su respuesta, guardaron silencio.» (καὶ οὐκ ἴσχυσαν ἐπιλαβέσθαι τοῦ ῥήματος ἐναντίον τοῦ λαοῦ, καὶ θαυμάσαντες ἐπὶ τῇ ἀποκρίσει αὐτοῦ ἐσίγησαν; kai ouk ischysan epilabesthai tou rhēmatos enantion tou laou, kai thaumasantes epi tē apokrisei autou esigēsan).
En conclusión, me llamó la atención el hecho de que, cuando Jesús habló, ellos quedaron maravillados y guardaron silencio (v. 26), y finalmente llegaron al punto en que ya no se atrevieron a hacerle ninguna otra pregunta (v. 40).
(a) Los versículos 26 y 40 de Lucas 20 constituyen un vínculo muy importante que muestra progresivamente cómo los adversarios de Jesús quedaron completamente sobrecogidos por su autoridad divina y su sabiduría. Lo siguiente es un análisis profundo, realizado por inteligencia artificial, del poder de las palabras de Jesús y de la reacción de sus opositores a la luz del significado del texto griego y de su contexto (Internet).
1. El desarrollo del contexto entre los versículos 26 y 40
Versículo 26 (El fracaso de la trampa política): Los fariseos y los herodianos intentaron acusar a Jesús mediante la cuestión del pago de impuestos al César. Sin embargo, quedaron impactados por la sabiduría de su respuesta y guardaron silencio.
Versículo 40 (El fin de la controversia religiosa): Los saduceos, que negaban la resurrección, intentaron ridiculizar la fe en la resurrección mediante el ejemplo de «los siete hermanos y una sola mujer». Pero cuando Jesús refutó perfectamente su argumento basándose en las Escrituras del Antiguo Testamento (Éxodo), ya no pudieron presentar ninguna objeción.
2. Comparación de las expresiones griegas y su significado teológico
Versículo 26: El silencio de la admiración y la impotencia
«No pudieron sorprenderlo en ninguna palabra delante del pueblo; y, maravillados de su respuesta, guardaron silencio.» (καὶ οὐκ ἴσχυσαν ἐπιλαβέσθαι τοῦ ῥήματος... καὶ θαυμάσαντες... ἐσίγησαν)
οὐκ ἴσχυσαν (ouk ischysan): significa «no tuvieron poder» o «fueron incapaces». Indica que toda la conspiración organizada y la astucia humana con las que pretendían atrapar a Jesús en sus palabras para llevarlo ante los tribunales quedaron completamente anuladas ante la autoridad de sus palabras.
θαυμάσαντες (thaumasantes): va más allá de un simple asombro. Describe un estado de admiración profunda, de verse completamente sobrecogidos por una respuesta que superaba toda sabiduría humana.
ἐσίγησαν (esigēsan): significa que guardaron silencio voluntariamente porque no les quedó más remedio que reconocer su derrota. Es el silencio de quienes han sido completamente vencidos.
Versículo 40: El desenlace marcado por el temor reverente
«Y ya no se atrevieron a hacerle ninguna otra pregunta.»
(οὐκέτι γὰρ ἐτόλμων ἐπερωτᾶν αὐτὸν οὐδέν)
οὐκέτι... οὐδέν (ouketi... ouden): constituye una enfática doble negación que significa «ya no... nada». Declara que todos los intentos de desacreditar a Jesús mediante preguntas o debates habían llegado definitivamente a su fin.
ἐτόλμων (etolmōn): es el imperfecto del verbo τολμάω (tolmaō), que significa «atreverse» o «tener el valor». Indica que ya no les quedaba ni el valor moral ni el coraje intelectual para volver a interrogar a Jesús. Mientras que el silencio del versículo 26 surgía de la confusión y el desconcierto, el del versículo 40 refleja un estado de temor reverente ante la autoridad divina de Jesús, hasta el punto de no atreverse a desafiarlo.
3. Resumen de la meditación y conclusión
Los adversarios de Jesús le presentaron sus dos preguntas más difíciles: una de carácter político (el impuesto al César) y otra de carácter religioso (la resurrección), con la intención de ponerlo contra las cuerdas.
Sin embargo, el resultado fue exactamente el contrario. Sus trampas quedaron desbaratadas; las respuestas de Jesús primero los hicieron guardar silencio (v. 26) y, finalmente, los dejaron completamente derrotados, hasta el punto de que ya ni siquiera se atrevieron a enfrentarse a Él con nuevas preguntas (v. 40).
Este pasaje constituye una poderosa demostración de que ningún sofisma humano ni estrategia ingeniosa puede prevalecer ante la Palabra de Dios (Internet).
(2) En segundo lugar, Mientras meditaba hoy en Lucas 20:27–40 junto con sus pasajes paralelos, Mateo 22:23–33 y Marcos 12:18–27, sentí el deseo de comprender el desarrollo completo de este episodio.
(a) Lo siguiente es un resumen, elaborado por inteligencia artificial, del relato completo de la controversia con los saduceos acerca de la resurrección, registrada en los tres Evangelios sinópticos. Este episodio muestra cómo la élite religiosa, que negaba la resurrección, intentó poner a Jesús en un aprieto, pero terminó siendo completamente sobrecogida por su autoridad divina (Internet).
1. La provocación de los saduceos: la trampa de «los siete hermanos y una sola mujer»
Contexto: Los saduceos, miembros de la aristocracia adinerada de la sociedad judía de aquella época y quienes negaban la existencia de la resurrección, de los ángeles y de los espíritus, se acercaron a Jesús.
La pregunta: Basándose en la Ley de Moisés —la ley del matrimonio levirático, según la cual, si un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía casarse con la viuda para preservar el linaje familiar—, plantearon una situación hipotética llevada al extremo.
El caso: «Si siete hermanos se casaron sucesivamente con la misma mujer, todos murieron sin dejar hijos y finalmente también murió la mujer, ¿de cuál de ellos será esposa en la resurrección?»
Su intención: Pretendían ridiculizar la doctrina de la resurrección, insinuando que, si realmente existiera, el cielo sería un lugar lleno de contradicciones y desorden. Su propósito era burlarse de la fe en la resurrección y desacreditarla.
2. La primera respuesta de Jesús: la naturaleza de la vida en el cielo (corrigiendo su concepto del más allá)
La reprensión: En Mateo y Marcos, Jesús comienza reprendiendo a los saduceos, diciéndoles que están equivocados porque no conocen ni las Escrituras ni el poder de Dios.
La explicación: La institución del matrimonio pertenece a la vida presente y existe para la preservación de la humanidad dentro de las limitaciones de este mundo. Sin embargo, en el mundo de la resurrección, las personas ni se casarán ni serán dadas en matrimonio; serán semejantes a los ángeles del cielo y ya nunca volverán a morir (Lucas).
La enseñanza central: El reino de Dios no es una simple prolongación de la vida física y material de este mundo, sino una realidad completamente nueva, de naturaleza espiritual y eterna.
3. La segunda respuesta de Jesús: la demostración bíblica de la resurrección (citando Éxodo)
El fundamento: Jesús cita precisamente el Pentateuco (la Torá), la única parte de las Escrituras que los saduceos reconocían como autoridad absoluta, refiriéndose al pasaje de la zarza ardiente en Éxodo.
La demostración: Cuando Dios se reveló a Moisés, se presentó diciendo: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Jesús señala que Dios habló en tiempo presente, aunque los patriarcas habían muerto muchos siglos antes.
La conclusión: Si Abraham, Isaac y Jacob hubieran dejado de existir por completo al morir, entonces Dios sería el Dios de los muertos. Pero Dios «no es Dios de muertos, sino de vivos». Por lo tanto, Abraham, Isaac y Jacob siguen viviendo delante de Dios y, en consecuencia, la resurrección es una realidad cierta.
4. El desenlace: el asombro de la multitud y el silencio de los adversarios
En Mateo: Al oír estas palabras, la multitud quedó profundamente impresionada y maravillada por la enseñanza de Jesús.
En Marcos:
Jesús concluye la discusión declarando a los saduceos: «Estáis muy equivocados.» Con ello pone fin al debate.
En Lucas:
Algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Y desde ese momento, sus adversarios ya no se atrevieron a hacerle ninguna otra pregunta, quedando completamente derrotados (Internet).
(i) En este punto quise comprender con mayor detalle la afirmación: «Si un hombre moría sin dejar hijos, su hermano debía casarse con la viuda para preservar el linaje del difunto», es decir, la ley del matrimonio levirático.
Lo siguiente es una explicación, elaborada por inteligencia artificial, sobre la ley del matrimonio levirático (Levirate Marriage), que los saduceos utilizaron como arma en su discusión con Jesús. Se trata de una institución familiar característica del antiguo Cercano Oriente y de Israel. En los estudios bíblicos se conoce como matrimonio levirático, del latín levir («cuñado»), y en la tradición jurídica también se denomina ley del cuñado o matrimonio con la viuda del hermano (Internet).
a. El contenido esencial de la ley del matrimonio levirático
Principio fundamental: Si un hombre casado moría sin dejar descendencia —especialmente sin un hijo varón que continuara el linaje familiar—, su hermano debía casarse con la viuda y vivir con ella como esposo.
La condición del primer hijo: El primer hijo nacido de esa unión era considerado legalmente hijo del hermano fallecido, no del padre biológico. Ese hijo heredaba el nombre del difunto, continuaba su linaje y recibía su herencia. Los hijos nacidos después eran considerados hijos del padre biológico.
b. Los tres propósitos principales de esta institución
En la antigua sociedad israelita, esta ley era mucho más que una simple norma matrimonial; constituía un importante mecanismo jurídico y social destinado a preservar la estabilidad de la comunidad.
1. Preservar la continuidad del linaje familiar
Para los israelitas, que el nombre de una familia desapareciera era considerado una gran tragedia e incluso una desgracia, pues significaba quedar privado de la bendición de Dios. Por ello, esta ley protegía el nombre del hermano fallecido para que no fuera borrado de entre el pueblo de Israel.
2. Preservar la herencia familiar (la tierra)
La tierra de Canaán que Dios había repartido entre las tribus y las familias constituía una herencia permanente y sagrada. Si una familia se extinguía por falta de descendencia, esa propiedad podía pasar a otra familia.
La ley del matrimonio levirático garantizaba la conservación de la herencia dentro del mismo linaje.
3. Proteger social y económicamente a la viuda
En el mundo antiguo, una viuda sin marido ni hijos pertenecía al grupo más vulnerable de la sociedad, pues normalmente carecía de medios para mantenerse económicamente.
La ley obligaba a la familia del difunto a asumir la responsabilidad por su sustento, evitando que cayera en la miseria o incluso fuera vendida como esclava. En este sentido, el matrimonio levirático funcionaba también como una forma temprana de protección o asistencia social.
c. Fundamento bíblico y ejemplos
La promulgación de la ley (Deuteronomio 25:5–10): La ley fue establecida oficialmente por Moisés. Si el hermano del difunto se negaba a casarse con la viuda, ella podía presentarse ante los ancianos de la ciudad, quitarle la sandalia del pie, escupirle en el rostro y declarar públicamente: «Así se hará al hombre que no quiere edificar la casa de su hermano.» Desde entonces, la familia de ese hombre sería conocida como «la casa del descalzado», convirtiéndose en un símbolo permanente de deshonra.
Un ejemplo anterior a la Ley (Génesis 38): Antes de que esta ley fuera dada formalmente, encontramos un precedente en la historia de Judá. Cuando Er, hijo de Judá, murió, Judá ordenó a su segundo hijo, Onán, que tomara por esposa a Tamar, la viuda de su hermano. Sin embargo, Onán sabía que cualquier hijo nacido de esa unión sería considerado heredero de su hermano y no suyo. Por ello, deliberadamente evitó darle descendencia. Como consecuencia de su conducta, Dios lo juzgó y murió.
El cumplimiento más hermoso de esta ley (el libro de Rut): El caso de Booz constituye el ejemplo más bello y lleno de gracia del principio del matrimonio levirático, combinado con la institución del pariente-redentor (goel). Booz redimió la herencia de la familia de Elimélec y tomó por esposa a Rut, preservando así tanto el patrimonio familiar como el nombre del difunto.
d. La intención de los saduceos al citar esta ley
El caso hipotético que los saduceos presentaron a Jesús —una mujer que se casó sucesivamente con siete hermanos— fue cuidadosamente diseñado para convertir la santa ley de Moisés (Deuteronomio 25) en una aparente contradicción. Su argumento era, en esencia: «Si la resurrección realmente existe, ¿de cuál de los siete será esposa esa mujer? ¿No convierte la propia ley de Moisés en una contradicción insalvable dentro de la resurrección?» En otras palabras, intentaban utilizar la autoridad de la Ley mosaica para demostrar que la resurrección era imposible. Se trataba de una trampa cuidadosamente elaborada con la que esperaban desacreditar la doctrina de la resurrección. Sin embargo, Jesús respondió demostrando que su error no estaba en la Ley de Moisés, sino en que no comprendían ni las Escrituras ni el poder de Dios (Internet).
(3) En tercer lugar, Quisiera meditar en las palabras que Jesús dirigió a los saduceos, quienes negaban la resurrección:
«Estáis equivocados, porque no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios.» (Πλανᾶσθε μὴ εἰδότες τὰς γραφὰς μηδὲ τὴν δύναμιν τοῦ θεοῦ; Planasthe mē eidotes tas graphas mēde tēn dynamin tou theou) (Mt 22:29; cf. Mc 12:24).
La razón por la que deseo reflexionar sobre estas palabras es que creo que, aún hoy, nosotros también podemos caer fácilmente en el error debido a nuestra ignorancia de las Escrituras y del poder de Dios.
(a) Las palabras de Mateo 22:29 (cf. Marcos 12:24) no constituyen simplemente una reprensión dirigida a los saduceos de hace dos mil años. También son una seria advertencia y una guía espiritual para quienes vivimos en la actualidad, pues nosotros igualmente somos propensos a malinterpretar el verdadero significado de las Escrituras y a limitar el poder de Dios debido a nuestra ignorancia. Examinemos el significado del texto griego y veamos concretamente por qué nosotros también podemos cometer el mismo error que los saduceos (Internet).
1. Un análisis del profundo significado del texto griego
(Mateo 22:29) Πλανᾶσθε μὴ εἰδότες τὰς γραφὰς μηδὲ τὴν δύναμιν τοῦ θεοῦ (Planasthe mē eidotes tas graphas mēde tēn dynamin tou theou) «Estáis equivocados, porque no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios.»
Πλανᾶσθε (Planasthe): Es la forma pasiva del verbo πλανάω (planaō), que significa «ser engañado», «extraviarse», «andar perdido» o «desviarse del camino». Es decir, aunque los saduceos se consideraban muy inteligentes y presentaban argumentos sofisticados, Jesús declaró que, en realidad, ya se habían alejado de la verdad y se encontraban tristemente perdidos.
μὴ εἰδότες (mē eidotes): El verbo griego traducido como «conocer» expresa un conocimiento profundo, experiencial y esencial. No se refiere simplemente a leer las palabras de la Escritura o poseer un conocimiento intelectual de ellas, sino a comprender verdaderamente el corazón de Dios y los misterios espirituales contenidos en su Palabra. Jesús señala que los saduceos carecían por completo de ese conocimiento.
2. Dos errores en los que nosotros también podemos caer fácilmente hoy
Jesús diagnosticó el error fundamental de los saduceos en dos aspectos: su ignorancia de las Escrituras y su ignorancia del poder de Dios.
① El error de no conocer las Escrituras (ignorancia intelectual y espiritual)
El error de los saduceos: Ellos memorizaban y estudiaban minuciosamente el Pentateuco, los cinco libros de Moisés. Sin embargo, no lograban percibir el propósito supremo de las Escrituras: la promesa de la vida eterna y de la resurrección. En cambio, interpretaban la Escritura únicamente desde la perspectiva de sus propios intereses y de su marco teológico.
Nuestro error hoy: También nosotros podemos leer únicamente los pasajes bíblicos que nos agradan, sin contemplar el gran panorama del reino de Dios y de su obra de salvación, quedando atrapados en discusiones meramente literalistas. Cuando utilizamos la Biblia para respaldar nuestras propias convicciones o ideologías, nos convertimos en personas que, como los saduceos, conocen la Escritura y, sin embargo, la malinterpretan.
② El error de no conocer el poder de Dios (ignorancia experiencial y de fe)
El error de los saduceos: Ellos contemplaban la realidad únicamente dentro de los límites de la existencia humana: el matrimonio, la muerte y las restricciones del tiempo y del espacio. Por eso razonaban: «Si existe la resurrección, entonces en el cielo la gente tendrá que seguir casándose como en la tierra. ¿No sería eso una contradicción?»
En otras palabras, encerraron el poder infinito de Dios dentro de la pequeña caja de la razón humana.
Nuestro error hoy: En una sociedad dominada por el materialismo y la confianza absoluta en la ciencia, nosotros también solemos decir: «Eso es imposible.» «Mirando mi situación y mi realidad, ni siquiera Dios puede hacer algo al respecto.»
Cada vez que limitamos de esa manera el poder de Dios, dejamos de creer que Él es el Señor soberano, capaz de dar vida a nuestras almas muertas y de transformar por completo una vida quebrantada en una nueva dimensión de existencia, con un cuerpo glorificado y espiritual. Todo momento en que dudamos de esta verdad constituye, precisamente, una incomprensión del poder de Dios.
3. Conclusión de la meditación: el camino para salir del error
Los saduceos estudiaban las Escrituras, pero nunca se encontraron con Dios.
Como consecuencia, se extraviaron (Planasthe).
Si queremos librarnos de esta ignorancia espiritual, debemos acercarnos a las Escrituras no para demostrar cuánto sabemos, sino para postrarnos humildemente y escuchar la voz viva de Dios. Asimismo, necesitamos una fe que confíe plenamente en el poder sobrenatural de Dios, un poder que obra mucho más allá de los límites de nuestra razón y de nuestra experiencia (Internet).
(4) En cuarto lugar, Quisiera recibir la enseñanza que Jesús nos da al meditar en sus palabras: «Los que sean tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos» (οἱ δὲ καταξιωθέντες τοῦ αἰῶνος ἐκείνου τυχεῖν καὶ τῆς ἀναστάσεως τῆς ἐκ νεκρῶν; hoi de kataxiōthentes tou aiōnos ekeinou tychein kai tēs anastaseōs tēs ek nekrōn) (Lc 20:35).
(a) En primer lugar, Jesús establece un contraste entre «aquel siglo» (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου; tou aiōnos ekeinou) (v. 35) y «los hijos de este siglo» (οἱ υἱοὶ τοῦ αἰῶνος τούτου; hoi huioi tou aiōnos toutou) (v. 34). ¿Cuál es el significado de este contraste?
1. Análisis del concepto griego: dos «eones» (aiōn), dos edades
En la Biblia, la palabra griega αἰών (aiōn), traducida como «siglo» o «mundo», no se refiere simplemente al universo físico (kosmos), sino a una determinada era, una época o un orden espiritual que existe dentro del transcurso de la historia.
Así, Jesús emplea aquí una de las ideas centrales de la literatura apocalíptica judía: la doctrina de las dos edades, para contrastar las dos dimensiones en las que vive el creyente.
Este siglo (τοῦ αἰῶνος τούτου; tou aiōnos toutou)
Significado: La era presente en la que vivimos ahora.
Características: Está gobernada por la ley del pecado y de la muerte. Está marcada por la debilidad, la limitación y la corrupción. Debido a la existencia de la muerte, el ser humano vive sujeto al orden propio de esta vida —como el matrimonio— para preservar la continuidad de la raza humana.
Aquel siglo (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου; tou aiōnos ekeinou)
Significado: La era venidera, es decir, el reino de Dios plenamente consumado.
Características: Es el mundo espiritual y eterno que será consumado mediante la resurrección de Jesucristo y su segunda venida. Allí ya no habrá muerte ni corrupción. Por ello, las instituciones materiales y físicas propias de este mundo —como el matrimonio— dejarán de ser necesarias. Será un orden de existencia completamente nuevo.
2. La enseñanza del contraste entre «los hijos de este siglo» y «los que son dignos de aquel siglo»
① Un contraste de pertenencia y de valores
«Los hijos de este siglo» son quienes viven como si el orden y los valores de este mundo fueran la única realidad. Los saduceos pertenecían precisamente a esta categoría. Como no podían ver la realidad eterna de aquel siglo, intentaron interpretar incluso el mundo de la resurrección dentro de los límites del matrimonio terrenal, representado por el caso de los siete hermanos y una sola mujer. El creyente, en cambio, aunque vive ahora en este siglo, pertenece en última instancia a aquel siglo.
② Un contraste de propósito y prioridades en la vida
Los hijos de este siglo ponen toda su esperanza en los logros, las posesiones y las relaciones físicas de esta vida, como el matrimonio. ¿Por qué? Porque piensan que todo termina con la muerte o consideran que esta vida constituye la realidad definitiva. Pero quienes viven mirando la vida del siglo venidero no confunden las cosas temporales con las eternas. Saben que instituciones como el matrimonio y los bienes materiales son dones temporales que Dios ha concedido para cumplir sus propósitos en esta vida. Por ello, no se aferran a ellas ni las convierten en ídolos, sino que buscan los valores eternos del reino de Dios.
③ Un contraste de esperanza y de consuelo
Este mundo está dominado por el llanto, la separación, la enfermedad y la muerte. La tragedia presentada por los saduceos —los siete hermanos que murieron sin dejar descendencia— refleja precisamente la dolorosa realidad de este siglo. Pero Jesús dirige la mirada de los creyentes hacia aquel siglo. Allí ya no existirá la muerte; seremos semejantes a los ángeles y disfrutaremos para siempre de la gloria como hijos de Dios. Por eso, incluso en medio de los sufrimientos y de las carencias de esta vida, los creyentes poseen una esperanza segura que les impide caer en la desesperación.
3. Conclusión de la meditación
El contraste que establece Jesús nos plantea una pregunta muy personal: «¿Estás viviendo como hijo de este siglo, o vives con la esperanza puesta en aquel siglo?»
Si queremos evitar limitar el poder de Dios, como hicieron los saduceos al quedar encerrados en los estrechos límites de la razón y del sentido común humanos, debemos levantar nuestra mirada y contemplar, con fe, la gloria y el orden eterno de «aquel siglo» (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου) que Jesús proclamó (Internet).
(i) Entonces, ¿qué significa “la gloria y el orden del eterno ‘mundo venidero’ (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου) proclamado por Jesús”?
La gloria y el orden del “mundo venidero” (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου) proclamado por Jesús no consisten simplemente en una prolongación de esta vida presente ni en una versión un poco mejor de ella. Se trata de un mundo de una dimensión completamente nueva, donde el gobierno espiritual de Dios se realiza plenamente, libre por completo de las limitaciones físicas de esta tierra dominada por el pecado y la muerte. Basándose en lo que Jesús mismo reveló en el pasaje de hoy (Lucas 20:35–36), la inteligencia artificial resume esa gloria y ese orden en tres aspectos (Internet):
a. La “gloria de la inmortalidad”, sobre la cual la muerte ya no tiene poder (v. 36): “Porque ya no pueden morir.”
El orden de este mundo: La realidad más poderosa y más triste de este mundo es la muerte. Incluso la historia de los siete hermanos y una sola mujer, mencionada por los saduceos, fue una tragedia provocada por la muerte. Todos los seres humanos en esta tierra envejecen, enferman y finalmente se inclinan ante la muerte.
La gloria del mundo venidero: El mundo venidero proclamado por Jesús es un lugar donde el mismo orden de la muerte ha sido abolido. Los creyentes revestidos de un cuerpo resucitado nunca más sufrirán enfermedades, deterioro, accidentes ni el temor a la muerte. Vivirán eternamente en una condición incorruptible, llenos de una vida gloriosa. Esta es la mayor gloria del mundo venidero.
b. El “orden de las relaciones espirituales” que trasciende la unión física (v. 35): “Ni se casarán ni se darán en casamiento.”
El orden de este mundo: El matrimonio y la familia en esta tierra son instituciones hermosas que Dios estableció para preservar la raza humana y para que los seres humanos, frágiles por naturaleza, puedan ayudarse mutuamente. Sin embargo, el matrimonio en este mundo también implica posesión, exclusividad y limitaciones físicas.
El orden del mundo venidero: En el mundo de la resurrección ya no habrá necesidad de procrear para preservar la humanidad; por lo tanto, la institución del matrimonio terrenal habrá cumplido su propósito y desaparecerá. En su lugar, todos los creyentes alcanzarán la unión espiritual más perfecta y pura en Dios. Más allá del amor limitado entre dos personas, todos los redimidos disfrutarán de una perfecta comunión de amor entre sí y con el Dios trino. Así se establecerá el orden comunitario más elevado.
c. La “gloria de ser hijos de Dios” contemplándolo cara a cara (v. 36):
“Pues son iguales a los ángeles y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.”
Iguales a los ángeles [ἰσάγγελοι (isangeloi)]: Esto no significa que los creyentes se conviertan en ángeles. Significa que compartirán el estado y la dignidad espirituales de los ángeles: ya no estarán sujetos a las limitaciones del tiempo y del espacio, contemplarán la gloria de Dios sin impedimento alguno y lo adorarán con gozo día y noche.
Hijos de Dios (υἱοί εἰσιν τοῦ θεοῦ): Mediante la resurrección, recibiremos la gloria de ver plenamente manifestada nuestra identidad como hijos de Dios. La autoridad filial, que en esta tierra permanece oculta en medio del sufrimiento, será revelada en el mundo venidero, donde, como un real sacerdocio, heredaremos y disfrutaremos de toda la riqueza del Reino de Dios.
Conclusión de la meditación: La enseñanza para nosotros hoy
Los saduceos no pudieron contemplar la gloria eterna del mundo venidero; por eso intentaron interpretar incluso la realidad futura según el limitado orden matrimonial de esta tierra, preguntando: “¿De cuál de ellos será esposa?”
La gloria y el orden del mundo venidero que Jesús nos muestra nos llevan a desprendernos del apego a este mundo. Nos hacen comprender que las riquezas, el éxito e incluso las relaciones humanas no son eternas. Nosotros no somos personas que apuestan su vida al orden de este mundo que pronto desaparecerá; más bien, somos personas que perseveramos hoy por la fe, poniendo nuestra esperanza en aquel mundo, donde ya no habrá muerte, donde reinará el amor perfecto y donde disfrutaremos de la gloria como hijos de Dios.
(5) Finalmente, en quinto lugar, quisiera meditar en las palabras de Jesús:
«Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven» [θεὸς δὲ οὐκ ἔστιν νεκρῶν ἀλλὰ ζώντων· πάντες γὰρ αὐτῷ ζῶσιν (Theòs dè ouk estin nekrôn allà zóntōn; pántes gàr autō̂ zōsin)] (Lucas 20:38). ¿Cuál es el significado de estas palabras y qué enseñanza nos dejan?
1. Análisis del significado central del pasaje
① «Dios de los vivos» (θεὸς ζώντων)
Jesús citó el Pentateuco (Éxodo 3), la parte de las Escrituras que los saduceos consideraban de máxima autoridad. Cuando Dios se reveló a Moisés, habló de los patriarcas que habían dejado este mundo siglos antes diciendo: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob», utilizando el tiempo presente.
Si Abraham, Isaac y Jacob hubieran muerto y dejado de existir por completo, Dios sería, contradictoriamente, el Dios de cadáveres. Pero como Dios es el Dios viviente, Jesús proclamó poderosamente que quienes han entrado en pacto con Él siguen viviendo en la dimensión de Dios.
② «Porque para Él todos viven» (πάντες γὰρ αὐτῷ ζῶσιν)
αὐτῷ (autō) significa «para Él» o «desde Su perspectiva».
Significado: Desde la perspectiva humana —la perspectiva de este mundo— Abraham, Isaac y Jacob son personas muertas, sepultadas en sus tumbas. Sin embargo, desde la perspectiva de Dios —la perspectiva del mundo venidero— y dentro de Su reino soberano, ellos continúan viviendo. Para el Dios eterno, que trasciende el tiempo y el espacio, tanto los que murieron en el pasado como los que viven hoy y los que aún nacerán están plenamente vivos delante de Él.
2. Tres enseñanzas espirituales que este pasaje nos ofrece hoy
① Un cambio en la perspectiva del creyente acerca de la muerte (La muerte no es el final)
Para el cristiano, la muerte física no significa la aniquilación del ser ni el final definitivo. Es simplemente el paso del orden de «este siglo» (τοῦ αἰῶνος τούτου) al orden eterno de «aquel siglo» (τοῦ αἰῶνος ἐκείνου).
Por ello, cuando pensamos en los creyentes fieles que ya han partido físicamente, no debemos considerarlos como personas que han desaparecido, sino como personas que siguen vivas en Dios.
Esta verdad ofrece a quienes han despedido a seres queridos en la fe el consuelo más profundo y la esperanza segura de la resurrección, una esperanza que el mundo no puede ofrecer.
② La fidelidad del pacto eterno (Dios jamás olvida)
La razón por la que Dios dice: «Yo soy el Dios de Abraham» es que el pacto que hizo con él continúa vigente.
Dios jamás olvida a quienes confiaron en Él durante su vida terrenal. Incluso después de la muerte, conserva vivas sus almas en Su presencia.
Cada lágrima derramada por Dios, cada acto de servicio y cada muestra de fidelidad permanecen vivos para siempre y son recordados por Él.
③ La responsabilidad de vivir hoy Coram Deo («delante de Dios»)
La expresión «para Él todos viven» significa que, incluso en este preciso momento, vivimos en una relación continua con el Dios eternamente vivo.
Quienes, como los saduceos, no creen en la resurrección ni en la vida venidera viven únicamente para los deseos de la carne y los privilegios de este mundo.
En cambio, el creyente que sabe que está vivo delante de Dios vive cada día consciente de que Dios contempla con ojos como llama de fuego sus palabras, sus acciones y las intenciones de su corazón. Por ello procura vivir santamente, orientando toda su vida hacia los valores eternos.
Conclusión de la meditación:
Los saduceos redujeron a Dios a un simple Dios de la historia que recuerda a personajes del pasado. Pero Jesús les reveló que Dios es el Dios viviente, que aún hoy sigue en comunión con ellos y sostiene sus vidas.
El Dios en quien creemos no es el Dios de una religión muerta ni un Dios encerrado en las letras de un libro. Es el Dios vivo que continúa actuando poderosamente en nuestra vida. Cuando creemos que también nosotros vivimos eternamente en Él, podemos vencer la desesperación de este mundo y el temor a la muerte. (Internet)
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